La artista británica Hannah Collins, que está instalada en Barcelona desde los años 1990, presenta en Barcelona la exposición Escribiré una canción y la cantaré en un teatro rodeada del aire de la noche. Se trata de un análisis fotográfico del estado actual de la obra del arquitecto y urbanista egipcio Hassan Fathy (1900-1989), que fue un hombre que apostó por una arquitectura sostenible, que aprovechara los recursos locales y que tuviera como referente la cultura tradicional del territorio. Collins, en esta exposición, muestra el estado actual de Nueva Gourna, una localidad construida en Egipto por Fathy en los años 1940, y de Nueva Baris, realizada en tiempo de Nasser, en los años 1960. Paradójicamente, se trata de una idea que parece genial, y que probablemente si se realizara ahora sería "un éxito mundial" (según Collins), pero que no tuvo éxito en su época y de la que ahora sólo quedan las ruinas.

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Nueva Gourna de Hassan Fathy. Foto: Hannah Collins.

El fracaso de un idealista

Collins no duda en calificar de fracaso la carrera de Fathy. En realidad, hoy en día poca gente recuerda su figura (que en su tiempo obtuvo importantes premios de arquitectura). Incluso, antes de este proyecto, era difícil encontrar fotografías de sus realizaciones.  Pero a Collins no dejan de fascinarla su trayectoria y sus obras. Fathy era un hombre de izquierdas, que incluso escribió un libro que se tradujo como Arquitectura para pobres. Su proyecto era, justamente, hacer una arquitectura de bajo presupuesto para que la gente viviera mejor. Pero no le salió muy bien. Collins asegura que cuando estuvo en Nueva Gourna y en Nueva Baris, "fue como ver un sueño tuyo, pero destrozado". Escribiré una canción..., por eso, no pretende ser una exposición documental, sino que aspira a ser, sobre todo, una "exposición poética". Collins busca la convergencia entre la arquitectura idealista de Fathy y la vida cotidiana de la gente. Las obras arquitectónicas del genio egipcio son fotografiadas al lado de fogones, de niños que juegan, de pósters, de televisores... El difunto Fathy convive con los habitantes de sus casas, aquellos para los que él siempre trabajó. Esto, cuando hay suerte, porque muchas de las fotografías muestran la obra del arquitecto entre la nada, sin gente a su alrededor, porque no hay nadie que la habite.

Nueva Gourna de Hassan Fathy. Foto Hannah Collins

Nueva Gourna de Hassan Fathy. Foto: Hannah Collins.

La utopía imposible

Fathy pensó sus ciudades como proyectos casi utópicos. Collins, al visitar Nueva Gourna 70 años después, constató que en muchas de las cosas que había diseñado, Fathy no habían sido nada realista. En esta localidad había teatro, pero la gente no sabía qué hacer con él, porque no tenían el hábito de ir al teatro, y este quedó rápidamente abandonado (en cambio, la mezquita sí que ha sido rehabilitada y es muy utilizada, hasta hoy). A mucha gente de la zona tampoco le gustaba mucho el modelo arquitectónico de Fathy, inspirado en el estilo nubio, porque se identificaba con los muertos (las tumbas reales egipcias son las únicas construcciones nubias que han sobrevivido)... Al fin, aunque las casas de Fathy son excelentes (sobre todo con respecto a la gestión de las temperaturas, en una zona donde el clima es muy extremo), mucha gente ha preferido desplazarse a nuevas viviendas menos originales.

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Nueva Bario de Hassan Fathy. Foto: Hannah Collins.

Dos ciudades entre el sueño y la pesadilla

Collins apunta que Fathy fue un ejemplo claro de la modernidad en clave árabe (un fenómeno extraño para los que quieren concebir la modernidad, sólo, en términos occidentales). De 1946 a1954 Fathy estuvo construyendo Nuevva Gourna, una localidad que tenía que servir para reubicar a los habitantes de Gourna, un asentamiento situado cerca de Tebas. Se inspiró en los modelos constructivos de romanos y nubios, básicamente con bóvedas de adobe, lo que permitía hacer construcciones muy económicas y que ofrecían magníficas condiciones térmicas. Fathy soñaba en que Nueva Gourna pudiera convertirse en una sociedad sostenible, pero los residentes nunca acabaron de aceptar las propuestas. Poco a poco los restos de Nueva Gourna se han ido fundiendo con las autoconstrucciones modernas. Peor suerte tuvo, todavía, Nueva Baris. Fue construida en los años 1960, cuando se descubrieron reservas de agua en esta inhóspita zona desértica. Fathy diseñó la localidad como un pueblo agrícola, desde donde se pudiera abastecer de frutas y verduras a toda la región. Pero la Guerra de los Seis Días interrumpió el proyecto, que nunca se acabó y la localidad nunca fue poblada. Al principio de siglo XXI se volvió a restaurar, pero las revoluciones árabes provocaron una segunda paralización. Collins no se engaña mucho cuando asegura que Hassan Fathy era un hombre "con mala suerte".

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Foto: Hannah Collins.

Fotografía fuera de serie

La historia de estas dos ciudades es apasionante. Pero Collins no quiere centrar su exposición en el aspecto documental de la fotografía. De hecho, el título del montaje, Escribiré una canción y la cantaré en un teatro rodeada del aire de la noche hace referencia, justamente, al teatro no usado de Nueva Gourna y al empleo que le daría la artista. El centro de la exposición es un audiovisual de 30 minutos, realizado a partir de fotografías fijas, con música de Duncan Bellamy, en que se van sucediendo las obras de Fathy, con o sin pobladores. Dos grandes fotografías de la obra de Fathy, de tres por dos metros, reveladas con métodos analógicos, completan una muestra original, en que la apasionante historia central, la utópica aventura arquitectónica de Fathy, queda, desdichadamente, diluida.

 

Foto de portada: Nueva Baris, de Hassan Fathy. Foto: Hannah Collins.

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