Madrid, 24 de enero de 1941. Hace 85 años. El Consejo de Ministros del segundo Gobierno de Franco aprobaba la creación del organismo público RENFE —acrónimo de Red Nacional de Ferrocarriles Españoles— y la nacionalización de la red, las instalaciones, la maquinaria y los servicios ferroviarios españoles formados por más de 12.000 kilómetros de vías, 1.000 estaciones, 4.000 locomotoras y 100.000 vagones. El régimen nacionalcatólico franquista justificaría aquella usurpación —que desde la Guerra Civil ya se aplicaba en las zonas controladas por la rebelión militar (1938-1939)— por la necesidad de recuperar las infraestructuras ferroviarias echadas a perder durante la guerra. Pero, realmente, ¿por qué el régimen de Franco confiscó las empresas ferroviarias y creó la Renfe? ¿Renfe es una reliquia del franquismo que ha trascendido en el tiempo?

¿Por qué el régimen de Franco nacionalizó los ferrocarriles?
Los regímenes totalitarios siempre han tenido una obsesión enfermiza por el control de las comunicaciones. El régimen dictatorial que precedió al de Franco —dirigido por el general Primo de Rivera ¡¡¡y el rey Alfonso XIII!!! (1923-1930)— nacionalizó las telecomunicaciones: confiscó las operadoras privadas (las más importantes eran las catalanas Compañía Peninsular de Teléfonos y Compañía Telefónica del Vallés) y creó el monopolio de la Compañía Telefónica Nacional de España. Primo de Rivera y Alfonso XIII también nacionalizarían y concentrarían el negocio de refinamiento y distribución de hidrocarburos (combustibles para los vehículos de motor) en las empresas públicas monopolistas Campsa y Cepsa, creadas a propósito. Y una década después, el régimen dictatorial de Franco haría lo mismo con las ferroviarias.
¿Por qué el régimen de Franco creó Renfe?
Durante la década de 1930-39 y principios de la de 1940, el tránsito rodado (coches, camiones, autocares) se encontraba en un punto iniciático y la red viaria (carreteras) en un estadio de precariedad. Los anuarios estadísticos de la época (elaborados por los ministerios españoles de transportes) revelan que la red ferroviaria del Estado español concentraba más de las ¾ partes del movimiento de personas y mercancías. La red ferroviaria era el elemento indispensable para la dinamización de la economía y de la demografía de un territorio. Y era, también, un elemento importantísimo en el campo de las comunicaciones. Por todos estos motivos, el régimen nacionalcatólico de Franco concebiría (1938) y crearía (1941) Renfe como un instrumento de control sobre el aparato económico del Estado español y de dominio sobre las comunicaciones y los intercambios de la sociedad.

¿A quién pusieron al frente de Renfe?
Renfe fue concebida, también, como un instrumento al servicio personal de los capitostes del régimen. El ideólogo de Renfe, el furibundo antirrepublicano y anticatalán Alfonso Peña Boeuf —el ministro de Obras Públicas y Transportes que firmó la creación de Renfe—, proseguiría su carrera política como presidente de este organismo ferroviario (1952-1957). La presidencia de Renfe fue convertida en la salida natural para los titulares de la cartera de Transportes. Y, también, en el refugio de los capitostes del régimen franquista en el ocaso de sus existencias. Por ejemplo, Pilar Franco —la hermana del dictador y sin ninguna relación previa con los ferrocarriles— pasaría de cobrar una pensión de viudedad de 190 pesetas mensuales, a una pensión mensual extraordinaria de Renfe de 5.200 pesetas (el equivalente actual a unos 20.000 euros mensuales).

¿Cómo fue provista la plantilla de Renfe?
La lógica diría que Renfe tenía que ser provista con la absorción de las plantillas laborales de las compañías privadas incautadas. Pero la realidad fue otra. La investigación historiográfica ha puesto de relieve los procesos de depuración ideológica impulsados por el régimen de Franco contra más de 82.000 trabajadores ferroviarios —de las compañías que operaban en tiempos de la República— por su militancia política o sindical en organizaciones contrarias al "Alzamiento Nacional". Y la misma investigación revela que las más de 82.000 vacantes producidas por esta depuración serían cubiertas con elementos de probada "adhesión al régimen": quintacolumnistas infiltrados en zona republicana, paramilitares falangistas, excombatientes del bando rebelde o elementos de la curiosa categoría de "caballeros mutilados". Renfe sería una empresa del régimen.
Renfe, un instrumento de colonización
En la Catalunya de la posguerra (1939-1960), estos “nuevos ferroviarios” —probablemente "afectos al régimen"— eran, casi íntegramente, forasteros, que no solo no conocían la lengua catalana, sino que, por su ideología, eran totalmente refractarios a la realidad sociocultural del país. Su presencia en aquel universo catalán —derrotado, humillado y represaliado por el nacionalismo español del régimen de Franco— no obedecía al perfil clásico del emigrante, que se desplaza a un nuevo país en busca de una oportunidad, sino al del "colono" de mentalidad supremacista y de ideología imperialista, que sabe que tiene el apoyo de una estructura de dominación impuesta por la conquista militar y sostenida con la violencia represiva. Renfe sería también un instrumento de proyección y predicación del nacionalismo español, nervio ideológico del régimen de Franco.
La cultura laboral de Renfe
La investigación sociológica británica sostiene que, hasta finales del siglo XX, los hijos de los obreros —nacidos y educados en entornos socioculturales proletarios e industriales— no se planteaban otra salida laboral que no fuera seguir los pasos de sus padres. Era la Working Class que desde el inicio de la Revolución Industrial había cultivado esta cultura y la había convertido en identidad de grupo y en estilo de vida. Esto viene a colación porque la investigación historiográfica española —la misma que revela los procesos de depuración de la posguerra— sostiene que la plantilla de Renfe desarrollaría una especie de cultura similar, propia de entornos profesional e ideológicamente endogámicos (propia de casa-cuartel), de tal forma que los hijos y nietos de aquellos “afectos al régimen” continuarían proveyendo la plantilla profesional de Renfe durante generaciones. ¿Hasta la actualidad?

Renfe y Catalunya
Renfe, actualmente —y en parte Adif—, es una infraestructura fallida que está provocando el colapso de Catalunya. No es solamente la desinversión española crónica, sospechosamente intencionada, que ha convertido la red viaria catalana en un pesebre (con la figura del caganer incluida), es una plantilla en conflicto con la Administración que utiliza a la sociedad como arma arrojadiza. Y es una clase dirigente catalana (el Govern y sus socios) totalmente superada, sin altura ni valentía políticas para solucionar este conflicto. Porque esto ya es un conflicto. El pueblo de Catalunya no se merece la Renfe, una de las principales reliquias del franquismo que ha trascendido en el tiempo —como tantos otros organismos e instituciones del Estado español que pasaron silbando el filtro de la pretendida Transición—, ni se merece esta clase dirigente catalana, incapaz de gobernar.