Europa e India: ya tocaba
- Fernando Trias de Bes
- Barcelona. Domingo, 1 de febrero de 2026. 05:30
- Tiempo de lectura: 2 minutos
La Unión Europea y la India han firmado esta semana un acuerdo comercial que muchos medios han calificado de histórico. Lo es. Sobre todo, por el volumen potencial de comercio, el tamaño del mercado, y la reducción de aranceles. Pero todavía más relevante es el momento en que se firma y lo que revela acerca del nuevo mapa económico mundial.
El acuerdo llega en un contexto de fragmentación. Tensiones comerciales, bloques que se reordenan, cadenas de suministro que buscan nuevas rutas... Estados Unidos ha presionado a Europa y esta busca espacios y mercados alternativos. Así, la India aparece como socio alternativo, grande, joven y estratégicamente clave. El tratado de libre comercio es en realidad un movimiento geopolítico con forma económica. Europa necesita diversificar riesgos, reducir dependencias y asegurar acceso a mercados que más allá de la lógica binaria Washington–Pekín.
La India, por su parte, busca tecnología, inversión, acceso preferente y legitimidad como gran actor global. El encaje es evidente. Como suele decirse, un win-win.
Desde ese marco general, el contenido del acuerdo se entiende mejor. Tras casi dos décadas de negociación, ambas partes han pactado una reducción progresiva de aranceles que afectará a sectores específicos del comercio bilateral. Para las empresas europeas, es una bajada importante de costes de entrada a un mercado históricamente proteccionista. Para la India, una apertura selectiva sin poner en riesgo sectores políticamente sensibles.
EE.UU. ha presionado a Europa y esta busca mercados alternativos. La India aparece como socio alternativo, grande, joven y estratégicamente clave
El discurso oficial habla de un mercado de 1.500 millones de consumidores. Es cierto en la teoría. Pero no en la práctica. El tamaño del mercado no garantiza nada si no hay renta disponible, infraestructura, seguridad jurídica y capacidad de ejecución. El impacto real del acuerdo no será inmediato. En la India la renta per cápita apunta a un mercado menor. El 10% de la población concentra el 70% de la renta. Pero, como sucede en China, cuando hay tanta población, un 10% son 150 millones de personas.
Aun así, los acuerdos comerciales no se traducen en un aumento automático del comercio. Las barreras no arancelarias, la complejidad regulatoria, las diferencias culturales y la ejecución administrativa pesan tanto como los impuestos a la importación. Europa ya tiene experiencia en promesas que tardan años en materializarse. Pasó similar con el Mercosur. Las cosas llevan su tiempo.
Por otro lado, el acuerdo se ha sectorizado. No va a ser una oportunidad para todos. Beneficiará a sectores, empresas y países concretos dentro de la Unión. Europa gana, sobre todo, en automoción, maquinaria, bienes industriales, farmacéuticos y productos agroalimentarios de valor añadido.
Agricultura básica, azúcar, carnes o productos especialmente sensibles han quedado fuera o muy parcialmente liberalizados. No es casual. La India protege a su población rural. Normal. Europa y, especialmente Francia, también protege a sus agricultores. El libre comercio siempre es más libre en los sectores que no generan conflicto político interno.
Europa gana, sobre todo, en automoción, maquinaria, bienes industriales, farmacéuticos y productos agroalimentarios de valor añadido
¿Y España? Aquí el acuerdo tiene lectura propia. Sectores como el vino, el aceite de oliva, la alimentación premium o determinados bienes de equipo pueden beneficiarse claramente. Nuestras empresas tendrán la posibilidad de competir en mejores condiciones frente a productores locales o a terceros países. Pero requerirá inversión, presencia y adaptación. Lo dicho la India no es para nada un mercado fácil. Ni fácil ni rápido.
Personalmente, me quedo con la señal que Europa ha enviado. Vamos a redefinir nuestra política comercial y esta va a ser una herramienta estratégica. No solo para crecer, sino para posicionarnos. La verdad que ya tardábamos. Ahora hay que hacer lo propio con África, pensando en el largo plazo. Y desarrollar mejores acuerdos comerciales con algunos países del Pacífico y sudeste asiático.
Los tiempos en que hablábamos de Occidente como un todo se han terminado. Me viene a la memoria el título de la película: Un lugar en el mundo. Pues eso, Europa tiene que empezar a pensar cuál es su lugar en el mundo.
Lo de India es un gran paso. Ahora, a por la implementación.
Movemos ficha. Ya tocaba. Y no lo digo por las dos décadas que ha llevado cerrar esta negociación. Sino porque desde hace ya meses que Estados Unidos nos ha vuelto la espalda. Y hoy en día hay que moverse aprisa.