El estrecho de Ormuz, rehén de guerra

- Anwar Zibaoui
- Barcelona. Lunes, 16 de marzo de 2026. 05:30
- Tiempo de lectura: 3 minutos
Todos sabemos que las guerras tienen repercusiones negativas en las economías. Sea Ucrania, Gaza o Irán, los daños incluyen destrucción de infraestructuras, víctimas civiles y todo tipo de problemas que, como consecuencia de la globalización, afectan a los mercados financieros, el mercado laboral y al bolsillo del consumidor; es una guerra cuyo precio paga todo el mundo.
El concepto crucial es el tiempo. La duración de la crisis será la verdadera medida de su impacto en la economía. Las guerras destruyen el comercio y los ataques a las rutas comerciales en Oriente Medio han deteriorado las cadenas de suministro, que ya estaban tensionadas desde la pandemia de covid-19.
El conflicto actual está ocurriendo en uno de los cuellos de botella comerciales más activos del mundo. La geografía de nuestro planeta es tozuda. El canal de Suez transporta casi un tercio del tráfico mundial de contenedores entre el Mediterráneo y el norte del Mar Rojo, y la salida al océano Índico tiene 25 kilómetros de ancho; es el estrecho de Bab-el-Mandeb. Al otro lado de la Península Arábiga está el estrecho de Ormuz, un embudo de menos de 50 kilómetros de ancho, por donde tiene que pasar casi un 20 % del consumo mundial de petróleo y clave para el sector energético. Cerrar el estrecho de Ormuz sería una política de tierra quemada sin ganadores.
El concepto crucial es el tiempo. La duración de la crisis será la verdadera medida de su impacto en la economía
El comercio global se detiene por las guerras y también por los contratos de seguros. La actual guerra entre Irán, EEUU e Israel ha provocado el colapso del tráfico marítimo en la región del Golfo y ha convertido el estrecho de Ormuz en una trampa para quienes lo cruzan. El bloqueo muestra un riesgo financiero que puede paralizar el comercio global más rápido que el poder militar.
En el mejor de los casos, una estabilización rápida por la presión internacional puede restablecer la confianza en las rutas de transporte marítimo en cuestión de semanas. Pero, si la tensión sobre el transporte marítimo persiste y se mantiene el riesgo geopolítico, las primas de seguro aumentarán, los costos de flete subirán y los mercados de energía deberán incorporar enormes primas de riesgo de forma permanente.
En el peor de los casos, si Ormuz permanece parcialmente bloqueado o se ven afectadas las infraestructuras más importantes, las consecuencias irán mucho más allá, y el conflicto regional se convertirá en un choque energético global. Las tasas de inflación aumentarán, el retraso de bienes, repuestos y materias primas interrumpirá las cadenas de suministro y los principales bancos pueden congelar sus planes de reducción de los tipos de interés.
El bloqueo del estrecho de Ormuz muestra un riesgo financiero que puede paralizar el comercio global más rápido que el poder militar
El transporte marítimo constituye un pilar fundamental de la economía mundial. Por nuestros mares y océanos circulan el 80 % de las mercancías y alrededor del 50 % del petróleo consumido en el mundo. Sustenta 30 millones de empleos directos y 90 millones indirectos y tiene un papel central en la erradicación de la pobreza al generar oportunidades.
Irán y EEUU evitaron una confrontación directa durante décadas, pero ahora, Ormuz se ha convertido en rehén de guerra. La seguridad en la navegación marítima del estrecho es indivisible de la seguridad en toda la región y de la navegación marítima internacional, por tanto, de la economía mundial. Se estima que el impacto económico global de la violencia es equivalente a 2.400 dólares por persona, lo que representa el 13,8 % del PIB mundial. Si la amenaza se extiende al Mar Arábigo, el coste será inmenso.
Se estima que el impacto económico global de la violencia es equivalente a 2.400 dólares por persona, lo que representa el 13,8 % del PIB mundial
Vivimos tiempos de cambios, desde la guerra de Ucrania hasta esta, en Oriente Medio, el mundo pierde billones de dólares que podrían haberse invertido en áreas vitales como educación, salud y desarrollo. El modelo de abastecimiento global con productos de bajo coste no tiene resiliencia y los patrones de demanda han de evolucionar. Hay que acortar las cadenas hacia modelos de abastecimiento regionales, con nuevos centros de fabricación y logísticos más equilibrados. Es el momento de repensar cómo fortalecer la economía para impulsar el progreso.
La memoria de los pueblos de Oriente Medio está llena de largos conflictos que han producido mucho sufrimiento. La geopolítica no es una partida de ajedrez. Aquí, cuando se elimina una pieza clave para ganar, aparecen dos nuevas, más agresivas y menos predecibles, decididas a no terminar como la pieza anterior. Expandir la destrucción agrava las consecuencias y los riesgos a nivel mundial. Los conflictos no pueden resolverse con guerras. Urge lanzar una ofensiva diplomática que conduzca a una solución general y permanente de la situación en su totalidad. Sabemos que la diplomacia no es la opción fácil. No obstante, el regreso a la mesa de negociaciones es la única vía racional y es responsabilidad de los principales protagonistas de esta guerra ponerle fin lo antes posible.