Los últimos manuscritos inéditos del escritor judío Franz Kafka han sido exhibidos hoy en la Biblioteca Nacional de Israel, en Jerusalén, que ha quedado pequeña a causa de la gran expectación que ha creado la presentación.
Kafka había pedido que los manuscritos que dejó al morir el año 1924 fueran destruidos, pero nadie cumplió su deseo. Casi un siglo después, centenares de documentos que habían quedado escondidos durante décadas en la caja fuerte de un banco de Suiza han salido a la luz, al quedar resuelto un tortuoso litigio de propiedad.

El legado consta de cartas, diarios, cuadernos, bocetos y escritos a mano del autor de La metamofosis, El proceso y El castillo, que estaban guardados en setenta carpetas del archivo personal de su amigo Max Brod, que es a quien entregó los documentos pidiendo que los quemara. Pero Brod no lo hizo y se los llevó en Tel Aviv cuando huyó de los nazis. A la muerte de Brod, que fue uno de los grandes dramaturgos del Teatro Habima de esta ciudad, los papeles cayeron en un laberinto legal y acabaron en Suiza.

El director de la biblioteca, David Blumberg, ha anunciado que los documentos estarán expuestos y también difundidos por Internet próximamente. Un conservador del museo ha insistido que lo más interesante es que ahora se pueden ver "los escritos originales de Kafka" y también su escritura a mano y cómo "repartía el texto entre páginas".

Entre los documentos hay escritos en hebreo en letra cursiva, (como se ve en la fotografía de encima), que muestran que el escritor podía escribir pequeños textos en hebreo y redacciones dirigidas a su profesor de este idioma. Se sabía que Kafka estudiaba hebreo desde 1917, pero no se tenía más constancia de ello. El hecho ha causado mucha impresión en Israel, porque se considera que la recuperación del idioma -desaparecido hacia el siglo III para el uso corriente- era todavía muy incipiente a principios del siglo XX, prácticamente coetánea a Eliezer Ben Yehuda, el gran impulsor de la lengua.