Los históricos locales de café que durante décadas han formado parte del escenario comercial de Barcelona han entrado en la recta final de su periplo empresarial. Las cafeterías Farga, un símbolo de la restauración en la capital catalana, han sido puestas oficialmente en el mercado después de que el juzgado mercantil número 8 de Barcelona haya dado luz verde al proceso de venta. La compañía, que solicitó el concurso de acreedores en los primeros meses del año, acumula compromisos financieros por valor de unos cinco millones de euros. Quien adquiera el negocio deberá hacerse cargo de una parte importante de este pasivo, especialmente de lo que afecta a la plantilla y los organismos públicos.
Según informa El Economista, los tribunales han fijado el 21 de mayo como fecha límite para recibir las propuestas de compra. Las sociedades afectadas por esta operación son Retail Farga Concept, Artepa, Confipa y Sanabril, que conforman la estructura jurídica del grupo de restauración. El negocio aún activo se reduce actualmente a dos locales emblemáticos (Diagonal y calle Beethoven) y a la línea de catering, centrada fundamentalmente en la producción de bollería dulce. El estudio jurídico Lener asesora a la compañía en todo el procedimiento.
Tensiones salariales y deudas con la administración precipitaron el concurso
La situación de crisis no ha sido repentina. Durante los últimos tiempos, la empresa ha ido arrastrando dificultades crecientes para hacer frente a los pagos corrientes. En este sentido, se habían registrado problemas recurrentes en el abono de los salarios de los trabajadores, así como en el cumplimiento de las obligaciones fiscales con las diferentes administraciones públicas. Esta situación financiera, que se fue acumulando a lo largo de varias semanas, acabó desembocando en la solicitud del concurso de acreedores que se formalizó a principios de año. El proceso de venta de la unidad productiva representa ahora la última vía para dar salida a los activos que aún quedan en pie.
Con esta operación, la saga catalana pierde el último activo bajo su control de un imperio alimentario que en el pasado llegó a tener dimensiones mucho más grandes. Entre 2017 y 2020, la familia Farga y el fondo Black Toro ostentaron conjuntamente el control del grupo heladero Lacrem. Aquella etapa llegó a su fin con la llegada de la pandemia, cuando el fondo de inversión Cheyne capitalizó la deuda de la empresa y tomó el control, dejando a los Farga con un testimonial 2,5% de las acciones.
Precisamente aquella operación de rescate de las marcas hermanas tuvo lugar hace pocos meses. En otoño de 2025, un inversor del ámbito local evitó la desaparición de Farggi 1957 y Secrets poco antes de que acabaran también en concurso. El acuerdo consistió en pactar con los acreedores un plan de reestructuración que daba salida a una deuda acumulada de quince millones de euros. A cambio, el inversor asumió el control de los dos negocios y se comprometió a mantener 200 puestos de trabajo. Ahora, con la venta de los últimos establecimientos Farga, la familia se desprende definitivamente de todo lo que fue su legado en el sector alimentario y de la restauración en Catalunya.
Orígenes del negocio
Para conocer el origen del grupo hay que ir a los años 50, cuando Jesús Farga inauguró el conocido establecimiento en el centro de la capital catalana. El punto de inflexión llegó con la venta de helados y otros elementos de pastelería congelada a otros establecimientos y restaurantes, una línea de negocio que Farga activó después de un viaje a Italia. A medida que la demanda de productos congelados iba creciendo, la pequeña empresa tuvo que dar un salto cualitativo. En el año 1982, con un volumen de negocio ya considerable, la familia decidió construir una planta en Montgat (Maresme).
Aquella infraestructura permitió aumentar la capacidad de producción y preparar el terreno para una expansión más ambiciosa. Una década más tarde, la empresa dio un paso decisivo con la puesta en marcha de una red de heladerías propias que llevaban el nombre de Farggi. Las tiendas y los puntos de venta de la marca se multiplicaron a un ritmo acelerado por toda la geografía española. Jesús Farga murió en el año 2011, y el relevo al frente del negocio recayó en sus tres hijos.
