“Yo soy muy poco tímida, pero muy vergonzosa”. Así es como se define Empar Moliner (Santa Eulàlia de Ronçana, 1966). A mí, más bien, me parece un nervio; va de arriba para abajo, no para quieta, tiene muchas ideas en la cabeza, todas desordenadas, salta de un tema al otro, pero tiene respuestas para todo. Hace años, explicó que se marchó de casa muy joven, a los diecisiete años, con una compañía de teatro. Y a pesar de que la adolescencia quede muy lejos, parece que el teatro no la haya abandonado nunca: gesticula con fuerza, proyecta la voz cuando se emociona, ríe, llora e incluso sale de plano varias veces durante la conversación. Es ocurrente, observadora, gran amante de las letras y disfruta de las cosas más sencillas: plantar cebollas en el huerto de la masía donde vive, compartir una buena botella de vino o encontrar un libro ideal (ideal no lo diría nunca, ella). "Soy grafómana, como la madre de Josep Pla, me paso el día apuntando cosas". Tiene un aire de genio extravagante, un punto estrafalario que la hace simpática. La autora de La colaboradora, No hay terceras personas y Benvolguda, entre otros, vuelve con Instrucciones per viure sense ella (Columna), la historia de una mujer que sabe que tiene que morir y le encarga a un admirador, que escriba sus artículos para seguir cobrando y así mantener a su familia. En esta entrevista, navegamos por anécdotas personales, autores, libros e intentamos diseccionar su última tragicomedia, que, a banda de reflexionar sobre qué quiere decir amar cuando el tiempo se agota, aborda la crisis del periodismo escrito y la relación matrimonial de una pareja que ya no es feliz. En este último libro, Moliner utiliza una prosa exquisita y una ironía inteligente, muy reconocibles, que nos recuerdan por qué es una autora consagrada en Catalunya. ¡Qué bien escribe la puñetera!
En el libro dices que los escritores siempre escriben mejor cuando no están del todo contentos. Y yo añadiría: Como los músicos, que componen mejor cuando tienen el corazón roto. ¿Eso quiere decir que has escrito la novela no muy contenta?
Me has hecho un elogio extraordinario, pero envenenado. Puede ser que la placidez te dé otro ritmo de escribir. En la novela, el personaje encuentra que hay un período de felicidad en el que la autora no es tan buena, pero que igualmente hay oficio. Cuando los escritores dicen: “He sufrido mucho haciendo esto", no es mentira porque no se puede evitar sufrir, pero siempre tienes que pensar: "Bueno, tu sufrimiento a nadie le importa, lo que le importa a todo el mundo es el resultado, porque la gente pagará por eso". Pero sí que hay un punto siempre de sufrimiento.
En realidad solo queremos ser leídos, ser amados
¿Por qué?
Por todo. Yo ya sé que este libro, mucha gente que se leyó mi libro anterior, se lo comprará, ya lo sé, lo que yo pienso es: "Por favor, que se compren el siguiente también", en realidad solo queremos ser leídos, ser amados.
En esta historia, la protagonista tiene que morir y le encarga unos artículos a un admirador que es bibliotecario, para seguir facturando. ¿Cómo se te ha ocurrido esta trama?
Esta trama la escribí hace muchos años, para un cuento de Navidad que escribí en el diario. Pero yo creo que viene del hecho de que hacemos un oficio que nos dicen que se acabará, que es el periodismo escrito.
Soy una yonqui de las historias
Dices que todas las novelas están basadas en hechos reales y tienen partes de ficción. Creo que es inevitable que los lectores, cuando leemos el libro, te veamos en esta protagonista. Cómo habla, su pragmatismo, cómo se expresa… ¿Qué tiene de ti Clàudia Pruna?
