Los neobancos han conseguido una amplia base de clientes en España gracias a sus aplicaciones móviles para ahorrar, invertir o hacer pagos en el extranjero. Sin embargo, el gran reto al que se enfrentan ahora es convertirse en la entidad principal de sus usuarios y ganar terreno en el sector de las empresas. Plataformas como Revolut y N26 para las operaciones cotidianas, o MyInvestor y Trade Republic para el ahorro y la inversión, han ido sumando usuarios a un ritmo exponencial, pero la mayoría de los clientes todavía las ven como una alternativa complementaria a su banco tradicional, no como el sustituto definitivo.
La estrategia para dar este salto varía según cada neobanco, pero los expertos coinciden en que la clave para convertirse en la entidad de referencia implica incorporar a la oferta de servicios los cobros y pagos a las administraciones públicas. Hasta que un neobanco no pueda gestionar directamente impuestos, prestaciones por desempleo o cuotas de autónomos, difícilmente podrá aspirar a centralizar toda la vida financiera de un cliente.
Colaboración con Hacienda
En el caso de Revolut, la entidad colabora con la Agencia Tributaria desde marzo de 2025 y trabaja ahora para ampliar esta integración con otros organismos públicos, incluida la Seguridad Social. Así lo ha explicado Ignacio Zunzunegui, responsable de crecimiento para el sur de Europa, América Latina y Estados Unidos.
Como no es todavía entidad colaboradora de la Tesorería General de la Seguridad Social, Revolut no puede pagar a sus clientes la prestación por desempleo, abonar pensiones o domiciliar la cuota de los trabajadores autónomos. Zunzunegui admite que estos "son casos de uso muy relevantes para cualquier cliente que quiera centralizar su vida financiera en una sola cuenta" y que incluir la Seguridad Social sigue siendo "una prioridad" para la entidad.
Para N26, la realidad es diferente. Desde septiembre de 2023 la entidad colabora con la Seguridad Social, pero todavía no ha conseguido lo mismo con la Agencia Tributaria. El director general de N26 en España, Antón Díez Tubet, confía en que lo conseguirá pronto, porque el objetivo es ser una herramienta que permita a los clientes gestionar todo su dinero, impuestos incluidos. Gracias al acuerdo con la Seguridad Social, los clientes de N26 pueden cobrar la pensión de jubilación o incapacidad, la prestación por desempleo, el Ingreso Mínimo Vital y otras prestaciones sociales.
También pueden domiciliar las cuotas de los autónomos, un servicio que Díez Tubet considera fundamental para los "miles de autónomos" que gestionan sus negocios con las cuentas N26 Business. N26 tiene previsto completar la colaboración con la Agencia Tributaria para gestionar impuestos como el pago directo y domiciliación de las liquidaciones de IRPF o IVA, recibir devoluciones fiscales y abonar tasas y tributos estatales directamente desde el móvil. Una vez alcanzado este hito, la entidad podría ofrecer un abanico de servicios muy similar al de un banco tradicional.
La burocracia administrativa ralentiza el proceso
Los neobancos, al igual que cualquier banco tradicional, están obligados a obtener autorizaciones de organismos como el Servicio Público de Empleo, la Seguridad Social o la Agencia Tributaria para poder efectuar los cobros y pagos por cuenta de los clientes. En el caso de la Agencia Tributaria, antes de solicitar formalmente la autorización, el banco debe ponerse en contacto con el Departamento de Informática Tributaria para realizar las pruebas técnicas que permitan comprobar que la entidad tiene los sistemas adaptados al reglamento general de recaudación.
Este proceso requiere tiempo y recursos, lo cual explica que todavía haya neobancos que no hayan completado todas las integraciones. Según Díez Tubet, el retraso en la incorporación de los neobancos a los pagos y cobros de organismos públicos obedece a la transición que se está produciendo en el ecosistema financiero.
Históricamente, los procesos administrativos y las normativas de las instituciones públicas se diseñaron pensando en el modelo exclusivo de la banca tradicional, con sucursales físicas heredadas que dificultan la integración con las tecnologías más modernas. Los neobancos, por su parte, han nacido sin esta carga tecnológica, pero deben demostrar que pueden cumplir los mismos estándares de seguridad y solvencia que los bancos tradicionales antes de ser autorizados a gestionar los cobros y pagos de las administraciones.
