Del bridge al póquer (III)
- Fernando Trias de Bes
- Barcelona. Domingo, 15 de marzo de 2026. 05:30
- Tiempo de lectura: 3 minutos
En mis dos artículos anteriores en esta tribuna, explicaba que la geopolítica económica se parece cada vez más a una partida de póquer. Ya no hay parejas estables ni reglas permanentes. Cada jugador decide cuándo subir la apuesta, cuándo retirarse y con quién le conviene pactar en cada mano.
En el último analicé las cartas de los tres grandes jugadores: Estados Unidos, China y Europa. Ninguno tiene una mano perfecta, pero todos poseen cartas muy fuertes que condicionan el juego global.
Hoy toca mirar a otros participantes de la mesa que, sin ser superpotencias, pueden cambiar el valor de las cartas. En particular, Oriente Medio, África y América Latina.
Vamos con Oriente Medio
Durante décadas su gran carta fue el petróleo. Pero los países del Golfo saben que esa ventaja no es eterna. Por eso están jugando otra partida. Están utilizando los ingresos energéticos para comprar influencia futura. Fondos soberanos gigantescos, inversiones en tecnología, infraestructuras globales, deporte, turismo y marcas país.
Su estrategia es simple: convertir la riqueza energética de hoy en poder económico mañana. Mientras otros jugadores compiten por ganar manos concretas, Oriente Medio intenta algo distinto. Financiar la mesa. Invertir en todo. Estar presente en todas las jugadas. No se limita a apostar; compra fichas en el propio casino.
La estrategia de Oriente Medio es simple: convertir la riqueza energética de hoy en poder económico mañana
Pero también tiene cartas débiles. Su economía sigue dependiendo en gran medida del petróleo. Sus modelos sociales y políticos son frágiles. Y la estabilidad regional nunca está garantizada. Como muestra, el reciente conflicto bélico con Irán. Voy a dejar el análisis económico de la guerra con Irán para más adelante.
Sigamos con los jugadores de la mesa
Otro jugador es África. Hoy tiene pocas fichas. Su renta media sigue siendo baja y la inestabilidad política limita la inversión. Sin embargo, posee algunas de las cartas que decidirán la partida dentro de veinte años.
La primera es demográfica. África será el continente con mayor crecimiento poblacional del planeta. Eso significa mano de obra, mercados futuros y urbanización acelerada. La segunda son los recursos naturales. Gran parte de los minerales críticos necesarios para la transición energética (cobalto, litio, tierras raras) se encuentran en territorio africano. En un mundo que electrifica su economía, esa carta adquiere un valor extraordinario.
Por eso África empieza a jugar de otra manera. Sabe que el mundo necesita sus recursos y está aprendiendo a utilizar esa demanda como poder de negociación. Si el siglo XX giró en torno al petróleo, el XXI puede girar en torno a minerales estratégicos. Y ahí África tendrá muchas cartas.
África tiene hoy pocas fichas. Sin embargo, posee algunas de las cartas que decidirán la partida dentro de veinte años
El siguiente jugador es América Latina. Su posición es distinta. No posee el capital de Oriente Medio ni el crecimiento demográfico africano, pero tiene tres cartas relevantes.
La primera son los recursos naturales. Energía, alimentos, minerales y biodiversidad. En un mundo donde la seguridad alimentaria y energética vuelve a ser estratégica, esa base material pesa mucho. La segunda es el tamaño de sus mercados. Brasil, México o Colombia son economías grandes con clases medias aspiracionales y consumo creciente. La tercera es su posición geográfica. La reorganización de las cadenas de suministro está favoreciendo el nearshoring: producir cerca de los grandes mercados. Para Estados Unidos y Europa, América Latina se convierte en un socio potencialmente muy interesante.
Sus debilidades también son conocidas: inestabilidad institucional, inseguridad jurídica y ciclos políticos pendulares que dificultan las estrategias a largo plazo. Eso explica por qué, a pesar de sus recursos, la región avanza a trompicones.
Si tuviera que elegir las cinco cartas que más pesan hoy en la geopolítica económica, destacaría estas: el dominio tecnológico, el control de recursos estratégicos, el acceso a grandes mercados, la capacidad financiera y el poder militar.
Es una partida de jugadores imperfectos, lo que obliga a jugar con las cartas de los demás
Si uno observa la mesa completa, aparece una conclusión clara. Nadie tiene todas las cartas. Cada región domina alguna parte del juego: capital, industria, tecnología, recursos o mercado. Es una partida de jugadores imperfectos, lo que obliga a jugar con las cartas de los demás. Eso se llama necesidad de intercambio, de colaboración o multilateralidad económica y política.
Entramos en una era de multiplicidad de combinaciones entre todos los jugadores. Una multilateralidad que todavía acelerará más la globalización.
Cuando empecé esta serie pensaba escribir tres artículos. Sin embargo, los acontecimientos de esta semana en torno a Irán y el Golfo Pérsico obligan a añadir una última mano.
En el próximo artículo explicaré cómo el reciente conflicto en la región influye en la lógica de esta partida de póker global.
Le avanzo algo que les sorprenderá: creo que ni la partida ni las cartas van a cambiar. A nadie le interesa una guerra extendida ni prolongada.