Es una pregunta super pertinente. A mi alrededor se suceden historias. Y yo soy una yonqui de las historias. En esta novela, la protagonista cuida a su nieto porque su hija no quería tener este hijo, y ella lo propició. Yo he encontrado a mi alrededor abuelas que se hacen cargo de nietos como si fueran hijos. Algunas que lo vivían con un gozo extremo, otras que lo vivían con una pena inmensa. En todo caso, el gran damnificado es el niño. Yo he hecho una familia muy dispar, he hecho un personaje que quería jugar a las casitas, de golpe tiene un reino para ella, y lo tenía que llenar de personajes, de soldaditos, pero estos soldaditos los ha convertido en disfuncionales. Ella dice, en un momento dado, que los ha convertido como en gatos de piso. Exigentes, desagradecidos, interesados, pero simpáticos.
La cocina catalana está en peligro de muerte
La protagonista oscila entre el sarcasmo y la necesidad de que la quieran. Ella se pasa la vida cuidando a los demás y necesita que alguien la cuide. Es un retrato bastante acertado de las mujeres de una generación que ha sufrido la carga mental y la responsabilidad de cuidar a los hijos y los nietos, los padres los suegros e incluso el marido. ¿Tú te identificas con esta mujer que cuida a los demás y no recibe tanto afecto?
Este personaje que has definido normalmente no está asociado a un trabajo intelectual. Es decir, mi generación, por ejemplo, las madres les dijeron: “Fuera de la cocina”. Esto fue bueno porque salimos al mundo y fue malo porque no transmitimos la cocina catalana, que está en peligro de muerte. Todo el mundo esperaría que el personaje tuviera criada, que no fuera ella quien limpia. ¿Hasta qué punto le gusta hacerlo y hasta qué punto le disgusta hacerlo? Eso es trabajo de cada lector encontrarlo, porque los personajes son muchas cosas, muchas aristas. ¿Yo me identifico? No. A mí la parte intelectual que supone escribir me apasiona, me da la vida. En la biografía de Josep Pla, que ha hecho Xavier Pla, esta biografía inmensa, este libro magnífico, esta obra magna, él dice que su madre era grafómana, que pasaba el día escribiendo cosas. Cuando lo leí pensé, caramba ya tenemos mi veredicto, yo también soy grafómana, estoy todo el día apuntando sin parar. Esta curiosa cualidad se la he traspasado al personaje. Pero es mía. Es decir, yo no podría estar sin este fenómeno curioso que es la escritura. Al mismo tiempo, la vida sencilla de plantar cebollas me interesa cada vez más.
La protagonista da mucha pena porque está casada con un hombre que es una losa para ella, que la tacha de loca, que la maltrata psicológicamente. Ella lo cuida, pero a ella nadie la cuida. ¿Dirías que, a pesar de todo, es un personaje empoderado?
Esta palabra no sé nunca cómo leerla. El personaje del marido cambió de alma. Es una traición, es la gran traición. Yo creo que en un matrimonio, o en una unión sexual, lo que le quieras decir, lo que puede hacer el paso del tiempo es traicionar. Ya no eres lo que eras. Él ha traicionado las expectativas y hace una cosa que ella, sin decirlo, es lo que no admite. Él es un personaje inactivo y enfadado. Estas dos cosas. Y ella toma decisiones.
Te lo preguntaré de otra manera porque no me has respondido.
¿Qué me preguntabas?
Si era una mujer empoderada. ¿Crees que te ha salido una novela feminista?
Yo pienso que ninguna novela puede ser feminista ni machista. Cuando me preguntan si es una novela sobre una mujer, la respuesta es no. Es la novela sobre un personaje. Y con Benvolguda, cuando me decían: "¿Es una novela sobre la menopausia?"? La respuesta era: "No. Es una novela sobre un personaje". Porque cuando Philip Roth explica los dramas de la vida sexual anciana en un hombre, nadie dice es una novela sobre la menopausia masculina; no, es una novela sobre un personaje.
