Sobre el informe Fènix: pervertir el debate
- Xavier Alegret
- Barcelona. Lunes, 6 de julio de 2026. 05:30
- Tiempo de lectura: 3 minutos
Si el informe Fènix tiene algún mérito, es haber abierto un debate que, aunque puede ser incómodo, es necesario: ¿el modelo de crecimiento de Catalunya en lo que llevamos de siglo, basado en el turismo y los servicios, es sostenible? A partir de aquí, se puede empezar a hablar y aportar todos los matices que seguro caben, pero el punto de partida es, para mí, incuestionable.
Los datos y la realidad que vivimos la gran mayoría de catalanes son claros. Por mucho que pueda crecer el producto interior bruto —concepto que mucha gente no conoce o no sabe qué significa y que prácticamente nadie es capaz de cifrar—, los ciudadanos y las familias no somos más ricos que hace 25 años. Al contrario. Los precios de los alimentos y de los productos de gran consumo se han subido más que los salarios, y algo tan vital como un techo, sea compra o alquiler de vivienda, se ha situado en precios prohibitivos.
El escenario es este y no caben discursos triunfalistas basados en la macroeconomía, como el del Govern. Los catastrofistas tampoco llevan a ninguna parte si no hay un diagnóstico y un tratamiento. Por eso aplaudo el informe Fènix, porque supone un análisis claro y da soluciones: dejar de apostar por los sectores “subvencionados”, aquellos que pagan salarios bajos, y cuyos beneficiarios son no residentes, como los turistas. Así de sencillo —más de decir que de hacer, sospecho.
El documento ha levantado polvareda y ha abierto un interesante debate académico, del cual tuvimos una muestra hace unos días en el Col·legi d’Economistes de Catalunya. Algunos economistas lo han aplaudido, pero otros están en contra. El exdecano Oriol Amat criticó la falta de indicadores. El actual decano, Carles Puig de Travy, aunque elogió algunos aspectos, también advirtió que olvidaba factores. Miquel Puig, uno de los autores, lo defendió: “Es un informe erizo, no un informe zorro. La zorra sabe muchas cosas; el erizo solo sabe una, pero lo sabe todo de esa cosa. No queremos hablar de muchas cosas porque nos interesa poner el foco en una”.
El Govern se ha tomado el informe Fènix casi como un ataque personal, mientras que algunos lo han tergiversado para que diga lo que ellos quieren
El debate fue enriquecedor hasta que entraron en escena los partidos políticos, que, al fin y al cabo, son los que tienen el mando para dirigir la apuesta estratégica en una dirección u otra. Todos lo aprovecharon para colar su discurso allí donde les interesa y pocos fueron al fondo de lo que dice el informe, eso si lo han entendido, porque algunos lo tergiversaron para que dijera lo que ellos querían.
El Govern y el PSC se lo han tomado casi como un ataque personal. Y no se entiende, porque Salvador Illa lleva menos de dos años en el Govern y el modelo que se denuncia es previo a su llegada. Es cierto que los socialistas ya gobernaron entre 2003 y 2011, pero en este siglo XXI también han gobernado CiU, Junts y ERC, mientras que los Comuns –o sus antepasados– también han estado en coaliciones e influyendo en gobiernos. Por lo tanto, si nos lo miramos desde un punto de vista político, el informe no es un ataque a ningún partido ni tendencia política, sino al modelo productivo que entre todos han generado.
La izquierda comete un error —o quizás no es un error, sino una tergiversación—, que, curiosamente, es el mismo que la extrema derecha: pensar que el informe señala al inmigrante como el malo de la película. El PSC, los Comuns, la CUP y, en menor medida, ERC, criticaron que ponga el acento en la inmigración cuando se habla de salarios subvencionados. No es así. A quien se subvenciona es a los beneficiarios del servicio, no del salario; es decir, a los turistas que disfrutan de unos servicios de poco valor y bajo coste, no a los trabajadores, que son el eslabón más débil de la cadena. De hecho, se critica más a los empresarios que pagan estos salarios que a los trabajadores.
Otro ejemplo: Algunos políticos de izquierdas se indignaron y defendieron la inmigración porque hay trabajos que, si no, no querría hacer nadie, como cuidar de enfermos, dependientes y personas mayores. ¿No se habían leído el informe? Precisamente lo que dice es que hay sectores y salarios subvencionados que sí tienen sentido, como en el sector de los cuidados, en el que los beneficiarios son residentes. Lo que critican es cuando el beneficiario son los no residentes que compran productos alimentarios producidos a bajo coste y exportados, o, de nuevo, los turistas.
La izquierda comete un error que, curiosamente, es el mismo que la extrema derecha: pensar que el informe señala al inmigrante como el malo de la película
Aliança Catalana y Vox interpretaron lo mismo, pero defendieron el informe diciendo que demuestra que la inmigración es negativa. De nuevo, aprovechaban para colar su discurso y exclamar "¿veis cómo tenemos razón?".
Junts parece haber entendido mejor el informe. Aunque aprovechó para criticar el Govern y reivindicar que muchas de las cosas que dicen los autores ellos ya hace tiempo que las decían, no lo tergiversaron y defendieron unas tesis con las que coinciden. ERC también, pero con más matices, como ciertas reservas por el tema de la inmigración.
Con todo ello, llego a una conclusión muy poco esperanzadora: o tienen una comprensión lectora muy baja o no les importa la realidad que vive Catalunya y los catalanes, solo ir colando su discurso. Ya sabemos que, en general, no miran más allá de la próxima cita electoral, pero, aun así, me llama la atención que muchos de nuestros políticos no se muestren preocupados por el modelo productivo de Catalunya. ¿Cree el president del Govern que diciendo que la salud de la economía catalana es muy buena, como hizo hace menos de dos semanas, convence a aquel que no puede pagar el alquiler o no podrá ir de vacaciones este verano? Hace falta una mirada larga y medidas valientes, de todos, para cambiar una inercia que nos está empobreciendo.