Los Juegos Olímpicos de 1992 transformaron Barcelona, dejando un legado icónico como el Estadi Lluís Companys, el Palau Sant Jordi o la Vila Olímpica. Sin embargo, no todo el patrimonio olímpico tuvo la misma suerte: el Camp Olímpic de Tir de la Vall d'Hebron, una obra singular de los arquitectos Enric Miralles y Carme Pinós, ha vivido una historia muy diferente: la del olvido, el abandono y una promesa de reconstrucción que se ha dilatado durante casi dos décadas y que le explicamos en este Barcelona Exprés.
🧱 Así avanza la cobertura de la ronda de Dalt entre la avenida Vallcarca y el Instituto Vall d'Hebron
⚠️ Atención a las obras en el Metro de Barcelona de este verano: afectaciones y alternativas
Si hoy pasea por la zona deportiva de la Vall d'Hebron, en un descampado cercano a la calle de les Basses d'Horta se topará con un espectáculo triste. Un conjunto de estructuras de hormigón, descontextualizadas y amontonadas, descansan viendo cómo pasa el tiempo. Se trata de lo que queda de una instalación que fue galardonada con el Premio Ciutat de Barcelona de arquitectura y urbanismo en 1991. El edificio destacaba por el uso audaz de las estructuras de hormigón, dando forma a un espacio funcional y, a la vez, estéticamente rompedor, integrado posteriormente como zona de servicios para los campos de fútbol y rugby adyacentes.
El punto de inflexión negativo llegó en el año 2007. El pabellón de tiro con arco, una de las piezas clave del conjunto, fue desmontado por la necesidad de abrir paso a un túnel de maniobras para la prolongación de la Línea 5 del metro de Barcelona, una obra de urgencia motivada por el socavón del Carmel. En aquel momento, la administración adquirió un compromiso firme: la reconstrucción del edificio una vez finalizadas las obras. Sin embargo, el tiempo pasó y la urgencia política se convirtió en desidia administrativa.
Durante cerca de veinte años, las estructuras desmontadas han estado condenadas a la intemperie, deteriorándose a causa del paso del tiempo y la falta de atención. Lo que debería haber sido una reconstrucción rápida se ha transformado en una herida abierta en el tejido arquitectónico de la ciudad. No obstante, el debate sobre la recuperación de este espacio ha vuelto a primera línea gracias a iniciativas políticas recientes, como la presentada por Barcelona en Comú. La comisión municipal ha aprobado, finalmente, favorecer la reconstrucción y reintegrar estas piezas en la zona de servicios deportivos.
Más allá de la funcionalidad, recuperar esta obra es una cuestión de memoria arquitectónica. Las estructuras de Miralles y Pinós son un testimonio de una época donde la arquitectura en Barcelona apostaba por la experimentación. Quizás dentro de poco, estas piezas amontonadas volverán a tener un sentido, haciendo justicia a una obra que no ha tenido la suerte que merecía. Con todo, quizás dentro de poco se reavivará el proyecto y podremos ver, reconstruida, esta obra arquitectónica olímpica y premiada.