Me preocupa la ausencia de disfrute de la vida. Tengo la sensación de que no disfrutamos de la maravilla que es vivir
Durante la historia haces muchas puntualizaciones, eres muy observadora, cuidas cada adjetivo, cada punto y aparte, nunca mejor dicho. ¿Cómo explicas la historia tiene más fuerza que la historia en sí?
Yo siempre hago novelas de argumentos muy limitados. No hay explosiones ni traiciones. A mí las novelas que me gustan suelen tener argumentos muy básicos. ¿A mí quién me gusta? John Cheever. Que explica las urbanizaciones y las parejas. Raymond Carver, que te explica un divorcio pequeñito, en un cuento. Me gustan las historias pequeñas. Para mí, todo es cómo se explica, no qué se explica.
La protagonista de este libro se tiene que morir. He visto que, este año, cumples sesenta años. ¿Te preocupa la muerte?
No me preocupa la muerte; pienso que llegará muy tarde. Pero me preocupa la ausencia de disfrute de la vida. Tengo la sensación de que no disfrutamos de la maravilla que es vivir.
Tengo la sensación que estamos muy enfadados y que perdemos el tiempo con unas imbecilidades profundas
Si supieras que te tienes que morir pronto, ¿cómo titularías tu último artículo?
Ya lo he usado para una recopilación de artículos. Desitja guardar els canvis? y al final pondría: "No". Pero, mira, no sé si leíste el artículo que hizo Oliver Sacks cuando se tenía que morir. Me saltan las lágrimas. Este científico psiquiatra es autor de este libro tan extraordinario que se llama El hombre que confundió a su mujer con un sombrero. Son casos clínicos que él ha tratado, con mucho humanismo. Pues Oliver Sacks escribió un artículo diciendo: "Tengo que morir, vuestras cosas ya no me interesan" y es un artículo con un amor por la vida brutal. Pero tenemos que pensar que tenemos que durar mucho porque hay tantas cosas que hacer, ¡todavía!
Totalmente. Dices que los libros te tienen que remover algo.
Sí
¿Qué crees que remueve tu libro y a ti qué te ha removido escribirlo?
Es una buena pregunta y no sé si sabré contestarla. Hoy, haciendo las entrevistas, creo que me ha removido, pero no lo había notado hasta ahora.
¿El qué, exactamente?
No lo sé, tengo la sensación de que deberíamos estar más contentos, tengo la sensación de que estamos muy enfadados y de que perdemos el tiempo con unas imbecilidades profundas. Siempre, desde que he nacido, me preocupa que las cosas se acaben. A mí me encanta ir a comer o el vino. Mis cumpleaños son siempre un restaurante y una botella de vino, mis amigos y personas queridas me regalan eso. Y cuando llega el día, me siento a la mesa y pienso: “Ahora esto se acabará”. Y pienso: "Hostia, debería estar disfrutando de este momento, pero no". Tengo en mente un cuento para escribir, que es un personaje, imaginemos que es una mujer que está deseando intensamente tener un acto sexual con otro personaje, puede ser una mujer un hombre, y está pensando: “Ahora pasará, ahora pasará", y cuando está pasando piensa: "Por favor, me quiero quedar sola para poder recordarlo”. Y, por lo tanto, no disfruta el momento nunca. Como ya sé el final, pues no lo escribo. Porque a veces cuando sabes el final de una cosa no la escribes. A veces escribes cuando no sabes el final, para encontrarlo.
¿El final de la novela lo has escrito al final?
Sí, sí, sí. Y además, con muchas dudas hasta el final.
¿Consideras que es un final feliz?
Es que es una novela que, al principio, ya conoces el final de esta novela. El personaje que narra, al final, no hará lo que ha prometido que haría. Por lo tanto, es un desastre. Mira, con esto de los finales pasa una cosa. ¿Me puedo enrollar?
Sí.
