La fábrica que da empleo a más trabajadores de Catalunya, la de Seat y Cupra en Martorell, vuelve a mirar de reojo hacia Alemania. La grave crisis que atraviesa el grupo Volkswagen, propietario de las marcas catalanas y sus instalaciones, que prevé despedir a 100.000 trabajadores hasta 2030, inquieta a la plantilla del Baix Llobregat, a pesar de que hace muy poco se les garantizó los puestos de trabajo y no tienen información de este nuevo plan.
Este viernes se filtró que VW duplicará sus planes iniciales de recortes de personal, de poco más de 50.000, mayoritariamente en Alemania, a 100.000, con afectación potencial en todo el mundo. Además, cerrará cuatro fábricas, todas en Alemania.
La causa es la competencia cada vez más feroz de marcas chinas, que ya no llegan a Europa solo con precios más bajos, sino con modelos, especialmente eléctricos, muy competitivos también en tecnología, con buenas cifras de autonomía y diseños atractivos. Las marcas chinas están perdiendo el estigma y son las que más crecen.
Lo que todavía no se ha filtrado es cómo se repartirá el sacrificio, más allá de las fábricas que dejarán de producir. Ni los delegados sindicales ni las filiales, como Seat-Cupra, lo saben todavía porque se comunicará en el consejo de supervisión del grupo, que se celebrará el 9 de julio.
Inicialmente, cuando se anunció el plan para 50.000, se aseguró que la gran mayoría del impacto sería en Alemania, pero ahora, Volkswagen ha lanzado una nueva advertencia: “Todo el grupo debe transformarse profundamente y ser significativamente más competitivo”, defendió este viernes un portavoz de VW, a pesar de que evitó confirmar la cifra de los 100.000 despidos.
Mientras tanto, la plantilla de Martorell espera con cierto desasosiego. No tiene motivos para pensar que será una de las grandes perjudicadas, pero tampoco puede dar por hecho que no recibirá ningún impacto. Fuentes sindicales explican que no pueden estar tranquilos viendo la situación global del grupo.
Además, creen que sería “ingenuo” pensar que Volkswagen, que es un grupo alemán, hará todo el sacrificio en su casa, cosa que puede tener no solo un coste muy alto en el ámbito social, sino también reputacional, en un momento, además, en que la industria alemana sufre su crisis particular por los precios de la energía y la falta de competitividad.
Estos son los argumentos para la desazón, pero también los tienen para la tranquilidad. En marzo, después de que el grupo VW anunciara los planes para prescindir de 50.000 empleados, el presidente de Seat, Markus Haupt, aseguró que la empresa catalana no tenía previsto hacer "ningún tipo de reducción de plantilla en los próximos años". Para mejorar las cifras, añadió, controlarán otros tipos de costes y reducirán inversiones.
Otro motivo para mantener la calma es que este próximo 1 de julio se incorporarán a la plantilla de Seat 450 empleados procedentes de ETT. A principios de mayo, la dirección y el comité de empresa pactaron que Seat contratará a estos trabajadores, que ya están realizando las tareas en la fábrica a través de empresas de trabajo temporal.
Las últimas bajas
La compañía inició en 2012 su último plan de bajas, que llegaba hasta este 2026 y que preveía la salida voluntaria de más de 1.300 trabajadores, por lo que los sindicatos consideran que ya hicieron sacrificios.
Los resultados de Seat tampoco dan un mensaje claro. En los últimos años han mejorado sensiblemente, gracias sobre todo al éxito de Cupra, pero en 2025, a pesar de seguir subiendo la facturación –hasta los 15.300 millones, un 5,1% más– tuvo unas pérdidas de explotación de 93 millones a causa de los aranceles al Cupra Tavascan, debido a que se fabrica en China, y por los costes del proceso de electrificación. En el primer trimestre de este año, la dinámica se ha invertido, con un retorno a los beneficios, hasta los 43 millones, pero un descenso del 5,6% de la facturación.