Carlota Gurt (Barcelona, 1976) regresa a la novela con Els erms, la obra con la que ha ganado por unanimidad el undécimo Premio Llibres Anagrama de novela y que confirma la singularidad de una de las voces más potentes de la narrativa catalana contemporánea. Ambientada en el pantano de Sau, en medio de una sequía persistente y bajo una niebla casi espectral, la novela parte del encuentro aparentemente fortuito entre Ramona y Faust, dos personajes que, más allá de cualquier lectura sentimental convencional, quedan unidos por una especie de obsesión mutua, íntima e inexplicable. Pero Els erms no habla solo de la falta de agua. Tal como explica Gurt, la novela se adentra en todo tipo de sequías: emocionales, creativas, nacionales, lingüísticas e incluso morales, convirtiendo el paisaje reseco de Sau en una metáfora poderosa del malestar contemporáneo. Entre silencios, ausencias y grietas personales, la escritora construye un relato que oscila entre la lucidez, la inquietud y la fabulación, y que interroga la fragilidad de los vínculos y los vacíos que habitan los personajes. 

Gurt es autora de las colecciones de cuentos Cavalcarem tota la nit  (Premio Mercè Rodoreda 2019), escritos con humor, pero que, a la vez, provocan un cierto desasosiego, y Biografia del foc, del 2023, que consolida su estilo narrativo. La primera novela de la autora, Sola, del 2020, obtuvo un gran éxito de crítica y de lectores. Con La teoria dels forats (Premi Guillem Cifre de Colonya 2024), Gurt hizo la primera incursión en la novela juvenil. Su última obra es el ensayo Una aniquilació fallida, sobre el deseo femenino que ha transformado también en una conferencia performática. 

En esta entrevista, conversamos sobre el origen de la historia que se esconde detrás de Els ermsel peso simbólico del paisaje, la relación entre realidad y ficción, y la manera como la literatura puede convertir los desiertos íntimos de una época en materia narrativa. Hablamos también del proceso de escritura, de las ilusiones que la empujan a vivir, del cambio de editorial y de la maravillosa fotografía de la cubierta del libro.

Carlota Gurt / Foto: Alba Richart
La escritora Carlota Gurt con su última novela 'Los páramos' / Foto: Alba Richart

¿Con qué estás trabajando ahora?, porque no paras nunca quieta.
Ahora mismo estoy traduciendo la novela al castellano, Los páramos, estoy con una traducción de Freud, ya tengo la primera versión acabada, y me faltan las revisiones. Y estoy con la biografía de Rafa Serra, que me pidió que le escribiera la biografía. La idea es acabarla este año y estoy con el monólogo también (Una aniquilació fallida), que voy haciendo monólogos por el mundo. En marzo he tenido unos ocho y ahora lo haré en Mallorca, Cervera...

Esto de hacer reír a la gente es como un superpoder. Me devuelve una imagen de mí misma que me gusta

Caramba. Esto quiere decir que está gustando.
Sí, está funcionando superbien. La verdad es que en todas partes donde voy hay entradas agotadas o casi, y la gente es muy entusiasta. Me lo paso muy bien y me gano bien la vida.

¿Cómo ha sido la experiencia de subir a un escenario, de escribir tu propio monólogo y de hablar de la libido? ¿Qué te dice la gente?
Al principio tenía mucho miedo porque da un poco de respeto. Ahora ya no me pongo nerviosa. Es muy agradecido porque funciona. La gente viene a darme las gracias, viene a abrazarme. También ríen. Esto de hacer reír a la gente es un superpoder. Me devuelve una imagen de mí misma que me gusta. A veces la gente me encuentra muy solemne, muy seria, o que doy miedo. Y sí, es muy bonito hacer reír a la gente, me hace sentir muy bien. Hay muchas mujeres que me dicen: "Esto lo deberías hacer en los institutos". Hay gente que a veces me dice: "He estado a punto de ponerme a llorar", aunque tiene momentos dramáticos y cómicos, también.

Quería desactivar la idea de que fuera una novela sobre sexo, sobre amor, porque lo primero que piensa el lector es que (los protagonistas) se lían

He leído que has estudiado cinco carreras. Eres una persona polifacética con muchas inquietudes.
Ahora también he escrito un libreto de ópera. Hago el dietario, he hecho una novela infantil. Esta idea de probar cosas diversas.

¿Necesitas probar otras cosas para descubrir otras Carlotas Gurt?
Me gusta mucho aprender cosas, me parece muy enriquecedor, muy estimulante.

