A finales de 2024, TV3 emitió Et faran un home, un documental donde víctimas de abusos y de acoso durante el servicio militar relataban en primera persona aquellas vivencias crueles que les han acompañado toda su vida. Al final de este documental, que ha tenido también repercusiones políticas en el Congreso y en el Senado, se podía leer una dirección electrónica a la que los espectadores se podían dirigir para denunciar casos similares. Los autores recibieron más de un centenar de correos y muchos de estos eran de familiares que tuvieron que enterrar a chicos que apenas eran mayores de edad, muertos durante el servicio militar, y sin recibir ninguna explicación o detalle por parte de las autoridades militares. De aquí nace la segunda parte de la serie: Et faran un home. Morts silenciades, donde se profundiza en cuatro muertes durante la mili, reuniendo a unos familiares que todavía tienen la herida abierta y que nunca habían tenido un espacio donde poder compartir este dolor. Después de un primer pase con los familiares de las víctimas este lunes, el espeluznante documental del Sense Ficció se estrena en TV3 este martes a las 22:05 h. 

Unas pérdidas innumerables

Los directores del documental, Mireia Prats y Joan Torrents, han explicado en un encuentro con periodistas los numerosos obstáculos a los que se han tenido que enfrentar en la producción del reportaje, empezando por el hecho de no poder cifrar las muertes de jóvenes durante el servicio militar ya en democracia, aunque apuntan que, como mínimo, 1.900 chicos perdieron la vida en este contexto. Entre estos, por ejemplo, no se incluyen casos como los de uno de los protagonistas del documental, Martí. Su hermana Mònica explica que volvió del servicio, que cumplió en Berga, con "la mirada cambiada" pero que el chico no les quiso explicar los motivos: "No puedo explicar lo que me ha pasado porque me harán un consejo de guerra", les dijo, ante las preguntas de quienes más lo querían. La familia supuso que había sido violado. El chico cayó en una depresión y años después se suicidó en su habitación. Un golpe sin explicación ni apoyo para superarlo. Los encargados de contar las tragedias son los hermanos de los jóvenes. Los padres ya han muerto. 

Tres silencios 

El documental cuenta con el trabajo de Montse Bailac, prestigiosa documentalista que se ha encontrado con una situación inédita en su carrera: preguntase en el archivo militar que preguntase, la respuesta siempre era negativa y no pudo extraer ninguna información que ayudara a explicar la muerte de Martí, pero tampoco de Jordi, de Joan ni de Narcís. Por eso, Bailac se ha lamentado de que las investigaciones han quedado, de momento, en un callejón sin salida. En el caso del Narcís, por ejemplo, las autoridades militares aseguraron que el chico se había suicidado. La familia, sin embargo, no se lo creyó. En las cartas que les había enviado se mostraba muy ilusionado por su futuro y, a corto plazo, por poder visitarles en un permiso desde Melilla. Su hermano Francesc está convencido de que lo asesinaron. 

Los cuatro desconocidos, que tienen en común haber perdido a un hermano, se escuchan con atención y con lágrimas en los ojos alrededor de una mesa en una casa en el Montseny. Se reconocen y comprenden mejor que nadie este triple silencio que ha rodeado sus pérdidas. El primero, el de las autoridades, que no les dieron ni una sola explicación, más allá de la llamada de rigor para comunicarles la muerte de unos jóvenes con toda la vida por delante. En el caso de Joan, pocas horas antes de morir, llamó a su casa, nervioso, para avisar de que lo estaban "persiguiendo". Nunca supieron los detalles, y su hermana Berta habla de un "muro de silencio": "No querían que preguntaras, querían que aceptaras lo que había pasado". El segundo, el silencio de las propias familias, rodeadas por un estigma que a finales del siglo XX pesaba como una losa sobre el suicidio. El tercero, el que aún planea sobre estos casos, cuarenta años después. 

Las familias reclaman explicaciones

Ante este panorama desolador, las familias de las víctimas coinciden en lamentar la falta de explicaciones y las exigen al ejército y también al Estado español en su conjunto, a quienes señalan directamente como los culpables detrás de las muertes de sus hermanos. "Que pidan perdón por haber gestionado tan mal una institución como es el ejército, que reconozcan que no se hizo bien", plantean durante el demoledor documental que dura alrededor de una hora y donde también se incluyen testimonios de otros hombres que hicieron la mili y que narran algunos de sus recuerdos más oscuros de aquella época. Los autores de Et faran un home. Morts silenciades, sin embargo, no son optimistas con que estas disculpas lleguen nunca, como tampoco un registro real de los miles de víctimas.