Lo que las empresas ocultan sobre la inteligencia artificial
- Mookie Tenembaum
- Buenos Aires. Viernes, 3 de abril de 2026. 05:30
- Tiempo de lectura: 2 minutos
Resulta difícil recorrer la información financiera sin tropezar con promesas sobre la inteligencia artificial (IA). Y es que al observar las comunicaciones corporativas aparece un patrón en lo que no se dice, y suele pesar más que los anuncios. El silencio funciona como dato.
Para dimensionar este fenómeno, conviene mirar cómo hablan las grandes compañías con sus inversores. Cada trimestre realizan las earnings calls, estas son conferencias públicas donde los ejecutivos presentan resultados, explican desvíos y proyectan el futuro; estas son instancias para sostener credibilidad.
En la última temporada de resultados, un análisis de Goldman Sachs detectó un contraste marcado. Alrededor del 70 % de las empresas del S&P 500 mencionó la IA en sus exposiciones. El índice S&P 500 reúne a las quinientas compañías más grandes de Estados Unidos, el núcleo del capital corporativo global, dominado por firmas consolidadas de alta capitalización.
El dato relevante es que apenas alrededor del 1 % pudo vincular la IA con un número concreto en sus resultados. Solo una fracción mínima mostró impacto medible en ingresos o en reducción de costos.
Apenas alrededor del 1 % de las empresas del S&P 500 pudo vincular la IA con un número concreto en sus resultados
Desde la lógica financiera, cuando una herramienta genera beneficios claros, el argumento principal frente a los inversores suele ser cuantitativo, sin embargo, aquí ocurre lo contrario. Predominan referencias generales, integradas en programas amplios de automatización o mejora de procesos. Bajo ese mismo rótulo conviven iniciativas antiguas y desarrollos recientes, lo que dificulta separar efectos.
Una proporción cercana al 10 % mencionó mejoras puntuales de productividad, sobre todo en tareas de programación. Esas referencias aparecen como casos puntuales y no modifican los estados consolidados. En el conjunto de las quinientas empresas, los analistas identificaron solo dos ejemplos con impacto cuantificado, en S&P Global y Ecolab.
Este vacío de métricas convive con un aumento proyectado del gasto en infraestructura. Los grandes proveedores de nube planean inversiones superiores a los 600.000 millones de dólares. El modelo de esos hyperscalers depende de que las empresas usuarias contraten capacidad de cómputo y servicios asociados.
Para que ese flujo se sostenga, los clientes corporativos deben justificar el gasto dentro de sus balances. Sin evidencia numérica, una apuesta empresarial queda apoyada en expectativas. La continuidad de los contratos depende de que esas previsiones se traduzcan en resultados observables.
El silencio en torno a cifras concretas señala un desajuste temporal entre inversión, adopción operativa y reflejo contable
La volatilidad en las acciones vinculadas a este ecosistema puede leerse dentro de ese marco. Parte del mercado empieza a diferenciar entre discurso tecnológico y efecto financiero. La brecha entre ambos planos introduce incertidumbre sobre la velocidad con la que el gasto en IA se convertirá en retornos medibles.
El silencio en torno a cifras concretas no responde a un problema de comunicación aislado. Señala un desajuste temporal entre inversión, adopción operativa y reflejo contable. Mientras ese desajuste persista, el mercado inferirá el impacto real a partir de indicios indirectos en lugar de datos explícitos.
Las cosas como son.