Ya cortarás. Gambito de Dama es una serie de una mujer en un mundo de hombres; tiene una peculiaridad que la hace destacar, pasado convulso, con algún problema, pero sale adelante. Es decir, te piden que el personaje, sobre todo si es femenino, salga adelante. Te lo piden sin querer, esto. Es decir, tiene que salir adelante. Me tengo que identificar. Pero la literatura de ficción no puede ser siempre una identificación. Las series nos han dado esta banalización del argumento.
¿Podemos hablar de la etapa?
Sí.
Me gusta mucho.
¿Te gusta?
Mucho.
Me encanta que te guste.
Me gusta mucho. ¿Me quieres explicar quién ha hecho esta ilustración?
Yo estoy muy orgullosa de este... me hace llorar, la tapa, me hace llorar. Oh, ahora lloraremos las dos, tía.
Venga, va, lloremos las dos.
La autora es Cristina Losantos, amiga mía. Es la autora, también, de la ilustración de Benvolguda. Somos muy amigas y nos gusta mucho hablar y catar vinos, en fin, hablamos mucho, nos gusta mucho la cultura. Somos como Folch i Torres y Junceda. Folch i Torres es un autor de los años 30, y Junceda era su ilustrador. Total, que Folch i Torres le daba la historia a Junceda, y Junceda siempre elegía el momento. Y Folch i Torres se decía que él sabía qué elegiría. Yo le di el libro a Cristina y ya sabía que saldría esta chimpancé. Cristina siempre dice que los dibujos tienen que ser una idea. La idea de esta chimpancé muy humanizada, se ve que es una chimpancé porque tiene estos pezones, es decir, podemos decir que es chimpancé femenina. Y la idea es que está bebiendo y la copa ha caído y está reflejando la luz, y que lleva el anillo de casada. Y esta silla la ha elegido porque en la novela salen sillas como deshilachadas. Y eso fue idea de ella, y es un privilegio que tengo y que quizás nunca más tendré, que es que los libros, que son objetos preciosos, algunos tienen guardas. Y Cristina ha hecho unas guardas que míralas. Y es la silla ya sin el personaje. Lloro. Es que es maravilloso.
Mi madre no tuvo una vida fácil o bonita
En el libro hablas de la confianza chimpancé.
Sí, el personaje explica cómo, las parejas, a lo largo de los años, acaban teniendo esta confianza que ves en los chimpancés que se quitan las pulgas. Aquí el personaje ve que ya da asco, y por eso me da pena el dibujo.
Tus títulos también son muy divertidos. ¿Lo tuviste claro desde el principio?
No, siempre hago finalistas. Siempre hago títulos muy largos. Cada libro y cada cuento piden un título. Me pasa una cosa, que es que cuando me preguntan cómo se llamará, me da vergüenza decirlo. Yo soy muy poco tímida, pero muy vergonzosa.
¿Qué te satisface más de haber escrito el libro?
Ahora lo veo y pienso: “¿Cómo lo hice? Quizás no volveré nunca más a escrib… Siempre me pasa esto. ¿Pero cómo fue?
¿Tienes el síntoma de la impostora?
No sé qué decirte de eso. Hacer un libro... siempre podrías no haberlo hecho. ¿Y por qué lo haces? Porque no lo puedes evitar. Es decir, a mí me gusta contar historias porque me interesa profundamente la gente, me encanta la gente, me gusta todo el mundo. Hay gente que me cae muy mal, pero una vez iría a cenar con ellos, una, para saber qué dicen.
El libro lo dedicas a tu madre, que murió cuando eras adolescente. ¿Ser madre te ha ayudado a entender mejor a tu madre?
Mi madre fue una madre muy diferente de lo que yo soy. Mi madre no tuvo una vida fácil o bonita. A mí, ser madre, me ha divertido tanto, me parece tan maravilloso. Mi hija, cuando nació, me hacía reír mucho. Pensaba: es la mejor humorista que conozco. Yo iba apuntando las bromas que hacía, el primer pronombre relativo, la primera mentira, el primer "yo no he sido", que es buenísimo, es el primer signo de inteligencia, y cuando cumplió los 18 se lo di.
