La deriva de la política española, cada vez más polarizada, con la extrema derecha en auge y la corrupción cada vez más presente, ahora especialmente en torno a Pedro Sánchez, ha dejado a los empresarios desorientados. No los paraliza, porque continúan abriendo la persiana cada día, pero el entorno es complicado y no encuentran los aliados que necesitan en los gobiernos y los parlamentos.

Este hecho se visualizó perfectamente en la reunión del Cercle d’Economia celebrada la semana pasada. Las intervenciones de Alberto Núñez Feijóo y Pedro Sánchez levantaron expectación porque se producían en un momento importante, en el que el primero defendía una moción de censura y el segundo se enfrentaba a una tormenta perfecta de casos de corrupción, pero no solo no convencieron, sino que, en general, empresarios y directivos salieron con la sensación de que uno tiene poco futuro y que el otro está lejos de ser una alternativa fiable, dada su falta de concreción en algunos temas y su rechazo a hablar de asuntos importantes para Catalunya como la reforma de la financiación.

Aunque ha demostrado que nunca se le debe dar por muerto, lo cierto es que pocos confían en que Sánchez salga adelante en las próximas elecciones generales, que se deben celebrar, a más tardar, en agosto del próximo año. Muchos en el Cercle tenían la sensación de que asistían a la conferencia de un político que vive sus últimos meses en el poder. Él no. El presidente del Gobierno no habló de corrupción y anunció unos presupuestos que nadie confía en ver aprobados. Teresa Garcia-Milà le 'compró' el anuncio y le preguntó por la financiación. Y poco más.

Pero Feijóo, que había pisado el Palau de Congressos 24 horas antes, tampoco convenció. No fue recibido, como hace tres años, como el futuro presidente, ni levantó el rechazo del año pasado por su agresividad. Dejó al público más bien frío, aunque algunos empresarios sí que le compraron el discurso, especialmente cuando defendió bajadas de impuestos. Su "hay un elefante en la habitación", en referencia a la corrupción que rodea a Sánchez y la moción de censura o las elecciones anticipadas, tampoco tuvo el impacto que perseguía.

Empresarios y directivos salieron del Cercle con la sensación de que Sánchez tiene poco futuro y Feijóo está lejos de ser una alternativa fiable

Me llamó la atención el comentario de un directivo: "No es el discurso de un presidente". Creo que refleja el sentimiento de una mayoría de empresarios. Saben que probablemente Sánchez no tiene futuro, pero les cuesta ver la alternativa. Esperaban el discurso de alguien que se ve presidente, con propuestas concretas, no el del eterno jefe de la oposición, basado en la crítica al rival político. Y si le sumamos que un eventual gobierno del PP a partir de 2027 tendría muy probablemente la muleta de Vox, sea dentro o como apoyo externo, la desconfianza respecto de un Gobierno cercano a sus intereses es muy alta. En materia fiscal y de vivienda probablemente sí, pero en financiación, infraestructuras, inversiones y competencias, vienen mal dadas.

En el ámbito catalán, la situación no es mucho mejor. La victoria de Salvador Illa en 2024 fue bien recibida por sus llamadas a la sensatez y a la política real. Escuchaba a los empresarios, les aseguraba que la normalidad había vuelto al Palau de la Generalitat y, por extensión, a Catalunya. Remó para el retorno de sedes empresariales al país –trabajo que ya había iniciado Josep Sánchez Llibre y al que se había sumado Jaume Collboni–, con algunos grandes éxitos. Su voluntad de ser un nuevo Jordi Pujol, representando la centralidad y cercano a las élites económicas, parecía que funcionaba.

Todavía no han pasado dos años y las relaciones se han deteriorado, ya no se le ve como alguien cercano a los empresarios. El retorno de sedes empresariales se ha detenido y, mientras tanto, la necesidad de los votos a la izquierda del PSC han llevado el Govern a políticas que generan rechazo entre los empresarios. Especialmente en vivienda, con los topes a los alquileres y el veto a la compra especulativa, que han llevado a organizaciones como Foment del Treball a denunciar que el Govern atenta contra la propiedad privada, cosa que molestó mucho a Illa.

Los presupuestos que aprobará con el apoyo de ERC y los Comuns no han mejorado la situación. Las patronales han aplaudido que haya presupuestos, pero ven cómo se mantiene lo que algunos llaman "infierno fiscal", ya que continúan los impuestos al patrimonio y sucesiones y donaciones, y el Govern se resiste a deflactar el IRPF.

Todavía no han pasado dos años de Govern de Illa y las relaciones con los empresarios se han deteriorado, ya no se le ve como alguien cercano

Muchos empresarios y directivos lamentan que, cuando hablan con miembros del Govern, consellers o el mismo Illa, entienden sus quejas y reivindicaciones, incluso les dan la razón, pero después no actúan en consecuencia. O bien les dicen lo que quieren oír, o bien tienen las manos atadas por las alianzas políticas. Fuera de los gobiernos, los empresarios catalanes han encontrado la complicidad de Junts en muchos temas, pero su ruptura con el Gobierno de Sánchez reduce su influencia legislativa.

El resultado de todo ello es que los empresarios no vislumbran un horizonte político alentador en un momento muy complejo, con la crisis provocada por la guerra de Irán, las amenazas arancelarias, la energía cara, la competencia china y el laberinto normativo europeo. Este es el auténtico elefante en la habitación: ¿quién nos sacará de esta crisis?