Casi toda Europa ha bajado un 1,7%, al igual que el Ibex, por el lío que se está montando en el mercado de bonos, cuyos rendimientos a la baja están condicionando el valor de las acciones.
Bill Gross, ex presidente de PIMCO, desde donde se negociaba y gestionaba el mayor volumen de deuda del mundo, ha dicho que si los bancos centrales aprendieran y siguieran las reglas del Monopoly, donde cada vez que mueves una ficha sube el valor para luego derrumbarse, saldríamos todos ganando.
El caso es que ahora la caída llega hasta supermínimos, los rendimientos de los bonos que han ido comprando los bancos centrales están obligando en renta variable a buscar valores muy regulados, sin riesgo, porque todo va a la baja.
Vean la tendencia. Francia ha dicho que va a ofrecer un régimen fiscal más favorable para atraer a las empresas, al igual que prepara Gran Bretaña siguiendo el modelo de Irlanda del Norte, que en su día fue objeto de duras polémicas por juzgarlo competencia desleal.
De una manera más elegante, Luis María Linde, presidente del Banco de España, dijo que que "se requiere una reflexión sobre el futuro de la Unión Europea y su gobierno" sugiriendo que debería orientarse a una mejora del entorno empresarial. O sea, políticas de ofertas en un estado general de beligerancia.
En medio de este barullo, IAG caía más de un 6% por el follón de Vueling mientras el déficit comercial americano se hinchaba un 10% en mayo, arrastrando al descenso al Dow Jones, que esperaba las actas de la Reserva Federal.
También en el Ibex sufrió la banca mediana por los posibles efectos de la cláusula suelo, mientras Merlin retrocedía a la vista del caos en el inmobiliario británico. Poner orden va a costar tiempo. Seguramente eso es lo que hizo al oro subir un 1,15%, hasta 1.366,25 dólares. Ahí, al menos, no hay Monopoly que valga.