La empresa catalana de instalaciones de autoconsumo Solarprofit sigue en caída libre un año y medio después de declararse en preconcurso de acreedores. La Audiencia Provincial de Barcelona ha dictado sentencia firme en contra de su plan de reestructuración financiera, que había sido impugnado ante los juzgados por la banca, tal como avanzó El Economista y publicó después la empresa como notificación al BME Growth, operador de bolsa, este lunes. 

La resolución judicial no se puede recurrir, informó la empresa, que aprecia "defectos formales en la conformación de las clases de acreedores". La empresa debe presentar, "en las próximas horas", una nueva comunicación de apertura de negociaciones con sus acreedores con el fin de reestructurar los planes de la empresa y garantizar su salvación.

El plan de reestructuración ahora revocado sirvió a la empresa para presentar un resultado positivo en sus cuentas de 2024, que reflejaban unos beneficios de 29 millones de euros porque incorporaban en los ingresos financieros los 86,8 millones de euros de quita de la deuda que preveía este plan. Fue aprobado por el juez en diciembre de 2024, pero la revocación ahora obliga a cambiar la hoja de ruta. Si se restan, por tanto, estos ingresos, el resultado volvería a ser de pérdida en la revisión de las cuentas. 

La empresa de energía fotovoltaica de autoconsumo vivió un gran batacazo en 2023 después de crecer de manera exponencial en 2022, cuando la crisis energética derivada de la invasión rusa en Ucrania provocó una subida de los precios de la electricidad y una avalancha de interés en las instalaciones de autoconsumo. El declive costó el trabajo al 90% de la plantilla y dejó colgados a cientos de clientes, que se han quedado con instalaciones y servicios a medias con perjuicios que suman más de 15 millones de euros y han montado una plataforma de afectados con más de 1.000 miembros, tal como avanzó ON ECONOMIA. De estos, más de 100 han llevado a la empresa a juicio.

En medio de este estruendo, Solarprofit se alió el pasado mes de noviembre con Solar360, la empresa de fotovoltaica formada por Repsol y Telefónica, con el fin de desarrollar parte de su negocio. Esta es por ahora la única de las cartas que ha mostrado la compañía como vía para salvar su negocio, pero no ha explicado cómo se las arreglará para recuperar su actividad. 

"El plan no se encuentra firme hasta que no se resuelvan judicialmente las impugnaciones presentadas por los acreedores, principalmente las entidades bancarias", reconocía la memoria de 2024, pero las cuentas se aprobaron al considerar que hay más de un 50% de posibilidades favorables al plan de la compañía. 

El Santander, con préstamos concedidos de hasta 4,5 millones y 3,5 pendientes de retornar, es el banco con el que tiene más deuda la empresa. El ICF concedió hasta 4 millones en préstamos, que no entran en el plan de reestructuración porque se llegó a un acuerdo privado con carencia de pagos e intereses en un plazo de 6 años, sin quitas. 

Además del despido de los trabajadores y la liquidación de la deuda, la compañía explicaba que se han vendido 6 de sus activos PPA (contratos de luz a largo plazo), se han cedido los contratos de mantenimiento residencial y se han optimizado los costes operativos con una reducción del volumen y número de contratos de alquiler de naves, renting, servicios IT, entre otros. La memoria asegura que "las nuevas actividades desarrolladas dotan al grupo de un flujo de caja suficiente para atender a los costes operativos que demanda su estructura actual". 

El patrimonio neto es de 2,1 millones de euros y el fondo de maniobra consolidado fue de 5,5 millones. 

La empresa cerró el año 2023 con 29,8 millones en pérdidas, compensadas en 2024 con los beneficios atribuidos a la quita de la deuda. El año 2023 facturó 62 millones, casi 6 veces más que el año pasado, ingresos, sin embargo, insuficientes como para frenar la caída. El año 2022, el beneficio de la empresa fue de 3,2 millones de euros con una facturación récord de 100 millones en su mejor momento. La recuperación de las cuentas de esta empresa fundada en 2007 por Óscar Gómez y Roger Fernández, ahora desaparecidos de escena, es solo fruto de una estrategia financiera aún por confirmar y muy arriesgada.