El dramaturgo y guionista barcelonés Josep Maria Benet i Jornet ha muerto a los 79 años. Enfermo de Alzhéimer desde 2015, de su traspaso ha informado en un apunte en su cuenta de Twitter a la Institució de les Lletres Catalanes (ILC). Posteriormente, su hija Carlota ha confirmado que su padre había muerto como consecuencia del Covid-19.

Renuevo del teatro catalán

Nacido en una familia trabajadora del barrio de Sant Antoni, Josep Maria Benet i Jornet (Barcelona, 1940) se aficionó a la lectura desde bien jovencito, con cómics y tebeos, novelas de ladrones y serenas y del Oeste y las aventuras Jules Verne, mientras descubría el teatro a las funciones escolares de los Escolapios de su barrio. "En casa había pocos, contados libros. No íbamos al teatro. Sin embargo, en cuanto aprendí a leer (me costó, era muy torpe), el libros se me convirtieron en una pasión. Entre pedir que me regalaran un juguete o un libro (no había medios para las dos cosas), prefería un libro", confesaba sobre su niñez.

A pesar de empezar los estudios de peritaje en la Escuela Industrial, estuvo en la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Barcelona donde Papitu, como era conocido por sus amigos, descubrió su inquietud para escribir. En este sentido, el año 1962 se apuntó como alumno libre a la Escuela de Arte Dramático Adrià Gual, donde conoció Ricard Salvat, Maria Aurèlia Capmany, Carme Serrallonga, Josep Montanyès o Fabià Puigserver. Él mismo recordaba la influencia que había tenido Campany en su formación: "La Maria Aurèlia era una persona que realmente tenía mucho trato con todo el mundo e incitaba a la gente porque charlaba mucho; te llevaba a su casa en fiestas que hacía en un piso chiquitín de la Rambla de Catalunya, encima de un ático, y allí nos amontonábamos todos y nos hablaba de París, de lo que había visto, hablaba del Nouveau Roman, incitaba a leer libros...". Es empujado por aquel ambiente que se presenta el año 1963 al premio Josep Maria de Sagarra con la que será su primera obra, Una vieja, conocido olor (1964), una pieza rompedora por|para su realismo, influida por Tennessee Williams y Eugène Ionescu, en que retrata la vida y ambiciones de una chica de clase trabajadora, la joven Maria, en una Barcelona vieja que le era muy próxima, con la que, no sólo se lleva el galardón, sino que empieza su carrera como dramaturgo. "Un buen día, por las buenas, sin haber ido prácticamente al teatro, decidí que escribiría para el teatro; pero yo me pensaba [...] que lo que escribiría nunca no se estrenaría, ni siquiera se publicaría... me parecían cosas demasiado grandes, lejanas, imposibles. Así y todo, tenía bien claro que toda la vida escribiría", confesaba muchos años después.

Considerado uno de los principales renuevos del teatro catalán y maestro de una generación de dramaturgos como Sergi Belbel, Carles Batlle, Lluïsa Cunillé o Jordi Galceran, es el autor de obras como Fantasia per a un auxiliar administratiu (1964), Marc i Jofre o els alquimistes de la fortuna (1966-1968), Berenàveu a les fosques (1972), La desaparició de Wendy i altres obres (1974), Quan la ràdio parlava de Franco (1979) i Revolta de bruixes (1977) i també va conrear el teatre infantil amb Supertot (1975), Helena a l'illa del baró Zodíac (1975) y El somni de Bagdad (1977),  entre de otros. En 1989 estrenó Ai, carai! en el Teatre Lliure, y Desig, en 1991, en el Centro Dramático de la Generalitat, y continuó con obras como E. R, estrenada en el Teatro Libre (1994) y llevada al cine por Ventura Pons; Olors, dirigida por Mario Gas (TNC, 2000); Això, a un fill, no se li fa (Teatreneu, 2002); L'habitació del nen (Teatre Lliure, 2003); Salamandra (TNC, 2005); Soterrani (Sala Beckett, 2008); Dues dones que ballen (Teatre Lliure, 2010), i Com dir-ho? (Almeria Teatre, 2013), entre otros. Su trayectoria ha sido reconocida con numerosos premios: el Premi Nacional de Teatre (1995), la Creu de Sant Jordi (1997), el premio de la Institució de les Lletres Catalanes de guiones audiovisuales (1998), el Premio Max de Honor (2010), el Premi d'Honor de les Lletres Catalanes (2013) y la Medalla de Honor de la SGAE (2015).

Padre de la telenovela en catalán

Paralelamente a su carrera como dramaturgo y hombre de teatro, Benet y Jornet desarrolló una larga y provechosa carrera como director y guionista de telenovelas en catalán, una tarea –la de guionista que había iniciado a finales de los setenta en el circuito catalán de TVE. De alguna manera, a pesar de algunos precedentes anteriores, se lo puede considerar como el padre de estas producciones emitidas por Televisión de Catalunya. Así, el año 1994 se estrenó con Poble Nou, una serie de 190 capítulos que recorría las vidas de una familia barcelonesa, formados por los padres, el Antoniu y Rosa y sus hijos, Ferran, Anna y Martí, en el barrio homónimo, transformado por los Juegos Olímpicos. A partir del éxito de esta serie pionera, que enganchó miles de catalanes a las sobremesas de Tv3, se encargó de la secuela de esta serie, Rosa (1995-96), y seriales tan emblemáticos como Nissaga de Poder (1996-98), Laberint d'ombres (1998-00), Nissaga, l'herència (1999), El cor de la ciutat (2000-2009) y Ventdelplà (2005-2010).

Una memoria recuperada por su hija

Para todos los amigos y gente de teatro Josep Maria Benet y Jornet era el "Papitu", el diminutivo del patronímico, pero para su hija "Papitu" era el diminutivo de padre. Con este título, su hija Carlota publicó el año 2018 el libro Papitu. El somriure sota el bigoti, una historia de amor de una hija hacia un padre que ahora no podía recordar nada por culpa del Alzhéimer.

Carlota Benet y Josep Maria Benet i Jornet. Pilar Aymerich

Carlota Benet y Josep Maria Benet y Jornet/Pilar Aymerich.

"Con este libro, que no son ni unas memorias del padre ni un libro sobre la enfermedad, he podido hacer las paces con lo que me ha tocado vivir" aseguró Carlota Benet cuando presentó el libro, estructurado a través de su propia memoria, describiendo el proceso del Alzhéimer acompañado de los recuerdos vividos con el padre, así como los e-mails que se intercambiaban cuando ella estaba viviendo fuera del país. Una relación de padre e hija que se basaba en la comunión de afinidades e intereses culturales, pero también en la imaginación y el humor de Benet.

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