El Saló Nàutic de Barcelona ha abierto las puertas este miércoles a una nueva edición centrada en la sostenibilidad y la innovación. El certamen, que estará abierto hasta el domingo, muestra las últimas novedades en este segmento que el sector considera emergente, pero que todavía no está consolidado. El presidente del Saló Nàutic, Luis Conde, ha comentado en declaraciones a los medios que se calcula que el 59% de las operaciones se inician en la feria y que este es un "escaparate único" para los distribuidores y vendedores después de trabajar todo el año. En el salón, se pueden encontrar desde pequeñas embarcaciones hasta catamaranes, veleros y motores de 20 metros de eslora.

Conde remarca que en el Estado hay unos 150.000 barcos y que el 90% tiene menos de ocho metros de eslora. Este, de hecho, es uno de los segmentos que interesa más al visitante del salón, que en su mayoría proceden de Barcelona, Catalunya y el resto del Estado, pero con pocos extranjeros. "El salón grande está en Dusseldorf, que no tiene ni mar, pero tienen dinero", sostiene al presidente del Salón Náutico.

Para Conde, la feria es un "escaparate único" para los vendedores y distribuidores después de todo el año trabajando en las novedades y está donde el visitante puede ver expuesto el barco que quiere comprar. "Un coche lo ves en una revista, por la televisión, por una ventana. En un barco no, o vas a un puerto y te lo vas mirando, o vas a un salón", argumenta.

Dar una segunda o tercera vida a embarcaciones abandonadas

Una de las empresas que exponen al Moll de la Fusta es Nauta Systems, dedicada la comercialización de embarcaciones eléctricas (RS Eléctricos y X Shore) además de dar una segunda vida a embarcaciones abandonadas e instalándole un motor eléctrico. Uno de sus fundadores, Adrià Fradera, explica a la ACN que pusieron en marcha la empresa al detectar que había un auge y que estas barcas pueden tener una autonomía de entre 30 y 50 millas en función de la velocidad, ya que se gastará más o menos energía. "Es más que suficiente", defiende Fradera.

La empresa sostiene que cuando los propietarios llegan al puerto después de un día en el mar pueden enchufar la embarcación en el puerto para que carguen toda la noche, como lo harían con un coche. Las dos embarcaciones se venden a partir de unos 100.000 euros, IVA e impuesto de matriculación aparte. Se trata de un 20% o un 30% más que las embarcaciones de combustión, pero que, según Fradera, quedan amortizados en unos cinco años, ya que el propietario se ahorra los gastos de mantenimiento y de gasolina.

Otro de los proyectos con los que trabaja la empresa está en la restauración de barcos abandonados. La compañía los localiza, los compra, los restaura y los instala un motor eléctrico para volver a comercializarlos.

Para Fradera, es un ejemplo de economía circular y les da una "segunda o tercera vida". Además, ofrece la posibilidad de cambiar los motores de combustión de barcos en activo por otros en eléctrico, unos trabajos que se acercan a los 35.000 euros.

A pocos metros, en la muestra flotante, Noster ofrece la opción de navegar con un velero de unos 8 metros de eslora mediante un club de navegación, que se añade a la flota de dos más que la empresa tiene en el Puerto Balís. La embarcación es 100% eléctrica y se carga con el movimiento de la hélice sobre todo y la ayuda de placas solares incorporadas a la cubierta. La autonomía es de entre 4 y 10 horas, en función de las revoluciones que funcione el motor.

Cada embarcación tiene unos 8 propietarios, que abonan unos 800 euros mensuales en el caso de este velero eléctrico más nuevo y que tienen derecho a al menos a una semana en temporada alta en verano, entre julio y en agosto. Aun así, como club de navegación, estos ocho propietarios acaban saliendo juntos muchas veces, según explica el CEO de la empresa, Jordi Piqué.

Para Piqué el futuro va hacia los motores de hidrógeno o propulsión eléctrica, que se verá favorecida por la mejora de la eficiencia de las baterías, y por el pago por uso en detrimento de la propiedad. En este sentido, señala que se estima que los propietarios disfrutan de sus embarcaciones una media de 23 días al año solo y esta opción permite disfrutar del barco los 365 días del año. "Es una forma de optimizar la náutica", añade el CEO de la empresa, que lo contrapone con a "cantidad de millones que hay en un puerto y que no utiliza nadie".