La nueva ruta de la seda de la IA

- Esteve Almirall
- Barcelona. Jueves, 23 de julio de 2026. 05:30
- Tiempo de lectura: 5 minutos
Durante siglos, la Ruta de la Seda fue mucho más que un conjunto de caminos para transportar seda, especias y porcelana. Por aquellas rutas también viajaban conocimientos, tecnologías, religiones y formas de organizar el mundo. Quien controlaba los caminos no solo controlaba el comercio. Controlaba una parte importante de la civilización.
La semana pasada, en Shanghai, Xi Jinping empezó a dibujar una nueva ruta de la seda. Esta vez no estará hecha de puertos, ferrocarriles ni autopistas. Estará construida con modelos de inteligencia artificial, centros de formación, infraestructuras digitales, estándares tecnológicos y, muy pronto, millones de robots.
El escenario fue la World Artificial Intelligence Conference, el WAIC, el gran congreso chino sobre inteligencia artificial. Pero el anuncio importante fue la creación de la World Artificial Intelligence Cooperation Organization, la WAICO, una nueva organización internacional con sede en Shanghái e impulsada inicialmente por 29 países, entre ellos Rusia, Brasil, Indonesia y Pakistán.
El nombre es largo y burocrático. La ambición es mucho más clara: construir una esfera de influencia china alrededor de la inteligencia artificial.
Los imperios necesitan instituciones
Convertirse en una potencia mundial no consiste solo en fabricar más, exportar más o tener mejores empresas. Hay que crear instituciones capaces de ordenar el mundo a tu alrededor.
Estados Unidos lo entendió después de la Segunda Guerra Mundial. Bretton Woods, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, la OTAN y, más tarde, las grandes plataformas tecnológicas convirtieron el poder económico estadounidense en un sistema de influencia global. No era necesario obligar a todo el mundo a seguir a Estados Unidos. Bastaba con que el mundo utilizara sus instituciones, el dólar, sus estándares y su tecnología.
La ambición es mucho más clara: construir una esfera de influencia china alrededor de la inteligencia artificial
China lleva tiempo intentando construir una arquitectura propia. La Belt and Road Initiative, la nueva Ruta de la Seda, desplegó puertos, carreteras, redes ferroviarias, centrales energéticas y telecomunicaciones por Asia, África, América Latina y Oriente Medio. Ahora Pekín quiere añadir una nueva capa: la inteligencia.
La WAICO es la pieza institucional de esta estrategia. China se presenta como la defensora de los países que no participan en las decisiones que determinarán cómo se desarrolla y se regula la IA. Las grandes tecnológicas son norteamericanas, los chips más avanzados dependen de una cadena de valor controlada por Estados Unidos y sus aliados, y buena parte de las normas se discuten en foros occidentales.
La propuesta china es sencilla y extraordinariamente atractiva para el sur global: nosotros compartiremos la tecnología que Occidente os restringe.
Durante los próximos cinco años, China ofrecerá 5.000 plazas de formación en inteligencia artificial a países en desarrollo. También creará centros de cooperación con la ASEAN, la Liga Árabe, la Unión Africana, América Latina, la Organización de Cooperación de Shanghái y los BRICS. Puede parecer cooperación técnica. Es geopolítica en estado puro.
Durante los próximos cinco años, China ofrecerá 5.000 plazas de formación en inteligencia artificial a países en desarrollo
Cada centro de IA instalado en África, cada funcionario latinoamericano formado en China y cada empresa asiática que adopta un modelo chino crea una conexión. Al principio es tecnológica. Después se convierte en una relación económica, institucional y política. Esta es la nueva Ruta de la Seda.
Los antiguos caminos conectaban ciudades mediante caravanas. Los nuevos conectarán países mediante modelos, datos, centros de computación y estándares. Y estas conexiones no son neutrales. Cuando un país adopta una tecnología, adopta también una arquitectura, unas dependencias y una determinada manera de entender el mundo.
El arma de los modelos abiertos
La gran arma china en esta batalla son los modelos abiertos. Mientras que las empresas norteamericanas más avanzadas —OpenAI, Anthropic o Google— protegen sus mejores modelos, empresas chinas como DeepSeek, Alibaba, Moonshot o Zhipu los distribuyen con pesos abiertos, precios bajos y facilidad para adaptarlos localmente.
