Desde que el año 2013 la UEFA decidió poner punto y final a la costumbre –desde 1998– de disputar la final de la Supercopa de Europa en el Estadio Luis II de Mónaco, el partido que enfrenta a los campeones de las dos principales competiciones europeas de futbol se celebra en campos neutrales. Neutrales y según los competidores, bien alejados. Después de Praga (2013), Cardiff (2014) y Tiflis (2015), este año ha tocado Trondheim, en Noruega, ciudad situada a 3.600 kilómetros de Madrid y 500 más desde Sevilla. El resultado, escasa asistencia de público de uno y otro equipo. Ahora bien, el Barça y, otra vez, el Sevilla, todavía tuvieron que hacer viajar más lejos sus seguidores el año pasado, cuando el partido se disputó en la capital de Georgia, a 4.500 kilómetros de Barcelona, y 1.000 más desde Sevilla.