El scot —el escocés no gaélico—; de lengua de cancillería a dialecto tabernario

Edimburgo (Reino de Escocia). Bodega de una taberna de High Street (actualmente Royal Mile), 17 de enero de 1707. Hace 319 años. 177 de los 300 diputados del Parlament de Escocia, que escapando de la rabia popular se habían ocultado en la bodega de una taberna, votaban a favor del Acta de Unión anglo-escocesa. Aquel mugriento espectáculo sería la última sesión de una cámara centenaria, que había perdido todo el prestigio acumulado durante siglos de historia, y que no se recuperaría y reabriría hasta pasados 292 años (12 de mayo de 1999). Para conocer los detalles puede consultar el reportaje “El padre de Robinson Crusoe en la unión anglo-escocesa y la guerra de los catalanes”.

Mapa de les llengues que es parlaven a Escòcia cap a l'any 1000. Font Universitat d'Edimburg (1)
Mapa de las lenguas que se hablaban en Escocia hacia el año 1000 / Fuente: Universidad de Edimburgo

Con el Acta de Unión, Escocia no solo perdió su cancillería y su Cámara de Representantes (que pasaban a ser unificadas con las de Inglaterra en Londres). O su ejército, que fue abocado a las United Kingdom Armed Forces como simples regimientos escoceses. En aquel acto, el scot, el escocés de raíz germánica que, hasta entonces, había sido la lengua del poder (de la corte y de la cancillería), de la cultura (de la literatura y de la ciencia) y de la religión (de la liturgia de la Iglesia Nacional de Escocia), iniciaría un camino que lo conduciría al desprestigio y a la minorización. ¿Por qué el scot pasó de lengua de cancillería a dialecto tabernario?

Una Escocia dividida

Antes de explicar qué es el scot y cuál es su origen, es importante destacar que no tiene nada que ver con el gaélico escocés. Durante la baja Edad Media, la sociedad escocesa estuvo dividida en dos comunidades lingüísticas. Al norte y al oeste (las Highlands —Tierras Altas— y las islas Hébridas), la lengua de uso habitual fue el escocés gaélico, un sistema del tronco de las lenguas celtas. Y al sur (las Lowlands —Tierras Bajas— y los Scottish Borders —la región que limita con Inglaterra—), la lengua de aquella sociedad fue el scot, un sistema del tronco germánico, emparentado con el inglés, el frisón, el danés y el resto de lenguas escandinavas.

Armes de Nothumberland. Font Civil Heraldry of England
Armas de Northumberland / Fuente: Civil Heraldry of England

¿Cuál es el origen del scot?

Con el colapso del estado romano (siglo V) se redibujó el mapa del continente europeo, que también afectó a la isla británica. La desaparición de las guarniciones romanas (formadas por indígenas británicos y que fueron activas hasta más allá del colapso del estado) impulsaría las invasiones germánicas de la isla. A mediados del siglo VI, varias oleadas de la nación germánica de los angeln, procedentes del sur de la península de Jutlandia (actual land alemán de Schleswig-Holstein) se establecieron a caballo de las futuras Inglaterra y Escocia, minorizaron la población indígena y crearon el reino de Northumbria.

El origen de la dualidad lingüística de Escocia

Los angeln (que nosotros conocemos con el nombre latinizado "anglos" y que darían nombre a Inglaterra) se proyectaron hacia el norte. Pero fueron detenidos y derrotados por la nación indígena de los caledonios (que nosotros conocemos con el nombre latinizado "pictos") en Dunnichen (al norte de Edimburgo). La derrota "angeln" en los prados de la Escocia media (685) estabilizaría, durante siglos (VI a X), la frontera entre la Northumbria germánica y las naciones celtas del norte y confirmaría la dualidad política, cultural y lingüística del territorio. La mitad sur de Escocia quedaría como el extremo más septentrional del reino germánico de Northumbria. Sería germanizada y llamada Lothian.

Mapa de la Gran Bretaña después de la Acta de Unión (siglo XVIII). Fuente: Institut Cartografic de Catalunya (1)
Mapa de la Gran Bretaña después de la Acta de Unión (siglo XVIII). Fuente: Institut Cartogràfic de Catalunya

La unificación política de Escocia

La clara división étnica, cultural y lingüística de las dos Escocias no impediría la unificación política. Las dos naciones célticas del norte (Caledonia y Dal Riata) se unificarían (843) para hacer frente a la amenaza vikinga (establecimientos coloniales en la costa norte) y crearían el reino de Alba, embrión y matriz de la futura Escocia. Al mismo tiempo, el reino germánico de Northumbria se sumergía en una crisis que culminaría con su desaparición. En el año 954, en plena descomposición de aquel reino germánico, la nación céltica de Alba, liderada por el rey Indulf, conquistaría la región de Lothian y establecería la nueva capital en Perth, en el centro del antiguo dominio germánico.

La irremediable fractura cultural y lingüística

No obstante, los celtas del reino de Alba nunca tuvieron recursos demográficos suficientes para provocar un nuevo giro del paisaje lingüístico de Lothian. Con la conquista normanda de Inglaterra (1066) se produciría un éxodo del sur hacia el norte (anglos, sajones y vikingos) que intensificaría el dominio lingüístico y cultural germánico sobre Lothian. Y la consecuencia sería que el scot de Edimburgo, de Glasgow, de Perth, de Stirling, de Saint Andrew o de Dundee —los grandes centros urbanos del país en la época y, por lo tanto, la lengua mayoritaria de aquella nueva Escocia— se convertiría en la lengua del nuevo poder.

Mapa de Escocia antes del Acta de Unión. Fuente Council of Edimburgo
Mapa de Escocia antes del Acta de Unión. Fuente: Council of Edimburgo

El mugriento papel de la agradecida burguesía escocesa

La estirpe real que había unificado Escocia era de origen céltico (la estirpe Alpin). Pero la lengua del poder y de la parte más dinámica de la sociedad sería el scot. Durante siete siglos. Hasta que en 1707, en aquella mugrienta bodega de High Street, un grupo de supuestos representantes del pueblo escocés votarían el Acta de Unión. La desaparición del poder y del foco de ciencia y cultura que gravitaba a su alrededor (desplazados en masa a Londres) y el mugriento papel de aquella agradecida burguesía urbana de Edimburgo y de Glasgow, que se pasó en masa a la lengua inglesa después del rescate económico de Londres para sufragar el fracasado proyecto colonial privado escocés de Panamá, sería decisivo.

El mugriento papel de las jerarquías eclesiásticas

Pero si el papel de la burguesía escocesa —hasta entonces, como la de cualquier sociedad europea de la época, la financiera de la producción científica, cultural y artística— fue mugriento, el de las jerarquías de la Iglesia Nacional de Escocia (reformista presbiteriana), aún lo fue más. No solo impondría el inglés en la liturgia (en el sermón, en la oración y en los sacramentos), sino que sería un instrumento destacado de la política de persecución y proscripción del scot en la escuela. Un siglo después del Acta de Unión, el scot —la lengua del poder, de la cultura, de la ciencia, de las artes y de la religión en la Escocia medieval y moderna— había quedado reducido a un simple dialecto tabernario. Tomemos nota.