La ampliación de El Prat y el horizonte político
- Xavier Alegret
- Barcelona. Lunes, 21 de septiembre de 2026. 05:30
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Este domingo, se celebró en Barcelona una manifestación, con el apoyo de 200 entidades, contra la ampliación del aeropuerto de El Prat, con el lema "ni ahora ni nunca". La primera parte la tienen garantizada. El pasado martes se consumó lo que Aena ya había anunciado: la ampliación de El Prat queda aplazada como mínimo una década, ya que el Gobierno español la dejó fuera del plan inversor DORA III, que comprende el periodo 2027-2031.
De los 3.200 millones de euros que el gestor aeroportuario debe invertir en la infraestructura para mejoras y ampliación, hasta 2031 solo destinará 1.700, y de estos, la gran mayoría para reformas de las terminales existentes. Solo unos 200 millones se utilizarán para empezar a preparar la ampliación, pero no para iniciar las obras, sino para cuestiones administrativas y compensaciones medioambientales por el alargamiento de la pista.
La ampliación queda aplazada para el DORA IV, previsto para el periodo 2032-2036. Pero esto no significa que dentro de seis años ya sea una realidad, sino que empezarán los proyectos, y después se tendrán que hacer las obras. Dada la complejidad del alargamiento de la pista y, especialmente, de la construcción de una nueva terminal, la terminal satélite, cuesta imaginar que todo ello sea operativo antes de diez años.
Mientras tanto, el Aeropuerto de Barcelona-Josep Tarradellas avanza de forma inevitable hacia la saturación y es probable que la ampliación —si se lleva a cabo— nazca ya saturada. De hecho, en 2025 ya superó su capacidad máxima teórica, situada en los 55 millones de pasajeros, con casi 57,5. A pesar de ello, este año continúa creciendo: hasta agosto ya ha superado los 40 millones, un 4,6% más que en los mismos meses del año pasado. Si mantiene esta progresión, cerrará 2026 por encima de los 60 millones de pasajeros. Hace 20 años tenía 30 millones, es decir que ha duplicado las cifras, mientras que en la última década, el crecimiento ha sido del 36%. Si pudiera mantener este incremento en la próxima década —cosa que, en principio, no es posible sin ampliación—, en 2035 superaría los 80 millones de pasajeros, precisamente la cifra que se busca con la ampliación.
La ampliación de El Prat queda pendiente para el próximo plan inversor de Aena, pero 2032 queda muy lejos, sobre todo políticamente
Pero esta es solo una parte del problema de la no ampliación consumada por el Consejo de Ministros el pasado martes. La otra parte es que el 2032 queda muy lejos, sobre todo políticamente, campo en el que el horizonte más lejano que ven la gran mayoría de sus protagonistas son las siguientes elecciones. Con todas las precauciones que me genera considerar políticamente muerto a Pedro Sánchez, por su calidad de auténtico superviviente, no me lo imagino en la Moncloa dentro de seis años. Me cuesta mucho imaginármelo dentro de un año, después de las generales del 2027. Y este es el horizonte que debemos mirar, y al que miran todos los empresarios favorables, cuando pensamos en la ampliación.
Si, como dicen todas las encuestas —menos el CIS—, el año que viene el PP y Vox suman mayoría absoluta y el popular Alberto Núñez Feijóo llega a la presidencia del gobierno español, todo puede saltar por los aires. El presidente de Aena cambiará. Los planes de inversión pueden hacerlo. Es cierto, como recuerdan algunos empresarios, que el PP es favorable a la ampliación, pero eso no garantiza el éxito de la misión. Tan cierto es esto como que siempre han querido favorecer a Madrid —también lo hace el PSOE, pero el PP lo hace de forma más desacomplejada—, que multiplica por 2,5 la inversión de El Prat y sí que hará obras de ampliación. Y con un PP bajo la influencia de Vox, las ganas de invertir en Catalunya pueden tender a cero.
Además, tendrá una clara falta de incentivos si no depende de ningún partido catalán para gobernar. No es lo mismo el Aznar del 96 con el apoyo de Convergència y Jordi Pujol que el del 2000 con mayoría absoluta. Ni que un Mariano Rajoy que no necesitaba a los catalanes e ir en contra le daba votos en muchas comunidades autónomas. Me parece que Feijóo, en este sentido, será mucho más Rajoy que el primer Aznar. Y lo que no conseguimos con gobiernos socialistas en todas partes, y con Maurici Lucena, catalán y exdiputado del PSC, como presidente de AENA, ¿lo conseguiremos con el PP influido por Vox?
Hay otra variable política; en este caso, catalana. No sabemos quién gobernará Catalunya y Barcelona dentro de un lustro, pero no se puede descartar que los movimientos contrarios a la ampliación ganen peso, o que nuestros gobiernos defiendan otro tipo de ampliación de la que planteen el gobierno español y Aena. Recordemos que estos desacuerdos ya provocaron que el proyecto no entrara en el DORA aprobado para el periodo 2022-2026. En parte, de ahí llora la criatura.
No ampliar un Prat saturado supondría no defender los intereses de los accionistas de Aena
El horizonte es complejo, pero no imposible. Hay intereses empresariales a favor de la ampliación, y estos están más próximos ya al PP que al PSOE, al que quieren fuera de la Moncloa por su política fiscal. Aunque no es una relación fácil, el empresariado catalán se ha intentado acercar a Feijóo y, llegado el momento, le hará llegar su apoyo y también sus reivindicaciones.
Otro motivo para ver el vaso medio lleno es el negocio de Aena. Hablamos de una empresa cotizada, en la que el Estado tiene el 51%, pero el resto está en manos de inversores privados. El Prat es uno de sus grandes activos y renunciar a maximizar su rentabilidad es renunciar a ingresos, beneficios y, para los inversores, a dividendos. No ampliar un Prat saturado supondría no defender los intereses de los accionistas, de modo que de una empresa cotizada cabe esperar que lo haga.