El estado del bienestar: ¿estamos condenados? (I)
- Josep Reyner
- Barcelona. Lunes, 5 de enero de 2026. 05:30
- Tiempo de lectura: 4 minutos
En muchas de las reuniones a las que asisto suelen salir de forma recurrente algunas preguntas clásicas: ¿las pensiones están aseguradas? ¿El estado del bienestar puede resistir el proceso de envejecimiento en el que nos encontramos? ¿La inmigración es parte de la solución o es un problema? Intentaré aportar algunas informaciones y reflexiones al respecto.
En los próximos 25 años, España (y Catalunya) se enfrentará a una presión formidable en las necesidades de gasto público a consecuencia del proceso de envejecimiento que obligará a aumentar hasta niveles ahora inimaginables el gasto en pensiones, sanidad o en cuidados de larga duración (coste del envejecimiento). Según el INE, la relación entre la población en edad de trabajar (18 a 66 años) y la de mayores de 67 años disminuirá de 3,6 en 2024, a 2,1 en 2050, incluso considerando una inmigración neta anual de cerca de 300.000 personas. Según la OCDE, el Estado español será donde más crecerá la proporción de jubilados por trabajadores en los próximos treinta años, detrás de Corea. La AIREF, organismo independiente estatal vigilante de la sostenibilidad de las cuentas públicas, ha estimado en un reciente informe1 que el coste público anual del envejecimiento pasaría del 20,3% del PIB en 2023 al 25,5% en 2050.
Pero no solo eso. La presión sobre las cuentas públicas vendrá desde muchos otros ángulos: las nuevas exigencias en materia de defensa impuestas por el nuevo entorno geopolítico2, las necesidades de inversión pública derivadas de la ineludible adaptación al cambio climático y la transición energética, el déficit de vivienda pública o protegida y no debemos olvidar la progresiva y necesaria reducción del excesivo endeudamiento público3 a la que nos obliga Bruselas (y si no lo hace, lo harán de manera más contundente los mercados financieros a la primera crisis que se presente). Todo esto pondrá mucha más presión a la olla.
El reto es mayúsculo. España es uno de los países de la OCDE más expuestos al envejecimiento, al cambio climático, más atrasados en la modernización de la defensa, con un estrés social creciente y más endeudados. Y hay que hacer frente a todo ello.
El crecimiento es necesario. La cuestión es el cuánto y el cómo. Qué crecimiento se necesita para soportar todas las necesidades futuras
A toda esta presión solo se puede responder de tres posibles maneras: reduciendo el gasto público (que ineludiblemente afectaría al estado del bienestar), aumentando la presión fiscal (impuestos y contribuciones) o adoptando las reformas que permitan a la economía un ritmo de crecimiento que genere los ingresos fiscales necesarios para compensar el aumento de gasto. Las tres alternativas son compatibles solo hasta cierto punto, y, con mucha probabilidad, el futuro será una combinación de las tres. Ahora bien, la alternativa menos dolorosa es la última: un crecimiento de la actividad económica que genere ingresos suficientes y minimice los costes, y por supuesto, sea sostenible desde un punto de vista ambiental. Por este motivo, es sobre esta que verdaderamente hay que profundizar.
El crecimiento es necesario, no es un capricho. La cuestión es el cuánto y el cómo. Qué crecimiento necesario se necesita para soportar todas estas necesidades futuras y cuál es la manera de alcanzarlo. En este artículo nos referiremos más al cuánto y dejaremos para un posterior el cómo
En cuanto al crecimiento necesario, el documento de la AIREF también nos ayuda. A partir de sus escenarios de sensibilidad se puede deducir que la tasa mínima de crecimiento del PIB que podría hacer sostenible el estado del bienestar y compatible con un camino de retorno a un saldo fiscal y deuda pública más ajustados, estaría alrededor del 2% sostenido durante todo el período crítico, aproximadamente hasta bien avanzado el 2050. Es decir, durante veinticinco años o más. Incluso, es posible que se necesiten algunas décimas más, porque la AIREF no contempla las necesidades derivadas del déficit de vivienda ni queda claro si incluye o no los gastos adicionales de defensa y/o de la transición energética.
Alguien podría decir que con crecimientos como el previsto este año 2025 (2,9%) no hay que preocuparse. El problema es que el crecimiento de estos últimos años está impulsado por muchos vientos favorables que empiezan a menguar y que tarde o temprano desaparecerán (la recuperación posterior a la pandemia, la del turismo, los fondos europeos del Plan de Recuperación, un comportamiento expansivo del sector público y, hasta el año pasado, del sector exterior, bajadas de los tipos de interés entre la segunda mitad de 2024 y principios de este año y una inmigración atraída por todos estos factores). Todos ellos, excepto los fondos europeos que se prolongarán durante 2026 y la inmigración que tiene una inercia potente, están mostrando ya signos de debilidad o se han agotado.
La cuestión es si los patrones de la nave saben o quieren virarla a tiempo y qué hay que hacer para mover el timón
Los organismos independientes (AIREF, OCDE4, CaixaBank Research5) **sitúan el crecimiento potencial de la economía española a largo plazo6 en el 1,2%-1,3% anual**. Muy por debajo de lo necesario y de lo actual, como vemos. La razón de un nivel tan bajo, según estas instituciones, hay que buscarla, a pesar del importante crecimiento migratorio, en una inevitable reducción o estancamiento de la población en edad laboral en los decenios venideros, combinado con un aumento de la población inactiva, como ha sucedido en Japón desde los años 90 y empieza a pasar en otros países. Ciertamente, no hay muchos casos en que un retroceso estructural de la población en edad de trabajar pueda hacerse compatible con crecimientos significativos duraderos.
Ahora bien, estas proyecciones solo indican tendencias. No son predicciones ni están predeterminadas. Su finalidad es precisamente advertir del rumbo que se está tomando. La cuestión es si los patrones de la nave saben/quieren virarla a tiempo y qué hay que hacer para mover el timón. Pero eso ya forma parte de otro artículo.
Notas a pie de página:
1. AIREF, “Opinión sobre la sostenibilidad de las Administraciones Públicas a largo plazo: Demografía y cambio climático”, marzo-2025.
2. Según el compromiso adoptado por la OTAN hay que pasar de un gasto en defensa del 1,2% del PIB en 2024, al 2% este mismo año 2025, y al 3,5% en 2035 (ampliable en un 1,5% adicional en infraestructuras necesarias).
3. Según el BdE, al tercer trimestre de 2025, del 103,2% del PIB. Al respecto también hay que tener en cuenta un previsible encarecimiento futuro de los intereses de la deuda dado el bajo coste actual.
4. OECD. “2024 Ageing Report Underlying Assumptions & Projection Methodologies”. ISSN 2443-8014 (en línea). Noviembre 2023.
5. CaixaBank Research. Oriol Carreras. “El crecimiento potencial del PIB de España a medio plazo”. Abril-2024
6. La que permite un crecimiento estable y prolongado de la economía de manera sostenida en ausencia de shocks si se utiliza toda la capacidad productiva sin generar desequilibrios inflacionarios o deflacionarios, o de la balanza por cuenta corriente.