La montaña de Montjuïc suma una noche mágica (y nostálgica) más este año tras el reciente retorno de El último de la Fila. En esta ocasión en un espacio más reducido, el Palau Sant Jordi, se ha dado el retorno más de veinte años después del maestro de la guitarra: Eric Clapton. A sus 81 años, el músico británico ha ofrecido este domingo un espectáculo vibrante y emotivo para los cerca de 18.000 espectadores que abarrotaron el recinto pese al elevado precio de las entradas. 

Entre el público barcelonés abundaba el fan veterano, y muchos padres e hijos juntos, ataviados con camisetas que decían “Clapton is God” e incluso con algunas elásticas del Barça, puesto que el concierto concidía con el gran partido de la temporada contra el Real Madrid que ha brindado la Liga al conjunto blaugrana. De hecho, a lo largo de la hora y media de recital de Clapton, se ha visto más de una pantalla encerderse furtivamente para consultar en directo el resultado del partido.

El encargado de dar el pistoletazo de salida fue el también veterano guitarrista inglés Andy Fairweather Low, que ofreció como telonero un recital de rock y blues, con mención especial para una versión de Don’t think twice, it’s alright de Bob Dylan. Minutos antes de que el reloj diera las 21:00 h, Clapton ha salido al escenario acompañado de su excelente banda: Doyle Bramhall a la guitarra, Nathan East al bajo, Chris Stainton al teclado, Sonny Emory a la batería y Tim Carmon con su órgano Hammond. También dos coristas: Sharon White y Katie Kisson.

Clapton ha abierto la veda con Badge, que remite Cream, la banda que lideró en los años sesenta junto con Jack Bruce y Ginger Baker. Después, el veterano artista ha seguido, casi inmóvil, sereno y con mucho oficio, con Key to the highwayI’m your hoochie coochie man y la extensa I shot the sheriffEn todas las canciones de la noche, el protagonista de la cita en el Palau ha dejado que sus compañeros se lucieran, dando espacio para numerosos solos que han sido proyectados por las pantallas sobre el escenario y vitoreados por un público agradecido. Tras los cuales, Clapton ha lanzado el nombre de cada músico.

Después de su versión rockera del reggae setentero de Bob Marley I shot the sheriff, Eric Clapton ha aparcado la guitarra eléctrica y ha cogido una guitarra española para ofrecer un blues más íntimo. El resto de la banda ha abandonado el escenario y el protagonista se ha sentado bajo un foco cálido para ofrecer de manera sorpresiva una versión acústica del pudiera ser su tema más celebrado: Layla. El público ha reconocido rápido los acordes del principio de la canción y se ha extendido un rugido por el Palau, tras el que los fans han comenzado a acompañar el músico británico con voz y palmas. Acto seguido, el mítico artista ha hecho un nudo en la garganta a todo el estadio con una interpretación sentida de Tears in heaven, la canción que escribió para su hjo Conor, fallecido a los cuatro años en 1991 por una caída accidental. 

Un recital hipnótico de guitarra que (aquí sí) acaba con bis

Para el último tercio de la cita, Clapton ha vuelto a la guitarra eléctrica y, acompañado de su banda, ha ofrecido un recital hipnótico de guitarra con Holy MaryCross roads bluesLittle queen of spades y CocaineEl veterano guitarrista se ha despedido del público con una breve inclinación. En ese momento ha venido a la mente de los presentes el episodio de este jueves en Madrid, cuando en su despedida le lanzaron desde la pista un disco de vinilo que le acabó golpeando en el brazo, por lo que no hubo bis y la noche acabó antes de tiempo. En esta ocasión el público al completo se ha comportado y, después de hacerse de rogar durante unos minutos por los aplausos y vítores del Palau Sant Jordi, Clapton y su banda han vuelto para poner punto y final a la noche mágina en Montjuïc con otro blues, también prestado: Before you accuse me.