Carlota Gurt / Foto: Alba Richart
Carlota Gurt / Foto: Alba Richart

La idea es que el libro sea una recopilación de todas las sequías, de las sequías individuales, de la sequía profesional, emocional, existencial, creativa, nacional, lingüística...

La novela Los páramos empieza por el capítulo XXVI, que es el final de la historia. ¿Por qué decides desvelar información sobre Ramona y Faust así de entrada?
La idea de empezar por el final es doble. Por un lado, porque cuando leemos siempre necesitamos que haya preguntas, hipótesis. Forma parte de la gracia de leer, intentar adivinar. Estos dos personajes, ¿qué hacen teniendo esta conversación? No se conocen, pero ¿por qué se tienen que conocer? Y entonces, cuando ves quiénes son Ramona y Faust, la pregunta aún se hace más grande. ¿Cómo es que estas dos personas acaban teniendo esta conversación? Como lector, esto te empuja a seguir leyendo para responder a la pregunta. Y el otro es porque quería desactivar la idea de que fuera una novela sobre sexo, sobre amor, porque lo primero que piensa el lector es que se lían. Y como no quería que en ningún caso el lector jugara con esta hipótesis, la quería desactivar de entrada.

Barcelona es una especie de desierto lleno de expats

El libro llega en un momento en que no sufrimos sequía. Más allá de la sequía climática, ¿de qué otras sequías hablas?
La idea es que el libro sea una recopilación de todas las sequías, de las sequías individuales, de la sequía profesional, que es una sequía que inunda nuestra sociedad. La gente está haciendo trabajos que no le gustan, están insatisfechos. De la sequía emocional, de la sequía existencial, porque qué sentido tiene mi vida, qué ilusión tengo, hacia dónde voy. La sequía creativa, también. Y después hablar de las sequías colectivas, la sequía climática, evidentemente, también la sequía nacional, la sequía lingüística, Barcelona, que también es una especie de desierto lleno de expats y de otras cosas. Y hablar de este tipo de desiertos que habitamos.

De todas estas sequías, ¿cuál te preocupa más?
Supongo que la que más me inquieta en el ámbito colectivo es la sequía nacional, incluye la cosa lingüística, de qué tipo de país vivimos. ¿Tenemos el país que queremos? ¿Tendremos el país que queremos? La deriva de Catalunya; y en el ámbito personal, la idea existencial, de decir, hacia dónde voy, qué ilusión tengo para salir adelante. Yo creo que es un libro sobre las ilusiones, sobre cuando no tienes ilusión, cuando no tienes alegría, de dónde la sacas, cómo te la inventas, esta ilusión. Esto es algo que me pregunto a menudo. Cuesta mucho inventar las ilusiones, que es lo que tenemos que hacer. La solución de sequía siempre está aquí dentro (Se señala la cabeza). También como país.

Me parece muy preocupante y muy triste ir perdiendo todo este patrimonio lingüístico, cultural

Como país, ¿ahora cómo te sientes? ¿Huérfana, desilusionada?
Sí, muy desilusionada, con muy poca perspectiva de mejora o de sentido. Especialmente por el tema de la lengua, me parece muy preocupante y muy triste ir perdiendo todo este patrimonio lingüístico, cultural. Y políticamente, sí, bastante huérfana. Siempre pienso que deberíamos inventar un sistema de voto en el que pudieras votar en contra. Porque a veces no sabemos a quién votar, pero sabemos a quién no queremos votar. Y como sistema democrático quizás funcionaría mejor.

Agradezco mucho cuando alguien me dice cosas desagradables que cuestan de decir, porque tienen que hacer un esfuerzo. Solo vivimos dentro de la cultura de la adulación. Esto es un poco estéril

¿Te gustaría meterte en política?
No, no. De hecho, cuando fui a listas con Jordi Graupera, le dije: "Me puedes poner, pero al final de todo, porque no me veo, no tengo el carácter adecuado".

¿Porqué no sabes decir mentiras? En el libro hablas de las mentiras, no te gustan mucho.
No me gustan mucho, no. Prefiero la cruda verdad. Cuando voy a clubes de lectura, lo primero que digo: "Si no os ha gustado el libro, por favor, decídmelo. Me podéis decir: "Este libro es una porquería". Agradezco mucho cuando alguien me dice cosas desagradables que cuestan de decir, porque tienen que hacer un esfuerzo. Y de eso aprendes también. Si nadie te dice las cosas que haces mal, ¿cómo llegarás a hacerlas bien? Solo vivimos dentro de la cultura de la adulación; solo te llegan las cosas buenas. Y es un poco estéril.

