Xavier Moret es escritor y viajero. Ha escrito numerosas novelas negras protagonizadas por el detective Max Riera, su álter ego literario. Su última obra es Formentera Blues (ed. Empúries), en la que narra un viaje de Riera a Formentera para investigar un asesinato producido hace más de 40 años.

Max Riera es un nostálgico del movimiento hippy. ¿Xavier Moret, también?

En cierta manera. Max Riera es amigo mío, y compartimos algunas opiniones. El mundo hippy soñó un mundo mejor y yo lo admiro por eso. En buena parte creo que fue un movimiento positivo, y algunos de sus efectos todavía se notan.

Xavier Moret Periodista - Sergi Alcàzar

El mundo hippy soñó un mundo mejor y yo lo admiro por eso

Max Riera estuvo en Formentera en los años 1970; ¿Xavier Moret fue, también?

Sí, saqué la cabeza por ahí. Pero no fui como Riera, que pasó allí un tiempo largo. Yo llegué en 1971, con 19 años. Con unos amigos estábamos en Eivissa i fuimos a ver Formentera, porque todo el mundo hablaba de ella. No lo viví intensamente, sino que, digamos, fui de oyente. Y me impresionó tanto que en 1972 me fui a Copenhague y a Suecia e hice la mili hippy, que era lo que tocaba. También quise ir a Afganistán, pero no llegué a entrar, porque me cerraron una frontera y me quedé en las islas de Grecia, que tampoco estaba nada mal.

¿Qué fue Formentera para el movimiento hippy catalán?

Era La Meca, uno de los epicentros del movimiento hippy. En aquellos tiempos no funcionaban las redes sociales, pero el boca a boca te decía que tenías que ir a Formentera, que aquello era el paraíso, que podías bañarte en pelotas en unas playas paradisiacas, hacer el amor libre.... Era el punto inicial para el hippy catalán, pero había otros, como Copenhague, o Creta...

El movimiento hippy fue la base del turismo de masas

¿Cómo veían en Formentera a los "peludos", como les llamaban los isleños?

Eso me ha interesado mucho; he hablado con gente de allí, y me he documentado con reportajes. La gente de Formentera vivía una vida antigua... Era una isla obligada que de repente fue señalada desde fuera como el paraíso, una cosa que ellos no entendían. Los formenteranos y los hippys no se llegaban a mezclar: sólo se encontraban en la Fonda Pepe. Había una mirada de desconfianza de los formentanos hacia los "peludos", que a la larga se convirtió en una mirada de "aquí podemos sacar dinero"... Fue la base del turismo de masas. Eso llevó a los motorinos de los italianos que convierten Formentera en una locura en los meses de verano.

Su novela es, también, la banda sonora de un momento. ¿Qué papel juega la música en el relato?

En aquellos momentos en el movimiento hippy o contracultural la música y los viajes jugaban un papel clave. No era tan fácil compartir la música como ahora, con Spotify... Había gente que traía un vinilo de Londres y era todo un ritual compartirlo. Para una novela como esta, me ha parecido que la música era indispensable; hacía falta para explicar una época. La música estaba estrechamente vinculada a la gente de aquella generación.

Pau Riba ocupa un lugar central en Formentera Blues...

Evidentemente. Pau Riba vivió en Formentera y grabó un disco allí en que algunos temas hablaban de la isla. Y es un prototipo del mundo hippy catalán. En mi novela no quería centrarme sólo en el mundo anglosajón, y si piensas en la Formentera hippy de los setenta tienes que pensar en Pau Riba. De todas formas, yo cito canciones de muchos otros músicos, en la novela...

Xavier Moret Periodista - Sergi Alcàzar

Todavía quedan cosas, del movimiento hippy, pero el poder ha seguido siendo el que era

La novela pasea por los escenarios del movimiento hippy europeo: Christiania, en Dinamarca, Creta, la plaza Real... ¿Queda alguna cosa de eso?

Sí que quedan cosas. Pero la revolución hippy fue más social que política. No aspiraba a tomar el poder, aspiraba a vivir de una forma diferente a cómo vivían nuestros padres. Y algunas de estas cosas se han conseguido. Si ves las fotos de la Universitat de Barcelona a principios de los años 1960, ves que los estudiantes iban con corbata, y a partir de los hippys la cosa cambia completamente. En el mundo contracultural queda un sustrato hippy. Pero el poder ha seguido siendo el que era.

Y en Formentera, ¿qué queda de todo aquello?

Quedan las playas, que son maravillosas. Lo que pasa es que en temporada alta el turismo de masas ha desvirtuado la isla un poco. Porque, como dice Paul Theroux, hoy en día cualquier sitio que coja la fama de ser un paraíso, se convertirá en un infierno, porque llegará demasiada gente. Pero en Formentera, el escenario es maravilloso. Y el hecho de que no tenga aeropuerto es un buen elemento, porque dificulta un poco llegar. Es una barrera... Además, a las islas se tiene que llegar en barco.

El viaje era, básicamente, un viaje para buscarte a ti mismo

En algún punto de la novela Max Riera apunta que los hippys más hippys de todos se van más allá de Formentera, hacia la India, hacia nuevos escenarios. ¿Era así?

La mili hippy de la época era ir a Afganistán, India, Nepal... Ibas a buscar una conexión espiritual, porque el viaje era, básicamente, un viaje para buscarte a ti mismo. Pero Formentera era una etapa inicial importante ,com pasar por Amsterdam o por Creta. Era el primer paso, el primer curso de vida hippy.

¿Este fue su recorrido?

