Paternoster Row, Londres, 25 de abril de 1719. Hace 307 años. El editor y librero William Tayler publicaba la primera edición de Las aventuras de Robinson Crusoe, obra del comerciante, viajero, político, espía y escritor Daniel Defoe. Las aventuras de Robinson Crusoe es el relato de las vivencias de un personaje de ficción que naufragaría y que tendría que superar, casi en solitario, las múltiples dificultades para sobrevivir en una isla desierta. Robinson Crusoe, que podría estar inspirada en la historia verídica del marinero y náufrago escocés del siglo XVII Alexander Selkirk, además de ser considerada la auténtica primera novela de la literatura inglesa, es una de las obras más conocidas y leídas de la creación literaria universal.
En cambio, la figura de Daniel Defoe, el autor, es menos conocida, a pesar de que tuvo una agitada existencia durante la cual jugaría un papel muy destacado en la política y en el espionaje de su época. Sobre todo en las negociaciones para la unión de Inglaterra y Escocia, después de la quiebra del proyecto colonial escocés en el istmo de Panamá (1702-1707), y en el mantenimiento de la alianza entre Inglaterra y Catalunya, durante la guerra de Sucesión hispánica (1705-1713). Defoe, "el espía al servicio de S.M. la reina Ana I", sería el precedente más remoto de la figura cinematográfica contemporánea James Bond, y el nexo que, al alba de la edad moderna, uniría los vértices del triángulo formado por Inglaterra, Escocia y Catalunya.
¿Cuál era el escenario político en Inglaterra cuando se inician las negociaciones de la unión con Escocia?
El 8 de mayo de 1702, se produjo un cambio muy significativo en el gobierno inglés. La reina Ana I —coronada dos meses antes— destituía al primer ministro Charles Howard, del Partido Liberal —los llamados whigs—, por sus implicaciones personales —y las extraordinarias ganancias que habría obtenido— con la turbia actividad de la piratería. Y lo relevaba por Sidney Godolphin, del Partido Conservador —los llamados tories—, un personaje con una reputación no mucho mejor que la de su antecesor (había estado involucrado en una trama que le habría reportado grandes beneficios a título personal y que pretendía transformar Inglaterra en una monarquía absolutista y subordinada a Francia), pero que era considerado el mejor especialista en finanzas del Reino.
La reina Ana I y el gobierno de Godolphin encaraban las negociaciones de la unión de Inglaterra y Escocia con la devastadora crisis económica escocesa como telón de fondo, provocada por la quiebra de la Company of Scotland Trading (1698-1702), que había arrastrado a la ruina la práctica totalidad de las clases terratenientes y mercantiles del país (véase el reportaje "¿Por qué Escocia acabó entre las garras de Inglaterra?"). Vencer la resistencia escocesa al proyecto de unión —cuando menos la de las clases más perjudicadas por aquella crisis— implicaba poner un mínimo de 400.000 libras esterlinas encima de la mesa (el equivalente actual a unos 400 millones de euros) para rescatar la economía escocesa.
¿Cuál fue el papel de Defoe en las negociaciones de la unión angloescocesa?
Godolphin y Defoe tenían una larga relación que se remontaba a la época de la llamada Revolución Gloriosa (1688), que tuvo como resultado el triunfo del Parlamento sobre la ambición absolutista del rey Jacobo II. Pero la aparición en escena de Defoe no se produciría hasta que Robert Harley, secretario de Godolphin, lo excarceló (septiembre de 1706). Defoe llevaba tres años cumpliendo condena (julio de 1703) por la publicación de panfletos que satirizaban el gobierno tory. Harley lo rescataría de la prisión a cambio de que se pusiera al servicio del gobierno. Defoe sería enviado a Edimburgo como espía (septiembre de 1706) para informar a Londres sobre el posicionamiento —y la evolución— de los miembros más destacados del Parlamento escocés con relación a la oferta de rescate inglesa.

Defoe, de popular panfletista a discreto espía
Los espías nunca han jugado un papel épico. La obligada discreción de su tarea les niega la condición de héroes. Y eso es lo que le pasó a Defoe. No solo por la naturaleza de su misión, sino por la forma y el lugar donde culminó. El 16 de enero de 1707, después de múltiples protestas del pueblo llano escocés contra las políticas anexionistas inglesas, el Parlamento de Edimburgo se disponía a votar afirmativamente o no la propuesta inglesa y pretendió escenificar su fuerza y su legitimidad convocando una procesión formada por sus trescientos miembros que recorrería High Street (actualmente Royal Mile), desde el palacio real de Holyrood hasta Parliament House (detrás de la catedral de Sant Gil).
¿Cómo acabó la gestión de Defoe en Edimburgo?
El pueblo llano interpretaría aquella demostración como una provocación y atacaría el séquito parlamentario. Con los primeros golpes de piedra se rompió el orden de la procesión y los parlamentarios corrieron a refugiarse. Solo lo consiguieron 177 de los 300, pero, aun así, la votación se llevaría a cabo. No en la solemne Casa del Parlamento, sino en un sórdido sótano dominado por el imperio de las ratas y convertido en refugio de aquellos atemorizados parlamentarios. Defoe sería testigo de lujo de la votación más impensada de la milenaria historia de Escocia: la del Acta de Unión. En aquella bochornosa votación, los partidarios de la unión (en definitiva, del rescate económico inglés) se impondrían por 110 a 67. De esta forma tan poco edificante culminaba aquella triste historia.

A pesar del éxito en Escocia, cae Godolphin
El 10 de agosto de 1710, la reina Ana I destituía fulminantemente a Godolphin y nombraba, en su lugar, a su secretario Harley. Su exitosa gestión en la unión angloescocesa (1707) se había visto empañada por el incontrolado gasto causado por la participación de Inglaterra en la guerra de Sucesión hispánica. Precisamente, el nombramiento de Harley, que lideraba a los partidarios de una salida negociada del conflicto, respondía a este cambio de política. El mismo Harley lideraría la representación inglesa en las negociaciones de Utrecht (1713), que tendrían como resultado la salida inglesa del conflicto a cambio de importantes compensaciones económicas y territoriales. Y a cambio de abandonar a los catalanes a su suerte (Conveni de l'Hospitalet, 22 de junio de 1713).

¿Y qué relación tendría Defoe con Catalunya?
El abandono de los catalanes, que continuarían luchando —en solitario— contra Francia y España (1713-1714), provocaría una extraordinaria reacción de admiración en toda Europa. Y de reproche a Inglaterra. El Pacto de Génova, firmado por el gobierno inglés y por el mayoritario partido austracista catalán (junio de 1705) y que se había traducido en el ingreso de Catalunya en el conflicto y en su reconocimiento internacional como sujeto político de pleno derecho, había sido violado en Utrecht. Y Defoe fue una de las voces más críticas con aquel posicionamiento inglés. Sería uno de los redactores de The deplorable history of the catalans (1714), un opúsculo que narraba la brutal ocupación francocastellana, la heroica resistencia de los catalanes y el censurable papel de Inglaterra.