¿A Melcior le pides la opinión? ¿Le enseñas lo que vas escribiendo? ¿Es bueno eso de tener una pareja también, escritor?
Ni frío ni calor. A veces la gente se imagina que con Melcior (Comes) estamos todo el día enseñándonos los textos y no es así, además yo creo que él tiene una línea muy diferente de la mía y entonces nuestra idea literaria no coincide en absoluto. Quizás si tienes una pareja escritor que tiene la misma línea, pero no solemos tener muchos enganches con eso.

A veces tengo la sensación de que escribir es alejarse de la realidad

¿Qué quieres decir con que la línea es diferente? ¿Son libros para públicos diferentes?
Sí, a mí las tramas sobrecargadas, con exceso de artificio no me gustan. Y para mí es muy importante el fondo psicológico.

¿Para ti qué es más difícil de construir? ¿La psicología de los personajes, los diálogos, la trama o encontrar el lenguaje?
No, lo que más me cuesta, seguramente, es la trama, porque es la parte de artificio; puedo tener personajes y tengo claro cómo se sienten o qué les pasa o por qué son como son, cuál es su lógica del mundo, y después quizás lo que me cuesta más es poner todo eso en danza con una historia.

Carlota Gurt / Foto: Alba Richart
Carlota Gurt / Foto: Alba Richart

Antes, cuando me hablabas de las sequías, mencionabas la sequía existencial y la dificultad de encontrar ilusiones. ¿Qué te ilusiona, a ti?
La ilusión de ser una buena madre. La idea de hacerlo bien, de acompañarlos bien. Por otro lado, tener una sensación de plenitud, de contacto con la realidad. A veces tengo la sensación de que escribir es alejarse de la realidad. Estás encerrado con tus neurosis. Y a veces me hago listas, yo soy mucho de hacerme listas de cosas. Yo creo que una de las cosas que más ilusión me hace es hablar con amigos. Y comer, comer me gusta mucho.

¿Cómo ha sido la idea de situar una parte de la trama en el Pantà de Sau?
Toda la novela viene de un día que fui allí de casualidad y decidí que quería tener a Ramona (la protagonista) pasando Navidad allí. Y decidí ir allí a pasar una Navidad acompañada, y pasamos dos noches, la noche de Navidad y la noche de San Esteban en el Parador, con la idea de alejarlo de la ficción, porque si me lo hubiera podido inventar todo, habría puesto un hotel en el que no habría nadie. Como estaba lleno de gente, el libro tendrá que estar lleno de gente, porque me gusta esta idea de coger la realidad y mirártela con ojos literarios. Lo mismo hice con el Fausto, cogí un tren, fui a los Monegros, al Prado. Para mí es importante la realidad.

En el libro das las gracias a los trabajadores del Pantano, es decir, aquí hay un trabajo de documentación importante, porque además hay detalles muy técnicos de la gestión del embalse. ¿Cómo ha sido este proceso de documentación?
Me ha sido necesario documentarme porque me gusta la idea de que sea todo verosímil. Y también porque me da seguridad, porque creo que cuando escribes, son muy importantes los detalles, ir a una presa y ver cómo es por dentro, ver la sensación que tienes, el olor que hace, igual que ir a los Monegros y ver qué piedras hay.

Los protagonistas se conocen por casualidad. En el libro dices que la arbitrariedad trastoca continuamente nuestros planes. ¿A ti qué incidente en tu vida te ha cambiado tus planes o te ha condicionado más la vida?
Ostras, muchos. Seguramente uno de los últimos fue conocer a Melcior. Era mi profesor de la escuela de escritura. Que no me caía particularmente bien, quiero decir, y fui a una comida con los alumnos y allí noté... uy, uy. A aquella comida no habría podido ir, porque yo estaba en mi casa, con los niños, quiero decir que quizás lo más normal hubiera sido no ir, ¿no? Y todo habría sido diferente. Es eso, las casualidades, en cualquier momento te puede pasar una desgracia o te puede pasar una cosa maravillosa, en cualquier momento, ahora mismo. Vete a saber, quizás tú serás una persona importantísima en mi vida y no lo sé. No podemos preverlo. Y eso está muy bien.

¿Crees en las casualidades?
Todo el tiempo, sí. Siempre tengo esta sensación de que todo es posible. Sobre todo cuando te pasan cosas bestias. Cuando te enamoras, cuando te divorcias, cuando se te muere el padre, cuando tienes momentos de estos de extrema fragilidad o de cambio de coordenadas vitales, de repente es como que el mundo te parece un lugar lleno de posibilidades. Porque estás en aquel momento tan abierto a todo, que es eso, que ves en cada esquina posibilidades de cualquier cosa. La sensación de improvisar es una cosa que me gusta mucho en la vida, y últimamente, no hago nada más que trabajar, echo de menos hacer alguna locura, que me divierte mucho.

