No parece que la fecha de regreso a las librerías de la obra Camins de França, de Joan Puig i Ferreter (la Selva del Camp, 1882-París, 1956), a finales del mes pasado, haya sido gratuita. Se puede afirmar sin temor a equivocarse que es una reedición recibida como agua de mayo por el mundo literario catalán. Proa ha reeditado la novela autobiográfica que el escritor de la Selva del Camp publicó en 1934. Una obra de un fervor romántico que llegaba dos años después de Vida privada, de Josep Maria de Sagarra. A pesar de ser un autor reconocido, su presencia en el ámbito político, como diputado de Esquerra Republicana y conseller de Justícia de la Generalitat republicana, y su posterior exilio en Francia hicieron que su literatura hubiera quedado hasta cierto punto en los márgenes.
Enric Casasses, poeta y 52.º Premi d’Honor de les Lletres Catalanes, ha sido el prologuista de la nueva edición. En conversación con ElNacional.cat, comenta que hay obras de la literatura catalana que ya no están bajo el foco, "han quedado aparcadas", y que por eso la reedición facilita redescubrirlas a generaciones de nuevos lectores para "mantener el legado cultural". En el caso de Camins de França, además, se rescata una de las mejores novelas del autor, de quien también se valoran otros títulos como El cercle màgic, Vida interior d’un escriptor o Servitud. "Es un escritor que se tiene que tener en cuenta, es importante", subraya el poeta.
No se queda solo celebrando la reedición de la gran obra de Puig i Ferreter. Lo hace también la historiadora de la literatura y doctora en Filología Catalana de la Universitat Rovira i Virgili (URV) Montserrat Corretger. La experta atiende ElNacional.cat por teléfono desde su casa en Reus: la reedición, afirma, facilita la lectura y, si se recupera una obra interesante, se convierte en "un acto de justicia". Ahora bien, Corretger, que durante muchos años ha sido profesora de literatura, se declara "muy amiga" de invitar a todo el mundo a visitar librerías de viejo y de ocasión. Allí se pueden encontrar ediciones anteriores de la novela en cuestión, publicada originalmente en 1934, y obras de otros autores de "mucha calidad", fuera del mercado de novedades constantes, de una calidad que Corretger cuestiona. De hecho, aconseja a quien le guste Camins de França que complemente la lectura de la obra con la de otro autor tarraconense, Plàcid Vidal, L'assaig de la vida. El reto será encontrar un ejemplar...
“Hay dos niveles de literatura —advierte la profesora—: la primera línea de fuego ocupada por el mundo mediático, obras muy protegidas por la industria, de muy poca calidad y con unos sesgos muy claros, que acostumbran a ser los mismos; es literatura de pura evasión, fácil para que todo el mundo se lo pase bien. Después tienes la literatura de verdad, que está menos leída y escrita”. Esta dinámica del mercado deja a algunos autores “arrinconados”, lamenta. Y a los autores muertos esto les puede afectar todavía más, cosa que juega en contra de mantener su legado y el patrimonio literario catalán.
Puig i Ferreter, su singularidad
La singularidad de Puig i Ferreter reside en el hecho de que “es a la vez personaje, autor y escritor, todo en una sola cosa; y como personaje, muy curioso, con una manera de ser muy peculiar, que ha hecho que algunos hayan llegado a decir que era una especie de Dostoievski”. En el prólogo de esta nueva edición, Casasses recoge una cita de Carles Riba sobre la obra, a caballo entre la biografía y la novela. El poeta escribió que en el libro se revela un hombre, y que “un hombre construido por un artista de genio no se parece nunca a ningún otro”.
Sobre este aspecto, Corretger define Camins de França como “una novela valiente” y la emparenta con la autoficción moderna. Por aquí, Ferreter fue un pionero. “Narra de manera novelada su propia vida y no se detiene ante muchas cosas, ante nada; es una de las primeras veces que se nota esta pulsión directa del autor hacia el lector sin muchos límites: es muy humano”, comenta la doctora. Es, además, una novela que “indica la evolución de la ideología modernista romántica en un individuo”. Corretger señala el contraste de Vida privada con la obra de Puig i Ferreter, una autoficción que “reivindica el pensamiento romántico modernista, un modernismo que a finales del siglo XIX había dado los primeros frutos”. Camins de França “es un alegato a la posición romántica” y este hecho explica que el autor de la Selva del Camp “fuera siempre atrasado respecto a las ideas modernistas”.
Su concepción literaria se basaba en la defensa del personaje hasta la negación de sí mismo, explica Corretger. "Con una pasión de los sentimientos que hace pensar que él creía en ello; tuvo una vida muy problemática y compleja, fue un hombre vehemente, se mezcló el ideal romántico y él era un superviviente". En su literatura llega a dar "las claves de su vida, del pasado y del futuro; siempre luchó por él, por triunfar, por existir, por contar y ser contado entre los que contaban". Y de este anhelo llegó a participar en política, a tener cargos. "Fue una lucha personal que no tuvo freno", dice Corretger, un objetivo que se relaciona estrechamente con el hecho de haber sido un hijo no reconocido por el padre.
Los límites entre realidad y ficción
Sus peripecias vitales, su viaje iniciático que lo lleva de la Selva del Camp a Barcelona y luego a Francia, son los ingredientes de una novela biográfica en la que no queda claro hasta dónde llega la realidad y cuándo el autor empieza a fabular. "Si se lo inventa, es genial; y si lo recuerda, también, porque es imposible recordar con tanto detalle todos los conflictos mentales que tenía, pero al mismo tiempo es convincente", comenta el poeta Casasses. Sobre esta delicada línea que separa realidad de ficción, Corretger apunta que "el esqueleto" de la novela es la vida real del autor, pero "evidentemente el novelista lo que hace es divertirse con aquella vida propia, en algunos casos extremando cuestiones, dando una visión que él quiere".
Tanto Casasses como Corretger apuntan al carácter conflictivo de Ferreter como uno de los aspectos que quizás han hecho que su obra, a pesar de tener una calidad y un valor de primer orden, no parezca haber sido suficientemente reivindicada después de exiliarse. El poeta opina que, a pesar del centralismo de Barcelona, autores de otros lugares de Catalunya han contado con apoyo. Para Corretger, Puig i Ferreter "ha sido poco reconocido porque siempre ha arrastrado" el estilo de hacer "agrio, de este mundo terrenal y campesino", con esta aura "de ser un recién llegado a la literatura, un marginal". Al autor de la Selva del Camp también le perjudicó el hecho de que cuando él continuaba manteniendo viva la influencia del modernismo, "empezaba el Noucentisme y la Mancomunitat iba por otro camino", señala la catedrática de la URV. "No se salió del todo de su lucha por tener un nombre entre los que cuentan; es un gran personaje, pero lo perdió su vehemencia", concluye.
