Aryz nació en Palo Alto, en California, hace 30 años, pero desde pequeño vive en Catalunya. Se inició en el mundo del grafiti en Cardedeu, donde se crio, pero poco a poco fue dedicándose a los grandes murales. Ahora es un prestigioso muralista e ilustrador, que ha trabajado en paredes de edificios por todo el mundo: de China a Venezuela y de Alemania a Madagascar. Sus calaveras, y sus animales medio robotizados se encuentran en paredes de todas partes. Aryz participó hace una semana, en el CaixaForum Barcelona, en un encuentro con su público patrocinado por la Caixa. Aryz no se prodiga mucho en los medios; en realidad, ni siquiera se encuentran muchas fotos suyas en las redes. Prefiere que se le conozca por su obra que por su rostro. Pero decidió que había que recoger la invitación del CaixaFòrum, porque afirma que "A la gente que venimos de la calle no se nos toma muy en serio". "Era una oportunidad que tenía que "aprovechar" explica y afirma que "aunque no es mi devoción dar conferencias", había que ir en nombre de todo el sector, para que "se vea que somos gente normal, que podemos hablar, que tenemos nuestros valores...".

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Intervención de Aryz en el CaixaFòrum. Foto cedida por la Obra Social la Caixa.

Un grafitero "poco salvaje"

Aryz, en el instituto, cuando estudiaba, entró en contacto con el hip-hop y empezó a hacer grafitis. Explica que, como era de Cardedeu, no se lanzó a las prácticas "más salvajes" de los grafiteros, porque en un pueblo todo el mundo se conoce y se prioriza la convivencia. Empezó, pues, a pintar paredes de fábricas abandonadas. No se arrepiente ni pizca: "Pude hacer obras muy grandes, con palos extensores. Y las fábricas abandonadas me dieron una infinidades de soportes...". Se considera, básicamente, un autodidacta; aunque pasó por la Facultad de Bellas Artes, asegura que su paso por la academia no fue determinante para su obra.

Un artista del siglo XXI

Aryz se dio a conocer a través de internet. Cuando empezó a publicar fotografías de sus murales, le empezaron a salir las oportunidades para viajar. En 2010 pintó su primera pared en Italia... Inicialmente no cobraba honorarios por pintar paredes: sólo exigía que le pagaran el viaje, las dietas y el material. De forma progresiva fue convirtiéndose en un profesional del mural: ahora cobra honorarios por pintar paredes, e incluso de vez en cuando puede contar con un ayudante... Paralelamente, hace obra de estudio. Dice que con ella se siente más libre, porque en las paredes no puedes experimentar tanto, porque siempre estás condicionado. La venta de los libros que autoedita y que vende por internet le sirve para recaudar fondos, porque tiene un alto número de seguidores aunque aquí no sea una figura muy conocida. Y, de vez en cuando, hace exposiciones. Ahora prepara una en París, para el próximo noviembre.

Aryz gasta un mínimo de 200 kg de pintura en cada mural, y tarda de 6 a 10 días al pintarlo, con una grúa

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Mural de Aryz en Algarve (Portugal). Foto: Muffin.

Pintar en grúa

Aryz generalmente pinta por encargo de organizaciones o instituciones. Cuando quieren que pinte alguna cosa le envían fotos de la pared, y si a él le interesa, empiezan las negociaciones. Escogerá el tema, a menudo, entre los esbozos que ha ido haciendo en el estudio, pero condicionado por la forma y ubicación del muro a pintar. Aryz explica que es más difícil pintar en una pared que en un lienzo, porque un lienzo siempre se ve desde un mismo sitio, en cambio un edificio tiene muchas perspectivas y "tienes que pintar para que se vea desde todas partes, y eso para mí es un reto", explica el muralista. Nunca usa ni proyector ni cuadrícula, a diferencia de sus compañeros. Y cuando hace las primeras rayas ya tiene el proyecto claro. Eso sí: no le suele ser fácil pintar: le hacen falta un mínimo de 200 kg de pintura (pintura plástica exterior o esmalte en el agua). Y una grúa, para poder acercarse a todas las zonas del muro... Tarda entre 6 y 10 días al hacer una de sus características pinturas.

Mucho Planeta en poco tiempo

Aryz ha trabajado en paredes de lugares muy diversos. Ha estado en China, en Madagascar, en Camboya, en Japón... Considera que los viajes lo han enriquecido mucho, porque "te das cuenta de cómo cada cultura percibe de forma diferente que una persona esté pintando". Y pone como ejemplo a Madagascar, dónde "seguramente la gente pensaba que era una tontería lo que yo hacía", porque "allí la gente se dedica a pescar. El cabeza de familia tiene que llevar comida a casa". Pese a sus éxitos, confiesa que cuando acaba algún mural se siente "un poco frustrado" por no haber conseguido pintar tal como quería: "Siempre pienso que la próxima pared será mejor", explica, y añade: "Como mínimo hay la esperanza de que lo sea".

Me gusta eso de que la pintura no dure para siempre

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Grafiti de Aryz en Civitavecchia. Foto: Nicholas Gemini.

