Valencia se convierte esta noche en el escenario de uno de los momentos más importantes de la temporada de baloncesto en el Estado. El Roig Arena, uno de los recintos más nuevos de Europa e impulsado por la familia propietaria de Mercadona, acoge el primer partido de la final de la ACB entre el equipo local y el Barça, una eliminatoria que llega cargada de alicientes deportivos, pero también con un componente emocional para uno de sus principales protagonistas: Xavi Pascual. El entrenador blaugrana afronta la serie con la posibilidad de poner el punto final a su segunda etapa en el club de la mejor manera posible. El técnico dejará la entidad el próximo 30 de junio y esta final representa su última oportunidad para levantar un título con el Barça. Después de una temporada marcada por altibajos, el conjunto catalán parece haber encontrado la estabilidad y el nivel competitivo en el momento más decisivo del curso.

La trayectoria del equipo durante los últimos meses no ha estado exenta de dudas. Las irregularidades en el juego y los resultados, especialmente la eliminación de la Euroliga, alimentaron los interrogantes sobre las opciones reales de los blaugrana de llegar con garantías al tramo final de la temporada. Aun así, el equipo ha ido creciendo a medida que avanzaba la liga ACB y llega a la final con buenas sensaciones y con la convicción de que todavía está a tiempo de salvar el curso con la consecución del campeonato.

Para Pascual, la ACB tiene un valor añadido. Más allá del peso deportivo del título, la final supone el último capítulo de una etapa corta pero intensa. A finales de mayo, el técnico comunicó oficialmente su decisión de dejar el club. El movimiento puso fin a las especulaciones que habían rodeado su futuro durante buena parte de la temporada y confirmó que el proyecto blaugrana iniciará una nueva fase a partir de la temporada 2026-2027.

El próximo destino apunta hacia el Golfo Pérsico

Aunque todavía no hay ningún anuncio oficial, todo apunta a que el futuro profesional de Pascual pasará por Dubái. Diversas informaciones sitúan al técnico al frente de un proyecto con una fuerte capacidad económica, una tendencia cada vez más habitual en el mundo del deporte profesional, donde los nuevos mercados emergentes intentan atraer figuras consolidadas para acelerar su crecimiento deportivo. En este sentido, ya se ha confirmado que la final de la Euroliga del próximo año se disputará en Abu Dabi. Si se confirma este movimiento, Pascual añadirá una nueva experiencia a una carrera que, desde su salida del Palau Blaugrana en el año 2016, ha estado marcada por la presencia en algunos de los proyectos más relevantes del baloncesto europeo.

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Imagen de archivo del centro de Dubái | Freepik

Su etapa en el Panathinaikos griego fue el primer gran reto después de dejar Catalunya. Llegar a uno de los clubes con más historia del baloncesto europeo implicaba asumir una gran exigencia competitiva y convivir con una presión constante. Aquella experiencia sirvió para consolidar aún más su reputación internacional. Posteriormente, el técnico de Gavà emprendió una nueva aventura en el Zenit de San Petersburgo. El proyecto ruso le permitió continuar compitiendo al máximo nivel y mantenerse entre los entrenadores más valorados de Europa. Durante los años en Rusia, reforzó su imagen de técnico competitivo, una etiqueta que le ha acompañado a lo largo de toda su trayectoria profesional. Además, Pascual se ganó el aprecio de la afición rusa por no abandonar el club después de la prohibición a los equipos rusos de participar en competiciones europeas por las sanciones de la guerra de Ucrania.

Nunca se han hecho públicas oficialmente las condiciones económicas de sus contratos, pero dentro del ecosistema del baloncesto las cifras han circulado durante años con bastante insistencia. Según estas informaciones, Pascual habría percibido aproximadamente 1,5 millones de euros anuales durante su etapa en el Panathinaikos, entre 2016 y 2018. Posteriormente, su paso por el Zenit habría elevado aún más su retribución.

Diversas fuentes del sector han situado su salario alrededor de los dos millones de euros por temporada entre 2020 y 2025. Se trata de cantidades que reflejan el prestigio acumulado por el entrenador catalán y la consideración de que goza dentro del panorama internacional. El caso de Pascual ejemplifica una realidad cada vez más habitual entre los profesionales de primer nivel del baloncesto europeo. Los entrenadores con trayectorias consolidadas han visto aumentar notablemente su valor de mercado durante los últimos años gracias a la entrada de nuevos inversores y a la aparición de proyectos dispuestos a competir económicamente con los clubes tradicionales.

El negocio inmobiliario como complemento

Los elevados ingresos generados durante años de carrera profesional suelen ir acompañados de la búsqueda de fórmulas para gestionar y rentabilizar el patrimonio acumulado. En este sentido, Xavi Pascual también ha hecho movimientos fuera de las pistas. En agosto de 2023, Pascual constituyó, junto con su mujer, Noelia Carrasco, la sociedad Llunic Homes SL. La sede de la sociedad está ubicada en un domicilio en el litoral de Gavà, una de las zonas residenciales más exclusivas del área metropolitana de Barcelona. La creación de esta sociedad representa una incursión en el ámbito inmobiliario, un sector que a menudo se convierte en destino habitual de las inversiones de figuras vinculadas al deporte profesional.

Aunque no han trascendido más detalles sobre la actividad desarrollada por la compañía, su constitución evidencia el interés de la pareja por explorar vías empresariales paralelas a la trayectoria deportiva. La combinación entre los ingresos generados durante años en los principales banquillos europeos y la diversificación de las inversiones es una fórmula recurrente entre entrenadores y deportistas de élite. En el caso de Pascual, este movimiento coincide con una etapa de cambios importantes, tanto en el ámbito profesional como en el personal.