La forzada integración del banco suizo Credit Suisse en el también helvético UBS tuvo un episodio inesperado y que ha levantado mucha polémica en el mercado financiero. Cuando una entidad quiebra, lo primero que responden son las acciones y después la llamada deuda subordinada que recibe también la denominación de Cocos. Sin embargo, en este caso, los accionistas han seguido con sus títulos que servirán de canje para realizar la operación de integración con UBS, al tiempo que los propietarios de esos bonos subordinados emitidos por Credit Suisse han perdido todo su valor: 17.000 millones de dólares.

Esta decisión que en Suiza fundamentan en una legislación que lo permite e, incluso, en los propios folletos de emisión de estos bonos, ha descolocado por completo a los inversores internacionales que la consideran arbitraria. Y tiene un gran efecto en los grandes inversores mundiales que son los que compran esta deuda subordinada. Se sienten expropiados, mientras no comprenden que los accionistas sigan con sus títulos que ahora formarán parte de UBS.

La repercusión de esta decisión ha llevado a los grandes capitales a buscar refugio en la deuda pública y también en inversiones que escapen al control de los supervisores financieros. En la deuda, la repercusión es clara. Pese a que la Reserva Federal estadounidense (Fed) subió esta semana los tipos de interés en 25 puntos básicos hasta el 4,75%-5%, el interés de los bonos no ha hecho más que bajar. La referencia a 10 años en Estados Unidos ha caído al 3,37% cuando comenzaba marzo en el 4% de rentabilidad. Un tipo que evoluciona de forma opuesta al precio del bono: los precios de los bonos suben por la entrada de dinero y bajan los tipos de interés. Un comportamiento que escapa a la lógica del endurecimiento de la política monetaria y que se explica más en la búsqueda de este refugio y en un horizonte económico de recesión por lo que las rentabilidades de hoy se dan por buenas de cara al futuro.

Beneficios colaterales

Pero además se han beneficiado de esta decisión de las autoridades helvéticas sobre los Cocos, en un contexto de temor a una crisis bancaria profunda, otras inversiones como el oro, el bitcoin y el capital riesgo. Opciones de inversión que también escapan al control directo de las entidades supervisoras. No hay nada más sencillo que invertir en oro y tener el lingote en casa o en una caja fuerte de un banco. Nadie va a poder quitar ese oro al inversor. Esto explica que el precio metal se haya revalorizado con fuerza y supere los 2.000 dólares por onza, lo que supone ganar en el año el 9,7%.

Es imposible llevarse sorpresas añadidas para el oro, salvo la evolución de su precio. Cuenta, además, con vientos de cola como los que explica Ned Naylor Leyland, experto en metales preciosos y gestor de Gold&Silver fund de Jupiter AM: "A medida que la Reserva Federal se vea obligada a mantener una serie de pelotas en el aire simultáneamente, se producirá un debilitamiento del dólar y una subida del oro. La crisis bancaria rodante, provocada por la subida de tipos a nivel mundial, ha creado unas condiciones financieras más estrictas, y los bancos han empezado a desconfiar unos de otros. Es interesante observar que los bancos centrales, más que los comerciales, han estado comprando oro de forma agresiva durante los últimos doce meses. Teniendo esto en cuenta, cabe preguntarse si su previsión de los vientos monetarios en contra que se avecinan es mejor entre bastidores que lo que proyectan públicamente”. Y añade: “Cuando el oro supere los 2.100 dólares en los cierres semanal y mensual, creo que podríamos ver un gran impulso hacia el metal amarillo, así como hacia su hermano menor, la plata, más rebelde y volátil, e incluso las poco apreciadas acciones mineras también se beneficiarían. Como siempre ocurre con los bancos centrales, el mensaje parece ser: haz lo que yo haga en lugar de lo que yo diga".

También el bitcoin se ha beneficiado de su carácter independiente frente a los mercados financieros. Nació en 2008 para dar una respuesta a los graves problemas que atravesaba entonces el mercado financiero. Tal vez, no se ha convertido en estos quince años en una divisa al uso, pero sí en un refugio diferente para muchos capitales que huyen de la supervisión generalizada y de la dependencia de la política de los bancos centrales. Esto explica su fuerte escalada desde mediados de marzo, coincidiendo con la crisis bancaria y la decisión sobre los Cocos de Credit Suisse. Actualmente cotiza en los 28.000 dólares, muy por encima de los 23.000 dólares con los que comenzó el mes de marzo. La caída de los tipos de interés en el mercado secundario también empuja el precio del bitcoin, afectado por la escalada del precio del dinero.

Por último, otras opciones al margen son las inversiones en bienes reales como el inmobiliario, el coleccionismo… etcétera. Dentro del mundo financiero, el capital riesgo también es una opción alejada del ojo del supervisor. Las inversiones las realiza, normalmente, en compañías que no están cotizadas en las Bolsas. En el mercado existen numerosos fondos de capital riesgo en los que únicamente importará la marcha de la compañía. Lógicamente, los tipos y la situación económica no les resultan ajenas.