El 10 de mayo de 1940 tropas alemanas iniciaron una gran ofensiva sobre los Países Bajos, Bélgica y Luxemburgo que concluyó el 22 de junio con la firma del armisticio por parte del gran trofeo que buscaba Adolf Hitler: Francia. Tras las conquistas de Polonia, Noruega y Dinamarca, la Segunda Guerra Mundial se decantaba, de momento, del bando del Eje.

La brevedad de la campaña, el acertado uso de las fuerzas mecanizadas y la derrota sin paliativos de Francia y sus aliados británicos dieron alas al mito de la invencibilidad del ejército alemán y convirtieron la Blitzkrieg —guerra relámpago— en un modelo a seguir. Ahora bien, ¿fue tan perfecta aquella campaña? ¿Respondió al cien por cien a las expectativas creadas por el alto mando alemán?

La realidad es que el desenlace tuvo mucho que ver con la planificación y el uso de los tanques, pero también, como es habitual en un conflicto bélico, con las capacidades de liderazgo, las decisiones personales de los mandos, incluso más allá de las órdenes, y, sobre todo, con los errores, propios y ajenos.

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Eso es lo que intenta explicar el historiador Lloyd Clark en Blitzkrieg. Mito y realidad en la guerra relámpago de Hitler: Francia, 1940 (Pasado & Presente), un título que, a pesar de tener voluntad revisionista, lo que hace en realidad, más que desmontar pretendidos mitos, es explicar de manera bastante pormenorizada la campaña, con especial atención en la elaboración de los planes por parte del alto mando alemán. El plan definitivo, que buscaba romper el frente por Sedán, cruzando las Ardenas belgas y apareciendo de golpe sobre el río Mosa, cruzarlo y abrir de par en par las puertas de Francia, no fue ni el primero ni el segundo plan de los nazis; de hecho fue el cuarto, y todavía sufrió cambios sobre la marcha. En paralelo, los planes operativos de Francia y la FEB  —Fuerza Expedicionaria Británica—, a pesar de convertirse en un fracaso total, tampoco estaban abocados decididamente al desastre.

El plan francés: llevar la guerra a Bélgica

Con el apoyo de la línea Maginot en la frontera con Alemania, Francia tenía previsto presentar batalla a los nazis justo en medio de Bélgica, suponiendo que el ejército belga sería capaz de resistir suficiente tiempo el embate alemán para permitir la llegada de franceses y británicos. Y de hecho, esa parte del plan funcionó tan bien que permitió que los alemanes, una vez roto el frente en Sedan, giraran hacia el mar, con lo que centenares de miles de soldados enemigos quedaron atarapados. Buena parte de ellos serían finalmente evacuados en Dunkerque.

Rommel blitzkrieg wikimedia

Rommel (en el centro de la imagen) desobedeció órdenes para avanzar el máximo posible

El relato de Clark sobre estos hechos es minucioso y detallista y a menudo incluye consideraciones sobre qué podría haber pasado si los aliados hubieran sabido prever los movimientos del enemigo.

Los alemanes, ¿invencibles?

Ahora bien, ¿cuál es pues el mito de la Blitzkrieg? Más allá del subtítulo del libro, el hecho es que Clark no lo deja lo bastante claro, pero se puede interpretar que lo que mitificó la campaña era la presunción de que el plan alemán era invencible y que todo funcionó como un mecanismo de relojería, porque así se encargó a posteriori de publicitarlo la maquinaria propagandística nazi. En este aspecto, hay que darle la razón al autor, ya que, efectivamente, ni todo el pescado estaba vendido el 10 de mayo, ni ningún mando, ni francés ni alemán, se habría jugado un franco o un marco a que la campaña acabaría con la rendición de Francia en menos de dos meses.

alemanes pares blitzkrieg wikimedia

Soldados alemanes desfilan por París, el culmen de la campaña

Así pues, ¿qué es lo que comportó la victoria fulminante? Muchos factores al mismo tiempo. Un plan preconcebido lo bastante audaz para sorprender a los franceses, pero que hizo sufrir a más de un comandante alemán, que no veía nada clara la resolución de Heinz Guderian y Erwin Rommel de lanzar sus columnas de tanques sin esperar a la infantería  —y desobedeciendo órdenes—, porque ello alargaba las líneas de comunicación y ponía en peligro toda la operación; un hecho que explica parcialmente la orden de detención que impidió destruir a los ejércitos aliados en Dunkerque.

En la derrota francesa también tuvo que ver la indecisión aliada para responder con las mismas armas al enemigo y también la incapacidad de sus líderes militares. Todo ello originó un cúmulo de despropósitos que condujeron a Francia a la derrota. En este sentido, el libro de Clark se convierte en una guía útil para entender qué pasó y también, qué podría haber pasado con un poco más de determinación por parte aliada, pues queda suficientemente demostrado que los alemanes no eran, ni en aquel momento ni en ningún otro, invencibles. Años más tarde, la guerra cambió de signo, pero de la ocupación alemana todavía quedan restos, algunos de ellos insospechados, como el actual huso horario francés, que es el mismo que el español.

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