Poca gente, cuando visita Montserrat piensa en pasar por su museo. En realidad, pasa desapercibido para la mayoría de los visitantes, porque está situado debajo de las plazas que están en la entrada de la basílica. Los que han oído a hablar de él, a menudo asocian el Museo a una colección de temas montserratinos, sin especial interés más allá de la curiosidad etnográfica. Pero el Museu de Montserrat no es eso: básicamente es una gran colección de arte donde se puede encontrar desde un Caravaggio o un Greco hasta un Dalí, pasando por una completa colección de modernismo catalán y una momia egipcia (sin duda, uno de los elementos más populares del museo entre los chiquillos).

Recrear un museo

La Guerra de Independencia provocó la destrucción completa de la colección artística de la abadía de Montserrat. Al principio del siglo XX el abad Antoni M. Marcet usó su patrimonio familiar para comprar un buen número de obras en Italia, empezando a crear el fondo de arte clásico que hoy se puede contemplar en las primeras salas del Museu. Por otra parte, el monje Dom Bonaventura Ubach, residente en Tierra Santa, fue constituyendo la colección de arqueología bíblica a partir de objetos comprados en Oriente Medio. A partir de esta colección se fue creando el Museo Bíblico, que se abrió en 1911. El Museu de Montserrat se constituiría, como tal, en 1963, combinando las colecciones arqueológicas y artísticas. Pero el gran impulso lo recibiría en 1982, con la llegada de un gran fondo de pintura catalana de los siglos XIX y XX cedidos por el coleccionista Josep Sala Ardiz. Posteriormente la colección se enriquecería extraordinariamente con algunos mecenas que ofrecerían sus obras al Museu, como el arquitecto Xavier Busquets, o Caja Madrid. Hasta ahora el Museu de Montserrat sigue recibiendo donaciones, mensualmente, y su fondo de reserva no para de crecer.

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Sala Nigra Sum, con la Virgen de Montserrat de Josep Maria Subirachs en primero plano.

De Montserrat a los faraones

Las piezas dedicadas a la montaña de Montserrat no ocupan un lugar predominante en el Museu (aunque hay algunas obras geniales dedicadas a la montaña como una pintura de Joaquim Mir, Camí de la cova, o La montaña de Oisin, de Sean Scully). Una pequeña sala, Nigra Sum, está dedicada a las representaciones de la Virgen de Montserrat, pero escapa al folklorismo y opta por la vertiente más artística: incorpora desde una peculiar versión escultórica de la Moreneta de Josep Maria Subirachs, a una pintura estilo naïf del más underground de los artistas catalanes: Ocaña. Muy cerca de ella, las salas dedicadas a Arqueología del Mundo Antiguo también tienen un atractivo especial, ya que a las piezas curiosas de pequeño tamaño aportadas por el padre Ubach, se han sumado algunas piezas de gran espectacularidad, sobre todo de la cultura egipcia, como algunas piezas cedidas por Caja Madrid. Se pueden ver vasos canopes (los recipientes con formas zoomórficas donde se depositaban las vísceras de los difuntos), barquitas funerarias que representan el viaje del difunto, sarcófagos, e incluso un cocodrilo disecado. La colección egipcia se completa con piezas, de menor valor, de Chipre, Grecia, Italia...

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Momia de un adulto de época ptolemaica (303-30 aC) con su mascarilla funeraria.

Un museo de todo

El Museo de Montserrat tiene una reserva de un tamaño impresionante, con objetos muy diversos: tejidos coptos, arte africano y australiano, grabados, carteles, ex libris, cerámicas, monedas, medallas de temática montserratina, objetos de la cultura islámica antigua, arte medieval, escultura de la época moderna, objetos amerindios... El Museu de Montserrat también cuenta con una espectacular colección de iconos de las iglesias de Oriente. Pero estas piezas sí que pueden contemplarse, agrupadas en dos salas donde se concentran pinturas religiosas de diferentes puntos de Oriente. Las salas reproducen el atmósfera de las iglesias bizantinas, con grandes luces y dorados por todas partes. No faltan ni los San Jorges, ni las Theotokos, las tradicionales imágenes de la Virgen.

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Luz jubilosa. Las salas dedicadas a los iconos de la Iglesia de Oriente.

