¿Por qué la Iglesia impuso la fiesta de San Juan sobre la fiesta del fuego?

Barcelona, 24 de junio de 1414. Hace 612 años. El Dietari de la Generalitat —creado dos años antes (1412)— consigna, por primera vez, la celebración de la fiesta de San Juan. Aun así, según la tradición cristiana, la onomástica del Bautista ya hacía unos mil años (desde el siglo IV) que había sido instituida y situada sobre el solsticio de verano, una de las grandes fiestas del calendario de las sociedades antiguas. Aunque la anotación del Dietari no hace ninguna referencia al fuego —el elemento central de la fiesta pagana—, otras fuentes confirman que, por lo menos, desde hace seis siglos, las primitivas celebraciones del solsticio de verano y el encendido de hogueras fueron asociadas a la fiesta litúrgica de san Juan Bautista, uno de los personajes más destacados de la Iglesia cristiana. ¿Por qué la Iglesia impuso la festividad de San Juan sobre la fiesta del fuego?

Vista de Barcelona (segle XVI). Font Cartoteca de Catalunya
Vista de Barcelona (siglo XVI) / Fuente: Cartoteca de Catalunya

El origen. ¿Por qué encendemos hogueras la noche del solsticio de verano?

La ceremonia de encendido de hogueras durante la tarde y la noche del solsticio de verano clava sus raíces en la antigüedad. En el transcurso del I milenio a.C., las civilizaciones nordibérica y protovasca que poblaban, respectivamente, el arco mediterráneo entre el Ródano y el Turia y la cordillera pirenaica instituyeron el encendido de las hogueras como el elemento principal de la celebración del solsticio de verano. En este punto, es importante aclarar que, inicialmente, el material de combustión no eran los enseres viejos que se querían destruir para dar paso a una nueva etapa, sino leña recogida a propósito. Para aquellos antepasados nuestros, el fuego que rompía la oscuridad representaba el triunfo de la claridad. Esta tradición partía de un relato cosmogónico que quería explicar el origen del universo a través de un pacto sagrado entre la especie humana y las fuerzas de la naturaleza.

La fiesta del fuego y la celebración de la vida

La cosmogonía de la civilización protovasca, que ha sido transmitida oralmente desde la antigüedad hasta la actualidad, es la que mejor nos explica la simbología del fuego y su asociación con la representación de la vida. Esta cosmogonía explica que, en el amanecer de los tiempos, la humanidad malvivía en la oscuridad, atemorizada por los demonios que imperaban en la tiniebla (Gavekoak, la noche de los muertos). Hasta que, amenazada su supervivencia, pactaron con Ama Lur (la Madre Tierra) la progresiva aparición de la luz que ahuyentaría a los demonios. Primero, Ama Lur les obsequiaría con Ilargia (la Luna) y, después, con Eguzki (el Sol), y la tiniebla se convertiría, sucesivamente, en penumbra y claridad. Para aquellas sociedades antiguas, la hoguera que rasgaba la oscuridad de la noche simbolizaba el triunfo de la vida (Egunekoak, el día de los vivos).

Noies ballant al voltant de la foguera. Gràcia (1896). Font L'Esquella de la Torratxa
Chicas bailando alrededor de la hoguera, Gràcia (1896) / Fuente: 'L'Esquella de la Torratxa'

¿Qué representaba el solsticio de verano para las civilizaciones antiguas?

Para aquellos antepasados nuestros —norteibéricos y protovascos—, el solsticio de verano representaba el día de máxima plenitud de la luz y de la energía solar. Es decir, el triunfo de la claridad —de Eguzki, el sol que simbolizaba la vida— sobre la oscuridad —la tiniebla que representaba la muerte—. La celebración del solsticio de verano era una exaltación de la vida y una muestra de agradecimiento a Ama Lur (la Madre Tierra) por los alimentos —las cosechas— que brindaba a aquellas sociedades. Alimentos que garantizaban la supervivencia del grupo —y, por extensión, de la comunidad— durante las frías y estériles jornadas de invierno. Y esto explicaría, también, que en aquellas sociedades antiguas el solsticio de verano representaría el triunfo de la vida sobre la muerte. Triunfo que se representaba con las llamas de la hoguera que rasgaban la tiniebla.

¿Qué representa san Juan Bautista para la tradición cristiana?

Para la tradición cristiana, el Bautista representa el principio del camino que recorrerá Jesús, el hijo de Dios que ha venido a la tierra para ofrecer la salvación a la humanidad. Por lo tanto, el Bautista es considerado el precursor del Mesías o, lo que es lo mismo, el nexo de unión entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. En la tradición cristiana, san Juan es el último profeta del Antiguo Testamento y el primero del Nuevo Testamento, y representa el final de una vieja era —de una época oscura, durante la cual las almas de los difuntos, tanto justos como injustos, permanecían eternamente en una especie de purgatorio llamado Seol— y el principio de una nueva era —de una época de claridad, marcada por la llegada del Mesías (que ha llegado para salvar a la humanidad) y la aparición del cielo (o del paraíso celestial), que es el lugar donde el alma de los justos viaja para reunirse con Dios—.

Un grupo de niños preparando una hoguera de Sant Joan. Barcelona (circa 1940). Font Arxiu Nacional de Catalunya. Fons Brangulí
Un grupo de niños preparando una hoguera de San Juan en Barcelona (circa 1940) / Fuente: Arxiu Nacional de Catalunya (Fons Brangulí)

¿Por qué la Iglesia situó la fiesta de San Juan sobre el solsticio de verano?

La Iglesia católica situó la fiesta de San Juan sobre el solsticio de verano con un propósito clarísimo: suplantar el ritual cosmogónico pagano que simbolizaba el fin de una vieja era (los tiempos tenebrosos) y el inicio de una nueva etapa (los tiempos virtuosos) con la figura de un modelo cristiano —en este caso, y por razones evidentes, el Bautista—, porque era el último y el primer profeta, al mismo tiempo, de dos etapas diferenciadas (el Antiguo y el Nuevo Testamento). En la liturgia cristiana, el Bautista simboliza el tránsito desde la vieja etapa superada (en la que tanto justos como pecadores estaban condenados a vagar eternamente a la espera de una incierta resurrección) hacia el inicio de una nueva etapa de plenitud (la venida del hijo de Dios, la salvación de la humanidad y el premio a los virtuosos con la visión del paraíso celestial). El triunfo de la vida sobre la muerte.