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En este Barcelona Exprés nos hemos desplazado hasta la zona del Fòrum para explicaros por qué aquí hay una pasarela para peatones muy particular. Se trata del antiguo puente que desde 1974 conectaba varias partes de la plaza de les Glòries y que, a causa de la remodelación olímpica, dejó de tener sentido, y por eso se trasladó aquí, para cruzar la ronda Litoral.

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Hay que recordar que antes de 1992, les Glòries era un scalextric, con vías de circulación elevadas por encima de una plaza mal resuelta, con un entramado hostil a los peatones para los que se hizo este peculiar puente. Toda aquella configuración fue sustituida por un tambor circulatorio que fue derribado en 2014 dando paso a la actual plaza de les Glòries. El caso es que el puente para peatones, con forma de y griega y tres patas que conectaban la antigua zona del Mercat dels Encants con la Farinera del Clot y la estación de Metro de Glòries (L1), tenía un importante valor patrimonial, ya que fue la primera obra con tirantes de Catalunya y en 1975 obtuvo el Premio Convención Europea de Construcciones Metálicas, en aquel momento muy prestigioso. La construcción del tambor, que a pesar de continuar priorizando el tráfico rodado, permitía que los peatones pudieran atravesar la plaza a ras de suelo, convirtió en innecesaria la pasarela. 

Este currículum de obra pionera de la ingeniería comportó que se decidiera su conservación, a pesar de que ya no era útil en aquella ubicación; por eso fue trasladada a su emplazamiento actual, pasando por encima de la ronda Litoral, en la zona del Fòrum. En el traslado, eso sí, perdió su histórico color rojo anaranjado, y también un poco de altura, rebajada recortando los accesos. La pasarela fue diseñada por Leonardo Fernández Troyano y tiene la particularidad de que los tirantes hacia los tres brazos tensan desde una única torre situada al borde del punto de intersección.

Actualmente, el puente no tiene mucha utilidad, ya que hay accesos más cómodos y su pendiente no permite el uso para personas con movilidad reducida, pero, aun así, es un legado patrimonial de la Barcelona de los años setenta, que, para bien o para mal, no ha desaparecido del todo. Por eso, atravesar este puente tiene un regusto histórico, ya que supone un pequeño viaje en el tiempo a la Barcelona de hace medio siglo.