¿Habéis llorado alguna vez en el trabajo? ¿Os habéis pillado del machista prototipo? ¿Sabéis qué quiere decir el síndrome de la impostora? Sí, sí y sí. Mayoritariamente, solo hay esta respuesta.

Puede sonar muy básico empezar con el tan escuchado "lo personal es político", pero seguramente es la frase que mejor define el nuevo cómic de Moderna de Pueblo, Coñodramas. El libro, creado por la catalana Raquel Córcoles y Carlos Herrerro, explica como Moderna y sus amigas, Zorry, Gordi y Pescada intentan hacerse sitio en un mundo de hombres.

Las tramas de cada una de ellas avanzan mientras se van encontrando con situaciones absurdamente comunes y profundamente machistas, que la autora canaliza con ironía e, incluso, un punto de frivolidad. Con conceptos como el "Baby Moobing", "el coño machista", "el síndrome de la invitada desconocida" o "la pirámide del respeto", el cómic narra desde una visión costumbrista problemas probablemente llamados irrelevantes, pero que se viven como todo un infierno. De un modo desvergonzado y desacomplejado, habla del terror a quedarse soltera o del derecho a la mediocridad, como contraposición a las presiones sociales y a las dificultades para las mujeres de ser reconocidas profesionalmente.

La historia del grupo de amigas se intercala con la entrega de un cómic dentro del cómic, que lleva el mismo título: Coñodramas, la fuga de las secundarias, donde las protagonistas se convierten en tres superheroínas que escapan de una nave de hombres bajo el nombre de Nabe Navo porque, básicamente, son insoportables. En la línea de su anterior cómic, Idiotizadas, a Moderna no le tiembla el pulso cuando se trata de subrayar actitudes masculinas reprobables que hacen el libro no apto para los del #NotAllMen. Pasando desde la figura del amigo muy aliado, pero que no valora el trabajo de su colega, hasta el terrible prototipo que no se levanta del sofá a por su propia cerveza.

Los superpoderes de las SuperCoñis son la descripción de la antifeminidad y la contra a los cánones de belleza: el sobrepeso, el pelo de la axila y el mal olor corporal, que se activa con lemas de empoderamiento. Y la magia pasa cuando descubres todo el universo creado para las superheroínas, antagónico en cualquier cómic de superhéroes, donde tu abuela lidera el país de los cuidados y las invisibilizadas, y tener la regla implica prácticamente baja laboral.

Así, las protagonistas se tropiezan con muchos problemas hipernormalizados mientras intentan escalar profesionalmente en mundos laborales hechos en su contra. Como le pasa a Moderna, sintiéndose ridiculizada por su público (que solo te lean mujeres no da "prestigio"), o a Zorry, que intentando caer bien a los humoristas de moda (podrían ser perfectamente David Broncano o Ignatius Farray) representa una especie de Thais Villas decidiendo si valen la pena las colaboraciones con los señoros para entrar en el grupo de los que molan.

Y poco a poco, por fin incorpora realidades que el público le reclamaba hacía tiempo: diversidad racial y LGTBI. Córcoles, que a menudo se ha mostrado autocrítica con sus trabajos polémicos más antiguos por acabar resultando machistas, muestra en este cómic un espectro más inclusivo y representativo de mujeres, "con coño y sin".

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