Sí. Yo después de pasar por Formentera, fui a Amsterdam, a Copenhague, a Estocolmo... Y después quise ir a Afganistán, pero como no pude, me quedé en las islas griegas, que también están muy bien. A partir de aquí el virus del viaje ya lo tenía inoculado, y después fui por Asia y África... Y sigo viajando, porque viajando, por una parte, aprendes cosas de ti mismo, pero por otra parte, también te encuentras con "el otro", que te explica cosas nuevas...

En Occidente necesitamos lecciones de vida de los otros, de los africanos, de los asiáticos... Estamos estropeaditos

En sus viajes por Asia, ¿se impregnó de budismo?

Eso no es mi fuerte... En la época me había interesado el budismo; yo había leído las obras de Alan Watts, había leído el Siddhartha de Hermann Hesse... Yo, la mística budista la he buscado, pero no he entrado en ella. Los hippys de California viajaban al Oriente buscando una iluminación, pero yo no lo he hecho. Tengo amigos que han quedado colgados con eso y me da un poco de miedo. Y a pesar de todo, creo que en Occidente necesitamos lecciones de vida de los otros, de los africanos, de los asiáticos... Estamos estropeadillos.

Xavier Moret Periodista - Sergi Alcàzar

Desde que Paulo Coelho se proclama hippy, ya no sé qué pensar

Buena parte de los que hoy nos gobiernan (bien o mal) se reclaman, también, herederos del movimiento hippy...

Yo creo que en todo caso serán los que desistieron del hippismo. Quizás coquetearon con él en cierta medida, pero desistieron... Los hippys no aspiraban al poder, y los que buscaron el poder le dieron la vuelta al planteamiento inicial. Hay gente que nos gobierna que aprendió cuatro cosas de los hippys, pero que después se han dedicado a cosas muy diferentes. Desde que Paulo Coelho se proclama hippy y ha escrito un libro que se titula Hippie, ya no sé qué pensar. No es mi modelo de hippy.

¿"El dinero no importa", como decían los hippys formenteranos en los años 1970?

Eso es verdad cuando los tienes. Lo podías decir cuando vivías en un grupo solidario, bañándote en la playa en pelotas... Nosotros veníamos de una generación que pensaba que cuando salías de la universidad tenías que buscar un trabajo para toda la vida y dedicarte sólo a acumular dinero. Y los hippys rompían con esta fórmula de antes. Trastocaron estos principios y dijeron que el dinero no era el número 1 en la vida. Y eso hace que ahora vivamos, de alguna manera, de una forma diferente a cómo se vivía antes. Pero el movimiento hippy no triunfó al 100%.

Hay quien dice que en Catalunya siempre hubo más hippiosos que verdaderos hippys.

Es probable. Había más hippiosos que hippys, porque ser hippy pedía una militancia muy fuerte, olvidarte de los orígenes, tirar millas... Había mucha gente que coqueteaba con el hippismo, que pasaba por él por temporadas, pero que no se comprometía en firme.

Cuando vuelves a un paraíso perdido nunca nadie te asegura que todo está igual

En Formentera Blues se nos muestra una isla que era mucho menos utópica de lo que parecía, ¿no?

La novela está protagonizada por mi álter ego alternativo, hippioso, Max Riera, que es contratado en un caso que lo transporta 40 años atrás, y lo lleva hacia una sociedad que tenía idealizada... Pero cuando la ve desde el presente, encuentra que los paraísos destiñen. Cuando vuelves a un paraíso perdido nunca nadie te asegura que todo estará igual. Tú que has mitificado un momento de la historia te encuentras con otro que quizás no tiene nada que ver con él. Y la vida hippy tuvo componentes negativos: el uso de las drogas, que fue a más y que se llevó a mucha gente, y el sida, que provocó un desastre...

¿Ha vuelto a Formentera últimamente?

Voy cada año. El escenario es el mismo, a excepción de algunas chapuzas urbanísticas. Voy fuera de temporada y encuentro la desconexión que se encuentra en las islas pequeñas... Eso todavía es posible. En Formentera te quedas embelesado con un paisaje maravilloso.

¿Fue al Canet Rock? ¿Ha tenido alguna tentación de ir al nuevo Canet Rock?

Fui al viejo, al que tocaba. Ahora les tocaría ir a otros. Pero ayer todavía fui a un concierto de Pau Riba, en Banyoles. Es un compañero de generación que te ayuda a ver cómo has evolucionado tú mientras lo ves a él.

Xavier Moret Periodista - Sergi Alcàzar

El gran pecado de las utopías es que si algún día llegas a concretarlas quizás no es lo que habrías soñado

¿Todavía vive como un hippy?

No he retornado al mundo hippy, pero aplico a mi vida un componente hippy. Yo ya no vivo en Barcelona, vivo en una masía en el Pla de l'Estany... Y eso lo he hecho por influencia del movimiento hippy. Todavía ahora tengo un sentimiento de ir a contracorriente: hay cosas del movimiento hippy que quedan. Pero no militaré en el hippismo a fondo: no quemaré el dinero ni nada así. No haré como el loco de la película Into the Wild (aquí traducida como en Hacia tierras salvajes), que se va a la naturaleza idílica y acaba muriéndose de hambre. Está muy bien idealizar las cosas, pero también hay que tener los pies anclados en el suelo. El gran pecado de las utopías es que si algún día llegas a concretarlas quizás no es lo que habrías soñado.

¿Queda algún paraíso hippy?

Sí que queda alguno, pero no los hacemos públicos. Quedan, pero no coinciden con los prospectos de las agencias de viajes, porque las agencias crean paraísos artificiales, que se basan en la publicidad y que cuando llega el turismo de viajes se desvirtúan. Pero hay otros lugares donde todavía puedes recuperar la facilidad viviendo en contacto con la naturaleza.

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