El conflicto corporativo por la adquisición del legendario estudio Warner Bros ha entrado en una fase de confrontación judicial sin precedentes, exponiendo las profundas fracturas y las estrategias divergentes que definen la actual batalla por el poder dentro de la industria del entretenimiento. Paramount, encabezada por el emprendedor tecnológico David Ellison, ha decidido llevar su pugna directamente a los tribunales.

La demanda presentada ante un Tribunal de Delaware
(Estados Unidos) no es solo un reclamo legal, sino una jugada estratégica para desvelar los términos que Warner Bros ha mantenido bajo un sello de confidencialidad en su acuerdo con Netflix. La reivindicación central es contundente: los accionistas de Warner están tomando una decisión histórica con información incompleta.

Esta maniobra representa el último esfuerzo en una campaña persistente por parte de Paramount. A pesar de haber visto cómo su monumental oferta de 30 dólares por acción en efectivo, una operación valorada en unos 108.400 millones de dólares, ha sido rechazada en dos ocasiones consecutivas por la junta directiva de Warner, la empresa no cede terreno.

El último rechazo fue especialmente significativo, ya que ignoró incluso una garantía personal de 40.000 millones de dólares ofrecida por Larry Ellison, la legendaria figura de Oracle y padre de David. La respuesta de la directiva de Warner fue clara: confía más en la estructura financiera y las garantías de la oferta de Netflix, a pesar de su menor valor nominal. Una posición que Paramount considera indefendible si se conocieran todos los detalles.

La polémica se centra en la naturaleza fragmentada y, según los demandantes, opaca del acuerdo entre Warner y Netflix. David Ellison ha expuesto su postura de manera directa en una carta a los accionistas, argumentando que las razones de Warner para rechazarlos cambian constantemente, pero que nunca podrán afirmar que la oferta de Netflix es superior financieramente. El análisis de Paramount revela una transacción mucho más compleja de lo que se presenta.

Ellison afirma que la contraprestación real por acción ofrece mucho menos de los 27,36 dólares que se publican, ya que esta cifra excluye elementos críticos. Por un lado, se omite el valor de todo el negocio de streaming de Warner que Netflix no quiere adquirir, incluyendo CNN y las plataformas de Discovery, y qué analistas externos valoran hasta en cuatro dólares por acción. Por otro lado, apunta a la falta total de claridad sobre la entidad "Global Networks", una escisión que Paramount evalúa como prácticamente sin valor y que, sostiene, reduce aún más la compensación final. Esta opacidad, según él, imposibilita cualquier comparación justa.

La batalla va más allá de las cifras; es una lucha por la narrativa y por el futuro de dos modelos empresariales. Detrás de los fríos datos financieros está la posesión de un legado cultural incomparable, un archivo que custodia desde Casablanca hasta las sagas de Harry Potter y El Señor de los Anillos. Mientras la junta de Warner parece optar por una venta más limpia y segmentada con Netflix, segregando y planeando una futura salida a bolsa de su negocio de transmisión residual, Paramount ofrece una compra total y en efectivo. Los directivos de Warner, según fuentes cercanas, no quieren convertirse en peones de una guerra entre gigantes, y perciben la oferta de Paramount como una amenaza más innovadora para su estructura e independencia operativa.

El desenlace de este enfrentamiento definirá no solo el panorama de Hollywood, sino también la distribución del poder en la era de la transmisión. La demanda judicial de Paramount busca forzar una rendición de cuentas e iluminar las sombras de un acuerdo que, según ellos, podría estar dejando miles de millones de dólares sobre la mesa para los accionistas de Warner. En este choque de titanes, donde se mezclan las fortunas familiares, las estrategias tecnológicas y el prestigio cinematográfico, la próxima resolución del tribunal de Delaware podría ser decisiva.