La visita del Papa León XIV a Barcelona, prevista para los próximos 9, 10 y 11 de junio, ya está teniendo un impacto económico visible en la ciudad. El interés internacional por desplazarse a la capital catalana se ha disparado en las últimas semanas, impulsando las reservas aéreas y provocando un notable incremento en los precios de los alojamientos turísticos, aunque sin llegar a generar una ocupación hotelera extraordinaria.
Los datos de la plataforma de viajes Kiwi.com muestran que las búsquedas de vuelos hacia Barcelona para las fechas de la visita papal se han disparado desde que el Vaticano confirmó, el pasado 25 de febrero, el viaje a España. Los mayores aumentos se produjeron a comienzos de marzo —unos días después— y principios de mayo.
Para estos días, las reservas de vuelos confirmadas han aumentado un 54,8% en comparación con el mismo periodo del año anterior, mientras que el número de pasajeros ha crecido un 49,4%. El fenómeno refleja el atractivo internacional del evento religioso y su capacidad para movilizar viajeros de distintos mercados europeos.
Entre los países que registran mayores incrementos en las reservas destacan Polonia (+154%), Portugal (+110%), Ucrania (+81%) e Irlanda (+71%), mientras que Reino Unido continúa siendo el principal mercado emisor por volumen de visitantes, como en el resto del año.
Suben los precios de los hoteles, pero no están llenos
La llegada de estos viajeros también se deja sentir en el sector hotelero. Según datos de eBooking.com, el precio medio de las habitaciones disponibles en Barcelona durante los días de la visita alcanza actualmente los 300 euros por noche. La cifra supone un incremento del 23,3% respecto a la semana siguiente, cuando la tarifa media se sitúa en 230 euros.
Sin embargo, el aumento de precios no se corresponde con un salto equivalente en la ocupación. Durante los días del viaje apostólico, el 90% de las habitaciones ya están reservadas, apenas dos puntos porcentuales más que en las mismas fechas de la semana posterior. Además, el dato queda por debajo del nivel alcanzado durante la última edición del Mobile World Congress, cuando la ocupación llegó al 93%.
Esta diferencia sugiere que el principal efecto económico de la visita está siendo el incremento del gasto por visitante y la mejora de los ingresos por habitación disponible, más que una llegada masiva de turistas capaz de tensionar completamente la capacidad hotelera de la ciudad.
Los patrones de viaje también apuntan a un desplazamiento motivado específicamente por el acontecimiento religioso. Casi seis de cada diez reservas realizadas para Barcelona corresponden a viajes de ida y vuelta, con una estancia media de alrededor de cinco días, una duración suficiente para generar gasto en restauración, comercio, transporte y actividades culturales.