Para una gran empresa europea, esta diferencia puede ser solo una decisión tecnológica. Para una universidad africana, un ministerio latinoamericano o una empresa del sudeste asiático, puede ser la diferencia entre acceder a la IA o quedar excluido de ella.
China ha entendido algo fundamental: en una tecnología con efectos de red, no siempre gana quien tiene el mejor producto. A menudo gana quien consigue que más personas construyan sobre su plataforma.
Microsoft lo hizo con Windows. Google, con Android. China quiere hacerlo ahora con la infraestructura abierta de la inteligencia artificial.
China ha entendido algo fundamental: en una tecnología con efectos de red, no siempre gana quien tiene el mejor producto
Xi afirmó que la IA no debe ser el solo de un único país, sino una sinfonía de cooperación internacional. Pero en toda sinfonía alguien escribe la partitura, alguien dirige la orquesta y alguien decide qué instrumentos participan.
Pekín se ofrece para asumir los tres papeles.
Del mundo digital al mundo físico
Sin embargo, la frase más reveladora del discurso fue otra: la inteligencia artificial está pasando del mundo digital al mundo físico.
Hasta ahora hemos identificado la revolución de la IA con ChatGPT, los grandes modelos de lenguaje y los agentes capaces de trabajar dentro de un ordenador. Pero esta es solo la primera fase. La siguiente empezará cuando estos modelos adquieran ojos, brazos, ruedas y piernas; cuando dejen de limitarse a generar textos o programar y empiecen a actuar sobre el mundo físico.
Es la inteligencia incorporada: robots capaces de percibir el entorno, comprender instrucciones, aprender tareas y ejecutarlas con una autonomía creciente.
El impacto de esta revolución será probablemente igual o superior al de los modelos generativos. Los agentes transformarán el trabajo de oficina. Los robots pueden transformar todo lo demás: las fábricas, la logística, la construcción, la agricultura, los hospitales, los cuidados, los hogares e, inevitablemente, la guerra. Y aquí China parte con una ventaja formidable.
La siguiente fase de la revolución de la IA empezará cuando los modelos adquieran ojos, brazos, ruedas y piernas
Ya instala más de la mitad de los robots industriales del mundo y concentra buena parte de las cadenas de suministro necesarias para fabricarlos: motores, baterías, sensores, cámaras, electrónica, piezas mecanizadas, fábricas y una enorme red de proveedores.
Estados Unidos puede liderar los modelos más avanzados. Pero China sabe convertir prototipos en productos industriales, reducir su coste y fabricarlos por millones. Ya lo ha hecho con los paneles solares, los drones, las baterías y los vehículos eléctricos. Ahora quiere repetir la jugada con los robots.
La diferencia con Europa es dolorosa. Nosotros queremos regular una IA que no es nuestra. China construye fábricas, abre entornos de pruebas, recoge datos y despliega centros de IA.
Quién escribirá el futuro
Sería fácil despachar el discurso de Xi como propaganda. Hay contradicciones evidentes entre la defensa china de una IA abierta y el control interno de la información, la censura y la vigilancia. Tampoco es altruista su defensa del sur global. China no regala tecnología: invierte en influencia. Pero sería un error no tomar en serio la propuesta.
China ofrece a los países emergentes modelos abiertos, tecnología asequible, formación, infraestructuras y financiación. Estados Unidos ofrece modelos posiblemente mejores, pero cerrados, caros y sometidos a restricciones crecientes. ¿Europa ofrece qué? No es difícil imaginar quién puede ganar esta competición.
La nueva guerra fría tecnológica no se decidirá comparando GPT, Gemini, Claude, DeepSeek o Kimi en un benchmark. Se decidirá observando qué modelos adoptan las empresas de Indonesia, quién forma a los ingenieros africanos, qué estándares incorporan los robots de Oriente Medio y sobre qué infraestructura se construyen las economías digitales del futuro.
China no regala tecnología: invierte en influencia. Pero sería un error no tomar en serio la propuesta
La primera Ruta de la Seda transportaba mercancías. La segunda transportó infraestructuras. Esta tercera transportará inteligencia.
Xi Jinping no fue a Shanghái a hablar de una conferencia tecnológica. Fue a presentar una arquitectura de poder.
La nueva Ruta de la Seda ya no se dibuja sobre los mapas. Se escribe en código, se extiende con modelos abiertos y avanza sobre millones de robots con patas y coches autoconducidos.