¿Cambios en el empleo a la vista de la Encuesta de Población Activa?
- Jesús Cruz Villalón
- Sevilla. Miércoles, 6 de mayo de 2026. 05:30
- Actualizado: Miércoles, 6 de mayo de 2026. 06:52
- Tiempo de lectura: 5 minutos
La reciente publicación de la última Encuesta de Población Activa (EPA), la correspondiente al primer trimestre del presente año, merece la pena analizarla a tenor del contexto actual en el que evoluciona el mercado de trabajo. Se estaba sobre todo a la expectativa de conocer el impacto que podrían producir especialmente los efectos de la guerra en Irán, que se inició a finales de febrero, con su consecuencia inmediata sobre el incremento de la inflación, sin olvidar el posible efecto derivado de la subida de los aranceles con Estados Unidos, a pesar de que en paralelo la economía española sigue creciendo en términos de producto interior bruto.
Se trata de un trimestre en el que habitualmente se produce una reducción de los ocupados y, en paralelo, un incremento del desempleo, debido al final de la temporada navideña y a la menor actividad turística. Eso sí, la caída de la ocupación respecto del trimestre precedente ha sido más elevada de lo habitual, en términos tales que casi duplica la del primer trimestre del año precedente.
Indiscutiblemente, el efecto del conflicto bélico, la subida de los precios e incluso la subida de los aranceles puede que haya tenido una significativa influencia en este resultado. Sin embargo, hay dos factores singulares de este último trimestre que merece la pena destacar, por concentrarse la destrucción de empleo sobre todo en dos grupos muy específicos. De un lado, resulta llamativo que, en términos porcentuales, la caída sea mucho más intensa entre los trabajadores autónomos que entre los asalariados. Del total de la reducción de ocupados en este trimestre, el 40,3 % se corresponde con trabajadores autónomos, cuando en el conjunto del mercado de trabajo los autónomos apenas representan el 14,5 % del empleo. Se trata de un factor que en términos comparativos no tiene necesariamente que valorarse negativamente, dado que ello muestra que el crecimiento del empleo se sigue concentrando en las empresas medianas y grandes, con tendencia a la desaparición de los proyectos empresariales de escasa viabilidad en el nuevo escenario de desarrollo económico.
De otro lado, se aprecia una disminución del empleo muy notable en el servicio doméstico, reducción que viene a representar el 47,6 % del total del empleo asalariado destruido, cuando se trata de un sector que apenas representa el 2,7 % del total de los asalariados. Se trata de un proceso de caída progresiva, teniendo en cuenta que a la altura de 2005 la ocupación de este sector se elevaba a un total de 683.000 personas, cuando ahora apenas representan 523.000, prácticamente todas ellas mujeres; es decir, en este período se ha producido una reducción del 23,4 %. Estos datos contrastan notablemente cuando se los compara con los correspondientes a los de las personas en alta en el sistema especial de empleados del hogar, que va disminuyendo también, pero en cifras muy pequeñas comparadas con las que ofrece la EPA (apenas 6.000 personas menos afiliadas en este último trimestre). La explicación más razonable de esta diferencia, entre estadísticas de empleo y registros de alta en la Seguridad Social, sería la de que la destrucción fuerte en este sector se está produciendo entre las empleadas en situación irregular, que no se encuentran en alta. Partiendo del hecho de que el porcentaje de incumplimiento del deber de alta es muy elevado, puede calcularse que ronda el 33 % en este sector; resulta bastante plausible esta tesis.
Resulta llamativo que la caída del empleo sea mucho más intensa entre los trabajadores autónomos que entre los asalariados
En definitiva, si se toman conjuntamente en consideración estos dos grupos, estos representan globalmente el 68,8 % del total del empleo destruido, de modo que puede valorarse que, excluidos ambos, el comportamiento del resto de los sectores y actividades es similar al de otros primeros trimestres de cada año. Por todo ello, no parece que nos encontremos ante un cambio estructural en la evolución tendencialmente positiva de nuestro empleo, cuando menos por lo que se refiere al empleo asalariado.
