Antes de que se abrieran los mercados hubo encuestas entre inversores preguntándoles su opinión acerca de si afrontan abril con un sentimiento positivo o negativo. Quedaron igualados, pero cabe pensar que ese sentido distanciado y sereno es patrimonio de los madrugadores, porque después de todo la mayoría apostó por las ventas. Aunque bien es verdad que a la hora de la apertura la posición del Ibex era claramente negativa, con un claro dominio de las ventas.
Fue Tokio, que con un descenso superior al 3%, tras sus malos datos manufactureros, el que guió la sesión. Y esto es significativo, porque ahora parece que las bolsas europeas siguen la línea marcada por aquellos países que aplican tipos de interés negativos, con el consiguiente daño a los bancos, sin reparar en las señales positivas que llegan de otros derroteros, como China, con la Bolsa de Shanghai al alza tras conocer una recuperación de la actividad en la industria y en los servicios, tras meses alicaídos.
Lo bueno es que el Eurostoxx y el Ibex hubieran podido seguir esa liebre rozagante, toda vez que el PMI europeo subió en marzo a 51,6 (partir de 50 es recuperación) frente al 51,4 anterior. Pero hubo una explosión de gas en París y aun cuando los mercados aseguran que son inmunes al terrorismo, cuando llega el momento se distingue en los hechos que el riesgo geopolítico está subestimado.
En Estados Unidos subió el empleo en 215.000 personas, con un repunte salarial del 2,3% anualizado, que revela una economía orientada al crecimiento y a un modesto bienestar (el lema de los chinos), aunque el petróleo bajara.
También cayó el oro, signo de la cautela, un 1,89%. Y volvemos a la encuesta matutina. El mundo está empatado, pero con Europa a la baja. Y España, que sigue esa caída, aguanta al menos el tipo con una prima de riesgo estable en la apertura, de 128 puntos básicos, a pesar de tanto ruido por el 5,2% de déficit público, nivel que el mercado juzga neutro por cuanto conoce momentos en que España, hace cuatro años por ejemplo, mostraba un déficit que estaba por encima del 10% del PIB, y la prima de riesgo en torno al 7%. Y son cosas del mercado: aun cuando está cabizbajo, tiene memoria.