Hoy es 23 de abril, Sant Jordi, día de la rosa y del libro y el día laborable más festivo de todo el año en Catalunya, y para celebrarlo, en este Barcelona Exprés, hemos decidido subir a Montjuïc para hablaros de una de las estatuas más desconocidas y menos reconocibles del patrón de Catalunya.
La idea que todo el mundo tiene en mente de san Jorge es la de un caballero medieval, cubierto con armadura y con una lanza o una espada, en lucha contra el dragón, en una clásica representación de la lucha entre el bien y el mal donde, obviamente, ¡siempre ganan los buenos! Así lo podemos ver, por ejemplo, en el san Jorge renacentista de la fachada del Palau de la Generalitat en la plaza de Sant Jaume o en el que hay en el mismo edificio en la calle del Bisbe, este de estilo gótico. En todo caso, casi nunca falta el dragón, el antagonista perfecto para san Jorge.
En cambio, en la plaza de Sant Jordi, en Montjuïc, lo que encontramos es una estatua muy diferente, donde no hay dragón y, de hecho, ni siquiera en el pedestal se indica que se trata del patrón de Catalunya. En definitiva, lo que más llama la atención de este monumento es que está muy alejado de la iconografía que asociamos a san Jorge, con la única excepción del caballo.
La estatua es obra de Josep Llimona, autor, entre otros, de la también ecuestre estatua de Ramon Berenguer el Gran, en la plaza del mismo nombre, y el Desconsol, en el parque de la Ciutadella, y representa un hombre desnudo con una lanza en la mano, en una actitud de reposo con una estética muy diferente de la habitual, que siempre lo retrata en pleno combate a muerte. La estatua representa al santo después de la lucha con el dragón, y por eso mismo supone una representación singular que captura la serenidad después del enfrentamiento. El caballo, también en reposo, refuerza esta sensación de calma. El mismo Llimona es autor de otra estatua singular de san Jorge, situada en el vestíbulo del Ajuntament de Barcelona, con el caballero de pie y también sin dragón.
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Esta estatua fue emplazada aquí en 1924, sobre un gran pedestal de piedra que le otorga majestuosidad, sin olvidar que desde aquí hay buenas vistas sobre la llanura del Llobregat. De hecho, desde la ladera de Montjuïc que da a los barrios de la Marina la estatua se ve de espaldas y nada hace pensar que se trate de un san Jorge. De hecho, hay quien cree que se trata de la representación de un caudillo layetano. Sea como fuere, esta estatua conforma una representación poco usual del patrón de Catalunya que nos sirve para desearos a todos un buen Sant Jordi!