Un arte volátil

Aunque el soporte más característico de Aryz son los grandes muros, también ha pintado camiones. Afirma que eso le gusta mucho, porque los camiones se mueven mucho y llevan su arte hacia lugares insospechados... Comenta que es "como el grafiti que hacen en los trenes a los chicos del ghetto: los pintan dentro del ghetto, pero sus pinturas acaban en el centro de la ciudad". En Madagascar, donde fue para rodar un documental, se dedicó a pintar velas de barcas. Dentro de unos meses o años, no quedará nada de su obra mural, pero eso no lo preocupa. Asegura que sabe muy bien que el suyo es "un trabajo efímero" y que la pintura se degrada rápidamente, por la luz, por el agua... "Me gusta eso de que la pintura no dure para siempre", explica el artista de Cardedeu, y añade: "Para mí tiene sentido que la vida de la obra de arte situada en un espacio público sea corta, porque la obra que hago ahora sólo tiene sentido en un momento determinado. Es importante que la gente la vea en su momento. Dentro de 50 años no sé si tendría sentido que mis murales estuvieran donde los he pintado. Ni siquiera sé si me gustaría que estuvieran allí". Y añade que si quisiera que su arte durara para siempre "no haría lo que hago", sino que trabajaría "con una pieza de mármol".

En sintonía con los grafiteros

Aryz ni tiene la apariencia del artista sofisticado inconformista ni la del grafitero afiliado a las bandas urbanas. En realidad, no se considera grafitero. Reconoce que se había dedicado a eso, pero afirma que nunca se destacó en este ámbito. Pero a diferencia de otros muralistas, no estigmatiza a los grafiteros: "Yo no me llamo grafitero para no faltar al respecto a los grafiteros", explica: "El grafiti es otra disciplina que tiene mucho más riesgo, porque casi siempre se tiene que hacer de forma ilegal y no es lo que yo practico".

Del esqueleto al amor

Algunos de los murales de Aryz se caracterizan por su pesimismo: muchos esqueletos, barcas varadas, animales con gestos de dolor... Pero él asegura que últimamente ha abandonado su tendencia al pesimismo. En todo caso argumenta que no suele pintar con colores muy vivos, porque considera "ofensivo" pintar con colores fluorescentes o muy chillones. Afirma que intenta evitarlo, porque pintar en ciertos colores es "una falta para la gente que tiene que convivir con ellos".

Mi prioridad es tener total libertad

De momento, por libre

Aryz afirma que en alguna ocasión le han intentado involucrar en murales propagandísticos. Confiesa que los murales como los suyos resultan interesantes para las marcas. Afirma, a pesar de todo, que en principio esto no es una cosa que le llame la atención, y puntualiza que si bien ha recibido ofertas, "no han sido lo bastante buenas". No descarta por completo que algún día haga algún anuncio, pero hoy por hoy su prioridad es "tener total libertad".

Nunca llueve al gusto de todos

Aryz sabe que el mural no gusta a todo el mundo, pero se felicita de que "cada vez está más aceptado" (como lo demuestra el hecho de que él mismo dé una conferencia en el CaixaFòoum). En cualquier caso, opina que "es muy enriquecedor que la gente que no ha tenido nunca acceso a una pintura o a una obra de arte la encuentre en el espacio público". Ahora bien, sabe que de vez en cuando surgen conflictos con las obras murales. Muchas veces ha tenido choques, y ahora sabe que hay temáticas especialmente delicadas: "Los esqueletos molestan", concluye. "La gente hoy en día está muy susceptible", explica, y pone un ejemplo próximo y evidente: "Si aquí hago un uso excesivo del amarillo puedo tener problemas". No le parece mal del todo que la gente se irrite: "Lo mejor que tiene el arte es que cada uno lo interpreta como quiere", explica. Y añade: "Lo que más me llama la atención del arte es que es una cosa que crea el humano y que puede hacer que la gente se pare, que se enfade o que reflexione". Él lo tiene muy claro: "Si gustas a todo el mundo, alguna cosa estás haciendo mal".

Es una pena que las mejores paredes de los catalanes estén en el extranjero

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Mural de Aryz en Granollers. Foto cedida por Obra Social la Caixa.

Profeta lejos de su tierra

Aryz, sin duda, es un artista global, que gracias a internet tiene amplias conexiones que lo llevan por todo el mundo. Pero el gran éxito que ha tenido Aryz por cuatro continentes no ha ido acompañado por mucha proyección en Catalunya. Reprocha a la sociedad catalana que cuestione mucho a los muralistas y que no les respete como se hace en otros lugares. Aryz muestra su satisfacción porque recientemente ha podido pintar una gran pared en Manresa y porque ha hecho una intervención en la escuela de Cardedeu, donde había estudiado. Afirma que siempre intenta aprovechar las iniciativas que hay aquí, porque "hay que dar apoyo a las apuestas locales", aunque a veces pequen de mala gestión. Pero tiene una espina clavada: nunca ha hecho un mural en Barcelona. Y cierra la entrevista lamentándose de que en la capital catalana "hay mucha creatividad, pero hay pocas oportunidades para la gente de aquí. Es una pena que las mejores paredes de los catalanes estén en el extranjero...".

 

Foto de portada: Mural de Aryz en Eindhoven, en los Países Bajos. Foto cedida por Obra Social la Caixa.

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