En Los páramos utilizas muchos simbolismos. ¿Me quieres hablar de ellos?
Hay la niebla, que te obliga a mirar hacia dentro porque no te permite ver nada. Hay la presa, que es una especie de doble de nuestra psicología, hasta qué punto nosotros tenemos unas presas y unas compuertas que están conteniendo cosas, pero que de vez en cuando hay una grieta y lo revienta todo, hay filtraciones y goteos. Hay la idea de los desiertos, las cicatrices de Ramona, todos tenemos cicatrices que nos pican y a veces nos hacemos sangre de tanto rascarlas.

¿Qué buscan, exactamente, Ramona y Fausto, los protagonistas de la novela, y por qué se sienten tan atraídos el uno por el otro?
Yo creo que ambos buscan la alegría. Buscan la idea de tener una ilusión, de tener una zanahoria que los estire hacia delante porque, de repente, la han perdido. Yo creo que en la vida todos, de vez en cuando, nos deberíamos hacer la pregunta: ¿Estoy haciendo lo que quiero con quien quiero? Porque si no, por inercia, acabas haciendo lo mismo. Yo creo que, de vez en cuando, está bien detenerse. Son dos personajes que han perdido un poco la alegría y la están buscando. Ramona es una persona que, físicamente, impone mucho, es muy alta, muy delgada, se mueve muy despacio, es una persona de esas que si la vieras en un restaurante, te fijarías en ella. Y Faust, en principio, no es tan obvio que Ramona se fije en él, pero tiene un punto que le despierta ternura y yo creo que la ternura es algo muy valioso. Si todos alimentáramos un poco más la ternura, el mundo sería un poco mejor. 

Yo he dado unos cuantos volantazos en la vida. Por los trabajos y por la vida personal, por todo

¿Eres de las que se detiene constantemente y se pregunta si está satisfecha con lo que hace y lo que tiene?
Seguramente lo hago demasiado; llego a un punto que tampoco es sano. Yo he dado unos cuantos volantazos en la vida. Por los trabajos y por la vida personal, por todo. Quizás a veces también hay que dejarse llevar, quizás sé poco. Yo antes hacía de jefa de producción de artes escénicas y cuando ya tenía un hijo me apunté a estudiar traducción y decidí dejarlo todo y ser traductora a los treinta y tres. Una cosa que me obsesiona bastante es pensar que cuando yo tenga ochenta años y mire atrás, si es que llego, pensaré que he hecho lo que tenía que hacer, no me gusta pensar que me moriré arrepintiéndome de cosas. Es importante no olvidarse de perseguir lo que quieres.

Has cambiado de editorial. Antes estabas en Proa y te has pasado a Anagrama. Las cubiertas de Proa eran ilustraciones muy bonitas. En este caso, es una fotografía real del Pantà de Sau en blanco y negro. ¿La has elegido tú?
Esta es una foto que encontré en un libro que se llama Historia de la construcció del pantà de Sau. Es un tocho que editaron en el Ayuntamiento de Vilanova de Sau, y que habla de toda la construcción, y hay un momento que habla del Club Náutico, y había esta foto que me gustó mucho. Me puse a buscarla a través del Ayuntamiento y a través de la editorial que había impreso el libro. No llegué a encontrar la foto, encontré al señor, se llama Jaume Palau y vive en Vic, vino a la presentación en Barcelona, me hizo mucha ilusión. Y entonces, cuando entré en Anagrama dije: "Tengo una idea de cubierta", yo siempre tengo ideas para mis cubiertas, siempre me habían dicho que no, y me dijeron que sí. Les gustó mucho porque Los páramos es una novela que habla de las sequías, pero que al final esta imagen te da un tono irónico o un poco alegre. La idea de que en un lugar que es un desierto, se llena para hacer esquí acuático. Y como idea de contraste, me gustaba. Y además, este tipo de movimiento de libertad, me gusta.

Tanto Irene Solà como Pol Guasch han ganado el Premio Anagrama también y les ha ido bastante bien. ¿Tú estás satisfecha con el cambio?
Sí, claro, hice el cambio sabiendo cuáles eran los pros y los contras, una cosa que había estado sopesando mucho tiempo. Si el libro no va bien, tampoco será culpa de Anagrama. Será culpa mía, culpa del libro, culpa de que el mundo es como es. Creo que aquí quizás tengo un público más natural que el de Proa, quizás me equivoco. Ya lo veremos.