El debate del absentismo llega con mucha fuerza

La experiencia nos demuestra que, cuando a nuestro alrededor se producen debates económicos, más pronto que tarde estos acaban aterrizando en España. Y aunque la determinación con la que el canciller alemán, el democristiano Friedrich Merz, ha anunciado la cruzada contra el absentismo laboral tiene mucho que ver con el hecho de que el país germano acumule dos años consecutivos de contracción económica y la productividad lleve tiempo estancada, la discusión va a permitir que en un país donde existe un gobierno de coalición con los socialdemócratas del SPD se aborde con mucha mayor reflexión. Pero ya es interesante de por sí —e impensable en España, donde los acuerdos parlamentarios no existen— que se esté hablando de un paquete de medidas económicas aprobadas por la coalición gubernamental. Lo que quiere decir que los socialdemócratas han acabado aceptando esta carpeta dentro del acuerdo de 34 reformas económicas, laborales y sociales que tanto ha hecho chirriar estos últimos tiempos el acuerdo de gobierno.

El objetivo declarado es recuperar el crecimiento económico, mejorar la competitividad y responder al avance electoral de la extrema derecha, que ya quedó en las últimas elecciones del pasado año en segundo lugar, con el 20,8 % de los votos, y muchas encuestas ya la sitúan en estos momentos en primera posición. Para ello se propone una sustancial rebaja de impuestos de unos 10.000 millones anuales, que supongan un alivio fiscal importante para las clases medias y bajas; la reforma de las pensiones, adaptando progresivamente la edad de jubilación a la esperanza de vida y limitando algunas modalidades de jubilación anticipada; mucha menos burocracia, simplificando trámites administrativos, el mantra del momento que todas las administraciones predican, con Estonia como modelo; incentivos a la inversión, apoyos a sectores industriales y tecnológicos y medidas para acelerar proyectos de infraestructura y viviendas; y las polémicas medidas del mercado laboral como el certificado médico desde el primer día, el fin de las bajas médicas telefónicas y mayor flexibilidad para los contratos temporales. 

Merz ha sido claro: Alemania ya no puede asumir los niveles extraordinariamente altos de bajas laborales porque perjudican la competitividad del país

Merz ha sido claro: Alemania ya no puede asumir los niveles extraordinariamente altos de bajas laborales porque perjudican la competitividad del país. Estamos hablando de la locomotora de Europa y la sinceridad del canciller debería preocuparnos. En estos momentos, los trabajadores alemanes registran más de 20 días de baja médica al año, una cifra elevada en comparación con otros países europeos, y la jornada semanal media de horas efectivas realmente trabajadas (no de la jornada legal), según los últimos datos de Eurostat de 2025, fue de 33,9 horas, inferior a la media de la UE, pero también a la de Francia o Polonia. En España, el Gobierno reconoce que el aumento del absentismo es un problema, pero rechaza endurecer de forma generalizada el sistema de bajas; la CEOE sostiene que el aumento de las bajas es un problema de país y reclama reformas, y los sindicatos sostienen que hay que mejorar las condiciones laborales y reforzar la sanidad pública, en lugar de endurecer las bajas médicas. Vamos, cada uno tira para el lado que más le conviene.

En medio de la polémica en Alemania, Oliver Bäte, el consejero delegado de Allianz, una de las mayores compañías de seguros y gestión de activos del mundo y que tiene su sede en Múnich, ha propuesto recuperar un sistema similar al sueco, en el que el primer día de baja no se cobra íntegramente, con el objetivo de reducir el absentismo. En España, donde el absentismo es incluso más elevado en término de porcentaje de horas perdidas, según Adecco, la empresa líder mundial en recursos humanos, la economía española ha venido creciendo con fuerza en los últimos años, mientras que la alemana ha atravesado una fase de estancamiento. Pero ello se ha debido al dinamismo del turismo, los servicios, la construcción y la llegada de fondos europeos. Pero que nadie se engañe, los fondos europeos no nos seguirán ayudando y no se puede querer prescindir, en el porcentaje que sea, del turismo y ser dependientes de este casi en exclusiva. Porque, entonces, los números no dan.