El ecosistema de las tecnologías cuánticas en Catalunya ha experimentado un crecimiento notable en los últimos años. Un estudio de ACCIÓ sitúa el sector en una fase de expansión, con 52 compañías que facturan 91 millones de euros y dan empleo a casi 470 personas. Pero más allá de las cifras, el informe destaca la capacidad del territorio para atraer financiación europea y la presencia de instituciones de investigación que actúan como motor del sector.
El informe, que recoge datos de 2025, describe un tejido empresarial todavía en formación. Más de la mitad de las empresas (53%) son pymes, y un tercio (32%) tienen menos de diez años de antigüedad. La mayoría son empresas de reciente creación, a menudo derivadas de la investigación universitaria, que están intentando encontrar su lugar en un mercado todavía incipiente. En cuanto a la facturación, solo el 13,5% de las compañías superan el millón de euros anuales, y un escaso 2% alcanzan los 10 millones. Estas cifras sitúan el sector en una fase de consolidación, con un número reducido de empresas que han conseguido escalar y una mayoría que todavía está en fases iniciales.
El dato de exportación (21%) indica, sin embargo, que una parte de las empresas ya han empezado a mirar más allá del mercado catalán. La capacidad de atracción de financiación es uno de los indicadores más relevantes del estudio. Catalunya ha concentrado el 44% de los fondos captados a nivel estatal en proyectos con componente cuántico del programa Horizon Europe entre 2022 y el primer trimestre de 2026. Esto supone un total de 53 proyectos financiados, que han movilizado 50 millones de euros de inversión y representan el 2,7% del total de la Unión Europea. Este dato refleja el peso de las instituciones catalanas en el ecosistema cuántico europeo. La presencia de centros como el Institut de Ciències Fotòniques (ICFO), el Institut de Física d'Altes Energies (IFAE) o el Institut Català de Nanociència i Nanotecnologia, junto con el Barcelona Supercomputing Center (BSC), que acoge el primer ordenador cuántico de España, sitúa a Catalunya como uno de los polos de referencia en Europa.
La base del ecosistema
El estudio cita algunas de las empresas más destacadas del sector, como Qilimanjaro, Quside y LuxQuanta, todas ellas empresas derivadas nacidas de centros de investigación. Este es uno de los patrones de creación de empresas en el sector: la investigación básica, a menudo financiada con fondos públicos europeos o estatales, acaba generando tecnologías que se trasladan al mercado a través de la creación de nuevas compañías. El ICFO, por ejemplo, ha sido la cuna de varias de estas empresas, que han desarrollado tecnologías en computación cuántica, comunicaciones seguras y sensores cuánticos. Esta conexión entre investigación y empresa es uno de los factores que explican el crecimiento del sector en Catalunya.
El documento de ACCIÓ señala que la tecnología cuántica se está aplicando en sectores como el farmacéutico y la salud, en el desarrollo de nuevos fármacos; la industria 4.0; la movilidad y la logística; y las finanzas y seguros, en la prevención de ciberataques. También se utiliza en telecomunicaciones, ingeniería civil y el sector aeroespacial. La mayoría de estas aplicaciones todavía se encuentran en fases experimentales o de prototipo, pero algunas ya han empezado a llegar al mercado. Las empresas del sector trabajan para hacer que la tecnología cuántica sea accesible y útil para sectores que, hasta ahora, no habían tenido contacto con esta tecnología.
El estudio concluye que Catalunya es uno de los "principales polos emergentes" del sector en Europa. Esta afirmación se fundamenta en la cifra de empresas, la capacidad de atracción de fondos europeos y la presencia de centros de investigación de referencia. Catalunya compite con ecosistemas como los del Reino Unido, Alemania o los Países Bajos, que tradicionalmente han estado al frente de la investigación en tecnologías cuánticas. El reto, ahora, es convertir este potencial en un tejido empresarial consolidado. La mayoría de empresas del sector todavía son pequeñas y dependen de la financiación pública o de rondas de inversión privada. Su supervivencia a largo plazo dependerá de su capacidad para generar ingresos recurrentes y escalar sus operaciones.
