Después del éxito de Aprendre a parlar amb les plantes (2018) i Dolça introducció al caos (2020), Marta Orriols (Sabadell, 1975) aterriza con una nueva novela. Con el foco puesto como siempre en la cotidianidad y las relaciones humanas, la autora se sumerge en la historia de una corresponsal que decide volver a Catalunya del Líbano después de una crisis vital y profesional.  La possibilitat de dir-ne casa es el primer libro de Orriols en Proa, después de haber publicado los anteriores a Periscopi, sello en que se convirtió en una de las autoras más vendidas. Desfilan temas como la construcción de la identidad propia, la intimidad en las relaciones familiares y la dificultad en volver a casa después de años en el extranjero. La escritora explica que para crear al personaje protagonista, Valentina, se inspiró en la periodista Txell Feixas, a quien la escritura de la novela ha acabado convirtiendo incluso en amiga. Hablamos de cómo el periodismo construye la realidad, del sesgo informativo con los países del Oriente Próximo y de herencias familiares.

¿Cómo te encontraste con la historia de Valentina?
Es un libro que empezó en un momento muy concreto. Lo recuerdo muy bien porque estábamos en plena pandemia. Yo tenía un bloqueo creativo importante y un día recuerdo estar mirando las noticias y ver a una periodista que me gusta mucho: Txell Feixas. Fue en aquel momento que decidí que quería hablar de una corresponsal, de alguien que vuelve después de haber pasado mucho tiempo fuera de casa. A partir de aquí nació todo, aunque no partí de una idea clara. Yo cuando empiezo a escribir una historia nunca sé hacia dónde quiero ir.

Cuando empiezo a escribir una historia nunca sé hacia dónde quiero ir

¿Ha sido un proceso de documentación intenso? ¿Has viajado hasta el Líbano?
A Txell no la conocía, la contacté a través de un DM de Twitter y le expliqué que quería hacer un libro en que la protagonista fuera una corresponsal. Fue muy bonito porque resulta que ella era lectora mía. Enseguida se ofreció a que fuera para ver cómo trabajaba el equipo. Pero llegó la pandemia. Entonces reformulé la historia para que cogiera más peso el retorno de la protagonista aquí. En el libro tampoco he querido adentrarme mucho en el país, pero me ha servido mucho para construir el texto con texturas y poner detalles que antes no estaban. Siempre tienes la visión de estos países como lugares conflictivos. Nos los miramos desde este punto de vista sesgado solo del conflicto. Y cuando estás allí te das cuenta de que los problemas son igual de mundanos que los nuestros.

3704257
Marta Orriols acaba de publicar su nueva novela, La possibilitat de dir-ne casa / Foto: ACN

Valentina es una corresponsal mujer. Eso es un elemento importante en la historia.
Sí, hoy afortunadamente ya hay muchísimas profesionales que pueden hacer trabajos que hasta ahora estaban relegados a los hombres, y más en un entorno tan diferente culturalmente como puede ser el Oriente Próximo, donde ser mujer todavía está muy castigado. Ser una occidental allí, sin embargo, quizás te da pie y te abre las puertas a hacer noticiables toda una serie de cosas que de otra manera no podrías acceder. Y de hecho, yo me fijaba mucho en Txell porque me gustaba mucho este periodismo más humano, de acercar el micrófono a las víctimas de estos conflictos. Te permite mirar las noticias de otra manera porque te reflejas en aquella sociedad.

¿La figura del corresponsal te interesaba porque te permitía hablar de volver en casa y del arraigo o había alguna cosa de la figura que te atraía de por sí?
Cuando empecé a escribir era esta época de la pandemia en que todas las noticias quedaron paradas y parecía que en el mundo no pasara nada más y, evidentemente, pasaba de todo. Eso desde siempre es un tema que me obsesiona: la manera como nos relacionamos con el mundo a través del periodismo. Y también esta cosa tan contemporánea de cómo las polémicas y las noticias se van encadenando la una con la otra y como una semana todos somos expertos sobre la explosión de un volcán, después una revuelta en Colombia o las mujeres en Afganistán. Creo que es importante ver todo el proceso, si no, solo vemos la crisis del momento. Y ahora todo ha cambiado a través de la tecnología y de las redes: todo va tan rápido que tampoco tenemos tiempo de asumir lo que pasa. El libro también quería ser una reflexión al respecto.