Además, a pesar de esta caída en el último trimestre, en términos anuales seguimos con cifras positivas de fuerte incremento del empleo, con un aumento anualizado que supera el medio millón de trabajadores. De este modo, seguimos superando la cifra de los 22 millones de ocupados, a pesar de que en paralelo se incrementa el desempleo, volviendo a encontrarnos por encima de la cifra emblemática del 10 %. Dato anualizado positivo, especialmente comparado con las cifras mucho más modestas que se observan en el resto de Europa, incluso en algunos países claramente más complicados, con escenarios próximos al estancamiento, como es el caso de Francia, circunstancias que no dejan de influir en nuestro mercado de trabajo.
Una de las afirmaciones más extendidas, pero no parece que contrastadas, es que el fuerte crecimiento del empleo que se está produciendo en nuestro mercado de trabajo en los últimos años podría ser más aparente que real, por presentar un cierto elemento de debilidad, derivado de que el número medio de horas trabajadas tiende a descender, bien porque el empleo que se está creando es esencialmente a tiempo parcial, o bien porque el número total de horas trabajadas por los empleados a tiempo completo viene a ser inferior. Sin embargo, respecto de lo primero, los datos de la EPA vienen a mostrar lo contrario, pues, aunque sea levemente, se observa un incremento comparativo del trabajo a tiempo completo, en términos comparativos respecto del trabajo a tiempo parcial, tanto por lo que se refiere al conjunto de los ocupados como en particular respecto de los asalariados. Lo segundo tampoco es claro, pues depende del dato referencial que se tome en consideración, sea el conjunto de los ocupados, solo respecto del empleo principal, solo respecto de los trabajadores a tiempo completo, incluso según el año que se tome como referencia. Es cierto que el descenso del número medio de horas trabajadas a la semana se aprecia si se toma como referencia el año inmediatamente precedente a la pandemia y en relación con el total de los trabajadores, hayan o no trabajado la semana precedente.
Sin embargo, la cifra de horas trabajadas globales se aprecia estable desde el inicio de la recuperación del empleo tras la pandemia. Esto último significa que, en términos globales, el fuerte crecimiento del empleo que se ha producido desde el final de la pandemia es real, sin que de manera oculta se esté produciendo la realización de un número inferior de horas de trabajo. Si acaso lo que se observa es una cierta caída del número total de horas extraordinarias realizadas, lo que no se puede valorar en términos negativos, sino todo lo contrario y, en todo caso, no influyente significativamente en el número total de horas trabajadas. Por tanto, insisto, la conclusión principal es que el crecimiento del empleo que se está produciendo desde el final de la pandemia resulta efectivo, sin que sea desmentido ni por un incremento del trabajo a tiempo parcial ni por una significativa reducción global del número de horas de trabajo realizadas.
Habrá que estar atentos a los efectos en el empleo derivados del proceso extraordinario de regularización de extranjeros
Sin lugar a dudas, uno de los elementos de mayor debilidad de nuestro mercado de trabajo se encuentra en la baja ocupación de la población juvenil y, en correspondencia con ello, las tasas mucho más elevadas de desempleo entre los jóvenes. Es cierto que la situación se presenta muy diferente según la franja de edad que tomemos en consideración, con tasas de desempleo muy elevadas en el rango entre 16 y 20 años (explicable y razonable en gran medida por ser edades todavía en fases formativas) y bastante más próxima al porcentaje de desempleo del conjunto de la población activa para los situados entre los 25 y los 29 años. En todo caso, el referente principal y el más significativo se encuentra en la franja de edad entre los 20 y los 24 años, donde la tasa de desempleo duplica al total de la población activa. Eso sí, por tener el panorama completo, resulta especialmente significativo que desde el fin de la pandemia en todas las franjas de edad juvenil se aprecia un incremento del empleo y un correlativo descenso del desempleo; y ello con intensidad superior a la media, en términos tales que globalmente el desempleo ha caído desde el año 2022 hasta el momento presente en torno a tres puntos porcentuales, mientras que en la población juvenil lo ha sido en torno a los cinco puntos porcentuales. Dicho de modo resumido, no dejando de constituir uno de los grandes retos el incremento del empleo juvenil, con correlativa disminución del desempleo, la tendencia viene a ser positiva.
Como última reflexión, habrá que estar atentos a la evolución futura del empleo en atención a todos estos factores, donde influirán los diversos aspectos señalados como influyentes, a los que habrá que añadir los derivados del proceso extraordinario de regularización de extranjeros, que con seguridad supondrá incremento del empleo, al menos aflorando empleo hasta ahora sumergido, si bien sea difícil calcular su intensidad.