Meliá pondrá fin a su actividad hotelera en Cuba este viernes 24 de julio, cuando cerrará de manera definitiva sus establecimientos en la isla en la que llegó a ser la mayor cadena extranjera durante décadas. La decisión, comunicada este martes a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) por parte de la firma que dirige Gabriel Escarrer, implica el cese de su filial portuguesa Ilha Bela Gestão e Turismo y completa el proceso iniciado a comienzos de junio con la retirada inmediata de la gestión y la marca en 15 establecimientos.

Con este nuevo paso, la cadena mallorquina cierra su etapa en Cuba, un destino estratégico que había llegado a concentrar 34 hoteles y cerca de 14.000 habitaciones de Meliá. La compañía justifica el repliegue por el deterioro del entorno de negocio en Cuba, marcado por dificultades "operativas, legales, económicas y financieras" que, según explica, impiden mantener unas condiciones mínimas de estabilidad para desarrollar su actividad.

El grupo hotelero ya había anticipado en mayo su intención de reducir su exposición al país por el contexto geopolítico, social y económico, una estrategia que cristalizó el pasado 3 de junio con la cancelación de los contratos de gestión de un primer bloque de hoteles y que ahora se extiende al conjunto de sus operaciones en la isla.

Todas las marcas de Meliá dejarán de estar visibles en Cuba

La decisión implica la descontinuación del uso de todas las marcas de Meliá en Cuba, así como el cese de la actividad receptiva y de la cadena de suministro local vinculada a la operativa hotelera. No obstante, Ilha Bela continuará desarrollando los trámites necesarios para garantizar una transición ordenada, con el objetivo de minimizar el impacto del cierre sobre clientes, proveedores y colaboradores mientras culmina el proceso de salida.

El abandono definitivo de Cuba llega después de que la hotelera reconociera que su negocio en la isla había quedado "comprometido de forma significativa" durante el primer trimestre del año. En sus cuentas, Meliá atribuyó ese deterioro al endurecimiento del contexto geopolítico en la región y, en particular, a las consecuencias de la intervención de Estados Unidos a comienzos de año. La situación derivó en problemas de abastecimiento de combustible, un recrudecimiento del bloqueo comercial y la cancelación de numerosas conexiones aéreas internacionales, incluidas rutas desde Canadá, el principal mercado emisor de turistas hacia Cuba, por la falta de combustible para la aviación.

Ese escenario obligó a la compañía a reducir progresivamente su actividad hasta operar, al cierre de marzo, aproximadamente al 50% de su capacidad instalada en el país. El deterioro de los niveles de ocupación y de la actividad terminó por acelerar una decisión que el grupo venía evaluando desde hacía meses ante la dificultad de garantizar la viabilidad operativa de sus establecimientos.

En paralelo, Meliá está analizando el impacto financiero que tendrá su salida total de Cuba. En aplicación del principio de prudencia contable, la hotelera estudia una posible revisión del valor en libros de los activos vinculados a la isla, un ajuste cuyo alcance se dará a conocer junto con los resultados del primer semestre de 2026. La retirada pone fin a una de las apuestas internacionales más relevantes de la compañía y refleja el creciente peso que los riesgos geopolíticos y regulatorios están adquiriendo en las decisiones de inversión y expansión del sector turístico.