La tristeza invadió este enero el barrio de Sant Antoni con la pérdida de Milagros Carballo, conocida como la quiosquera de Sant Antoni, que murió a los 90 años después de más de seis décadas dedicadas en su quiosco en la calle Villarroel, en la esquina con la ronda de Sant Antoni. El barrio de Sant Antoni, ahora, se prepara para rendir un homenaje a la quiosquera, que fue mucho más que una simple vendedora de golosinas y helados y se convirtió en una figura esencial de la vida cotidiana del barrio durante más de 60 años.
El barrio barcelonés de Sant Antoni recordará en un acto a la histórica quiosquera de golosinas, para rendir homenaje a una figura tan querida en el barrio. También se ultiman los trámites para quitar el quiosco en desuso, que el Ayuntamiento de Barcelona considera en estado precario, y también recuerda que es criterio municipal no conceder nuevas licencias de venta no sedentaria de este tipo en la calle "dada la saturación en el espacio público", informa en un comunicado.
Después de más de 60 años de atender su quiosco, Milagros se convirtió en una institución en el barrio. No solo era un lugar para comprar dulces; era un refugio para los vecinos, un espacio de encuentro y una parte fundamental de la vida cotidiana de la comunidad. Su legado empezó al lado de su marido, hace más de 60 años, y desde su muerte ella sacó adelante el negocio con una dedicación admirable, trabajando hasta el final de sus días.
Las anécdotas e historias que Milagros compartía con sus clientes han dejado un tejido de recuerdos en la calle de Villarroel y la ronda de Sant Antoni. Muchos no solo iban a su quiosco para comprar golosinas, sino también para pasar ratos agradables con ella, charlar y compartir momentos de sus vidas. El barrio de Sant Antoni recordará Milagros Carballo como una figura querida, una amiga y confidente, una parte esencial de la vida cotidiana de los vecinos.