¿Y una crítica sobre cómo funciona el periodismo hoy?
Más que al periodismo, la crítica va hacia nosotros como ciudadanos, a la manera que tenemos de consumir la información. No la integras, no la trabajas, sobre todo con las cosas que pasan lejos, en todas estas regiones donde parece que el mal sea imperante. Aunque también están las nuevas obligaciones del periodismo de reducir tiempo de emisión, columnas, etc. Hay periodistas buenísimos y como ciudadanos, creo que tenemos la obligación colectiva de ir más allá.

¿Cómo es vivir en este ecosistema informativo tan frenético y rápido y escribir novelas, que es seguramente un empleo de ritmo totalmente opuesto?
Siempre me siento un poco desconectada del mundo. Estoy porque tengo que estar, porque tengo una familia, pero muchas veces una cosa te lleva a la otra y entras en este tipo de rueda, de velocidad, de cosa en que todos no sabemos hacia dónde vamos. Y creo que la escritura, precisamente, te da esta distancia de poder ordenar las cosas.

Siempre me siento un poco desconectada del mundo

Otro de los temas del libro es el de la búsqueda de una identidad propia. La protagonista es una mujer en la cuarentena, pero siente que todavía no sabe del todo quién es.
Este es otro tema que siempre me recorre por la cabeza. Las personas me fascinan, literariamente hablando, y creo que es una cosa muy actual esto de convertir la identidad en un asunto social. Antes era una cosa muy privada y personal porque el contexto no invitaba a expresarte cómo tú querías. La gente de mi generación, los nacidos entre los setenta y los ochenta, tuvimos una libertad llena para expresar nuestra identidad, pero todavía pesaban muchísimo las convenciones y la educación sentimental tradicional que habíamos recibido. Y actualmente las generaciones que vienen por detrás tienen una manera mucho más sana de expresar todo eso.

¿También la Valentina?
Ella es una persona que no tiene una vida estable y no tiene unas raíces hechas a nivel sentimental y conoce a esta freelance italiana que de sopetón le despierta todo una serie de cosas que ella no sabe cómo gestionar. Sí que hay este clamor de cómo puede ser de difícil a veces la libertad.

Tengo la sensación de que el lenguaje político actualmente lo llena todo, incluso lo emocional

¿Lo que quieres decir es que, a pesar de tener libertad sobre el papel, es difícil practicarla?
Hoy día podemos ser más libres que nunca, pero a veces todavía cuesta mucho y también es difícil tener que posicionarte en una categoría concreta. Tengo la sensación de que el lenguaje político actualmente lo llena todo, incluso lo emocional. Por un lado, es bueno que haya toda esta serie de categorías para identificarte a ti mismo. Pero, por otro lado, eso crea unas categorías cerradas y hace que tengas que oscilar.

3704254
Marta Orriols se ha inspirado en la corresponsal Txell Feixas para dar vida a la protagonista de su nuevo relato / Foto: ACN

A Valentina eso le crea dificultades.
El peso de la familia, el peso de lo que ella ha vivido, el peso de lo que ella entiende como amor... La suma de todas estas cosas hace que no sepa tirar adelante. Es una persona que en el terreno profesional se siente muy segura y pisa muy fuerte, pero, en cambio, en el ámbito personal y familiar peca de falta de comunicación, de ese atrevimiento de abrirse a los otros.

Heredamos muchas cosas de nuestras familias, aunque queramos ser diferentes

Esta falta de comunicación la relacionas con la idea de la familia.
Sí, en todos los libros que yo escribo la familia siempre sale porque es un tema imposible de eludir cuando haces literatura. Heredamos muchas cosas de nuestras familias, aunque queramos ser diferentes. Y aquí la familia no es que sea maligna, pero sí que ella vive estos silencios todo el rato con ellos, esta dificultad para decir las cosas, que es una cosa que también ha heredado. Y se da cuenta de que reproduce los patrones de incomunicación que tanto critica a su madre. Es curiosa esta relación con la familia. A veces tienes mucha más confianza con un desconocido o con tus amigos que con los miembros de tu familia.

La novela también explora la dificultad de volver al lugar de origen después de muchos años de estar fuera.
Es esta sensación que todo el mundo ha avanzado y tú estás en una especie de paréntesis temporal. Y todo el mundo tiene hijos y la gente se ha comprado casas y tú es como si lo tuvieras todo por hacer. Quiero ir en contra de este pensamiento que es muy actual que la vida es como un proceso lineal. Siempre hay esta obsesión. Todos sentimos una especie de vacío que nos sobrevuela siempre porque está como tenemos que llegar a algún lugar y nos olvidamos de que el futuro es ahora, al presente. Quizás es por culpa de este tipo de capitalismo tan salvaje que hay en todas partes. Conocerte a ti mismo y amarte cuesta mucho: entender que tú estás en este momento, aunque los otros estén en otro lado.