Del bridge al póquer (I)
- Fernando Trias de Bes
- Barcelona. Domingo, 1 de marzo de 2026. 05:30
- Tiempo de lectura: 3 minutos
La geopolítica venía siendo una partida de bridge, con parejas fijas y reglas compartidas. Pero eso ha cambiado del todo. Ya no se juega al bridge en la gran mesa de juego mundial. Hoy se juega al póquer: cada jugador decide si sube la apuesta o se levanta, sin estar obligado a cooperar con nadie.
En este nuevo juego de naipes, Estados Unidos, Europa, China, Rusia y las principales economías emergentes juegan manos propias. Washington ha reconfigurado sus compromisos tradicionales y ajusta su apoyo a aliados, enfocando sus recursos en contrarrestar a China más que en liderar una coalición estable con Europa. Esa estrategia redefine incentivos en Eurasia y el Indo-Pacífico.
Europa intenta mantener un espacio propio, pero lo hace entre tensiones. La Unión Europea ha decidido aplicar de forma provisional el acuerdo comercial con Mercosur tras la ratificación de Uruguay y Argentina, en un movimiento pragmático para asegurar rutas de comercio y reforzar autonomía ante la inestabilidad global. Y ha reactivado el de India.
Esa medida se inscribe en una lógica —más póquer que bridge— donde no basta con pactos de largo plazo, sino con jugar cada mano según circunstancias concretas. Es decir, aquí ya no hay aliados predeterminados. Cualquiera de ellos sirve para subir una apuesta y apretar a un tercero.
No basta con pactos de largo plazo, sino con jugar cada mano según circunstancias concretas
China, por su parte, hace lo mismo: pacta con quien conviene y extiende su influencia a través de acuerdos estratégicos multilaterales. Recientemente, Pekín firmó un pacto con Irán y Rusia que refuerza cooperación en áreas económicas y políticas, un movimiento que cambia las simetrías tradicionales y obliga a replantear las alianzas clásicas.
En Oriente Medio y Asia, la lógica individual también se impone. India y Israel reforzaron su alianza estratégica con acuerdos en defensa y comercio, construyendo un eje bilateral que aporta seguridad mutua y ventajas tecnológicas, y que pretende conectarse con Europa a través de corredores económicos más amplios.
Del mismo modo, Brasil e India firmaron un memorando para cooperar en tierras raras y minerales críticos, un ejemplo de países que buscan diversificar sus relaciones fuera de la influencia directa de las grandes potencias y manejar sus recursos como fichas de negociación propias.
La guerra en Ucrania sigue siendo un telón de fondo que reconfigura decisiones. Rusia y Ucrania negocian ceses temporales y reparaciones de infraestructura, mientras los socios occidentales calibran hasta qué punto mantener sanciones, apoyo militar y presión política a Moscú sin fracturar su propia cohesión interna.
Lo privado y lo público vuelven a darse la mano, como ocurrió en los años 80 tras la crisis del petróleo
Estados Unidos fue quien “rompió la baraja”. Fue quien dijo: jugar con la pareja de siempre me cuesta dinero. Se acabó. Y claramente se dedica a subir apuestas y, de vez en cuando, si es preciso, levantarse de la mesa.
En este entorno, las reglas de la antigua partida de bridge —donde las alianzas garantizaban certidumbre— han dado paso a dinámicas más volátiles. Los tratados que limitaban armas nucleares, como el Nuevo START entre Estados Unidos y Rusia, han expirado, y ahora se discute si incluir también a China en cualquier marco que regule arsenales estratégicos.
Lo interesante aquí es que, si bien la incertidumbre se ha disparado, en realidad existen muchísimas más opciones, vericuetos, alternativas. El mundo es un ovillo enredado, sí, ¡pero hay muchísimas puntas desde la que tirar! Estamos ante un mundo menos previsible, pero con mucho más potencial. Lo que la mayoría de personas está viendo como una amenaza, yo lo veo como una gran oportunidad. A medio plazo, claro. ¡Pero va a haber muchos más clientes y socios que en el mundo de bloques de antaño!
Desde la perspectiva de la economía global, esta mesa de póquer tiene implicaciones inmediatas para las empresas. Para las europeas, concretamente, no basta prever demanda en mercados extranjeros. Hay que entender las reglas informales de cada “jugador”: qué acuerdos está dispuesto a hacer, cuándo sube la apuesta y cuándo se retira. Las cadenas de suministro, las políticas industriales y las decisiones de inversión se van a mover en función de esos incentivos cambiantes. Un pacto comercial con Mercosur abre oportunidades, pero también exige que las compañías europeas compitan en condiciones distintas a las de hace cinco años. Debatía con empresarios en Alicante esta semana precisamente sobre ello. Más que nunca, los acuerdos políticos van a ser clave para la buena evolución de las multinacionales europeas. Lo privado y lo público vuelven a darse la mano, como ocurrió en los años 80 tras la crisis del petróleo.
Lo que la mayoría de personas está viendo como una amenaza, yo lo veo como una gran oportunidad. A medio plazo, claro
El reto para Europa y para nuestras empresas es leer bien esos movimientos y adaptar su propia estrategia sin aferrarse a viejas certezas.
En mi columna de la semana que viene explicaré las cartas buenas y malas de cada jugador en esta nueva partida de póquer mundial.