El 20 de septiembre de 1977 Barcelona sufrió un atentado de la extrema derecha dirigido contra la redacción del semanario satírico El Papus. Aquel atentado causó una víctima mortal, Joan Peñalver Sandoval, el conserje del edificio de la plaza de Castella (Ciutat Vella) que acogía las oficinas del medio mencionado y que recogió de manos de unos desconocidos un maletín destinado a la revista. Aquel maletín contenía una bomba que, además de matar a Peñalver, ocasionó heridas graves a la secretaria de redacción de la revista e hirió a dieciséis personas más. El atentado fue perpetrado por el grupo de extrema derecha Triple A —Alianza Apostólica Anticomunista— y casi medio siglo después, nadie ha sido condenado por aquellos hechos.

En recuerdo de aquellos hechos, el año 2017, con ocasión del cuadragésimo aniversario del atentado, el Ayuntamiento de Barcelona colocó un atril conmemorativo frente al edificio de oficinas de la plaza Castella -oficialmente, calle Tallers, 77-, en el que se recordaba que “en el contexto de las luchas sociales, políticas y culturales de la transición de la dictadura a la democracia, y en un ambiente de tolerancia gubernativa hacia los grupos parapoliciales y parafascistas que hostilizaban los esfuerzos de democratización del país, la organización fascista armada Alianza Apostólica Anticomunista, más conocida como Triple A, concretó sus amenazas contra la revista satírica El Papus (1973-1986) con un paquete explosivo que puso fin a la vida del conserje del edificio en la calle dels Tallers, 77, mientras lo entregaba a la redacción de la revista”. 

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Inauguración del atril en septiembre de 2017, con la entonces alcaldesa de Barcelona, Ada Colau; la entonces presidenta del Parlament, Carme Forcadell, y el humorista Oscar Nebreda, entre otros / Foto: AjBCN
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Texto del atril que recuerda el atentado de El Papus / Foto: BComú
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El atril ha sido vandalizado repetidamente / Foto: Google Street View

Aquel atril de memoria ha tenido una vida difícil, ya que a menudo ha sido vandalizado -como ha pasado repetidamente con el situado frente a la jefatura de policía de la Via Laietana-, pero más grave que los ataques al objeto ha sido su desaparición, por el hecho de que en un momento dado, el atril que recordaba el atentado dejó de formar parte del mobiliario urbano. Este hecho ha llevado al grupo municipal de Barcelona en Comú a presentar un ruego pidiendo explicaciones al gobierno municipal por la desaparición del atril que conmemora el atentado e instando, asimismo, a reponerlo, además de reclamar que se informe a las víctimas y a la Unidad de Atención y Valoración a Afectados por Terrorismo (UAVAT). La iniciativa de BComú, presentada el martes, también recuerda que la instalación había sido vandalizada en diversas ocasiones, hecho que ya evidenciaba la necesidad de garantizar su protección. “La desaparición del atril supone un agravio para la memoria democrática de la ciudad y para el compromiso de Barcelona con la justicia”, apunta un comunicado de los Comuns.

Retirado a raíz de unas obras

Por su parte, fuentes del Ayuntamiento de Barcelona han precisado a ElNacional.cat que desde la dirección de Memòria Democràtica, "se tiene constancia de que el atril se retiró a raíz de unas obras". Por ello mismo, este pasado mes de enero se revisó conjuntamente con el distrito de Ciutat Vella "cómo había quedado el espacio para volver a colocarlo". "El atril se encuentra en fase de producción y la reposición de todo el elemento se hará muy pronto", apuntan las mismas fuentes

El Papus era una revista irreverente que exploraba los límites de la libertad de expresión en los convulsos años de la transición y que había recibido repetidas amenazas por parte de la extrema derecha española por la publicación de imágenes y caricaturas hirientes contra los nostálgicos del fascismo. El atentado, además, se cerró en falso, ya que después de un proceso judicial que se alargó durante seis años y a pesar de la detención de varios militantes de extrema derecha presuntamente vinculados con los hechos, finalmente el caso quedó en nada, sin ningún condenado, sin considerar el ataque como un acto terrorista y declarando la muerte del conserje y las heridas de la secretaria como simple accidente laboral.