Pinturas de todos los tiempos

El Museu cuenta con un pequeño número de piezas muy selectas de pintura antigua. La obra clave del Museu, sin duda, es el cuadro Sant Jeroni penitente, de Caravaggio. Pero también hay obras de otros pintores de primera línea, como una tabla renacentista de Pedro de Berruguete, un cuadro de Santa Magdalena del Greco o la Alegoría al nacimiento de Francisco I de Austria de Gianbattista Tiepolo. Pero, sin duda, la colección más impresionante del Museo es la de pintura catalana de finales del siglo XIX y principios del XX; allí encontramos desde algunas obras de Ramon Martí Alsina (como el espectacular El muelle de pescadores de la Barceloneta) hasta obras emblemáticas de la Escuela de Olot, como la Salida de luna de Joaquim Vayreda. E incluso hay una pequeña colección de impresionistas franceses, con obras de Claude Monet, Camille Pissarro y Edgar Degas.

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Josep Llimona, La belleza (mármol).

El modernismo catalán

La colección más completa del Museo es la de pintura modernista (aunque también hay alguna otra obra modernista, de gran calidad, como la escultura de Llimona La belleza). Sin duda, entre los mejores cuadros figuran los de Ramon Casas, como Madeleine (un cuadro que representa una femme fatale, con una copa de absenta y un cigarro, consumiéndose de celos), pero también Antes del baño o Desconsuelo. También hay algunas obras clave de la época parisina de Santiago Rusiñol, como el Cafè des Incoherents o El patio azul. El fondo de cuadros de esta época se completa con obras de Sorolla y Julio Romero de Torres, así como del impresionista Dario de Regoyos. Incluso hay un par de obras del joven Pablo Picasso, como El viejo pescador.

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Sala dedicada a Ramon Casas, donde se pueden contemplar tanto las típicas Manoles, como imágenes de tauromaquia, paisajes o algún autorretrato.

El postmodernismo y el novecentismo

El Museo también tiene obras de algunos de los autores clave del postmodernismo. Entre ellas destacan los retratos de gitanas y personas marginales de Isidre Nonell, como el Gitana vieja. También hay un par de obras espectaculares de Joaquim Mir, la Cala Santo Vicenç, que refleja un paisaje mallorquín, y Camí de la cova, una obra donde presenta su peculiar visión de la montaña de Montserrat. También se puede contemplar una imagen de inequívoco sabor parisino de Hermen Anglada y Camarasa: Champs Elysées. La colección de pintores noucentistas y postnoucentistas es más variada y contempla a los grandes pintores de la corriente (ni siquiera falta Olga Sacharoff, ahora que se celebra el Año Sacharoff).

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Joaquim Torres García, Nueva York (1929).

Las vanguardias

El Museu de Montserrat no se resigna a ser un centro museístico sobre el arte de otros tiempos. Ha querido también incorporar el arte más moderno. Eso se hace principalmente a través de las exposiciones temporales, en que se muestran obras de artistas poco conocidos, mayoritariamente locales (en estos momentos se puede ver una exposición de la ceramista Maria Bofill, Montañas del alma, y una del escultor Enrique Asensi, Espejos de piedra). Aunque en el Museu no hay una gran colección de arte contemporáneo, cuenta con algunas piezas de gran valor, empezando por la Academia neocubista de Salvador Dalí. Evidentemente, hay una pieza del pintor Sean Scully, muy vinculado a Montserrat: el cuadro La montaña de Oisin. Entre las obras de vanguardia también hay que mencionar algunos cuadros de Joaquim Torres García y de Albert Ràfols Casamada, y una escultura extraordinaria de Andreu Alfaro; estas obras conviven con una obra de Poliakoff y con un cuadro impresionante de Daniel Enkaoua: Natan en el suelo con pijama a rayas.

Arte sorprendente

La Abadía de Montserrat tiene, en estos momentos, una gran colección artística, y el Museu dispone unas atractivas instalaciones cubiertas con bóveda catalana (obra de Puig i Cadafalch). A pesar de sus dimensiones, no da abasto para abarcarlo todo. Como consecuencia de esta falta de espacio las piezas no están expuestas en las mejores condiciones; por otra parte, esta instalación peca de un cierto eclecticismo, con obras de periodos muy diversos. Y a pesar de todo, la indudable calidad de algunas piezas, y la coherencia de algunas colecciones (como la de pintura modernista) hacen extraordinariamente atractiva la visita a esta instalación. El Museu de Montserrat se anuncia con el eslogan "La sorpresa del arte", y quizás no les falta la razón... Sobre todo porque el público, especialmente catalán, cuando visita Montserrat, busca la Moreneta, la escolanía, la montaña, el tren de cremallera, el aéreo... Pero rara vez busca arte, aunque hay mucho y del mejor. Quizás sí que es un buen lema.

 

Foto de portada: Joaquim Mir, Camí de la Cova, Montserrat, 1911.

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