El grupo constructor Romero Polo, de Lleida, ha intensificado la diversificación del negocio con una nueva división inmobiliaria para entrar en el segmento de la obra residencial, sea como constructores o como promotores. Al frente de esta área está Antonio Romero, hijo del fundador José Antonio Romero Polo, quien acompaña a su hermana y consejera delegada del grupo, Patrícia Romero, en una nueva etapa de la compañía.
La constructora solo ha tocado el sector inmobiliario de manera puntual en sus 45 años de historia (se constituyó en 1984), pero ahora consideran que "es el momento". Edificación y residencial será responsabilidad de Antonio Romero, aparejador de formación, con un equipo específico de técnicos y operarios especializados en residencial. Las primeras promociones están previstas para este año, en Lleida. De momento, tienen una promoción de 8 viviendas en marcha en el centro de la ciudad.
La diversificación ha sido siempre un eje de la compañía que empezó como constructora de obra civil y que, desde el año 1995 ha ido abriendo negocios. Ahora es un grupo con 23 compañías que abarca desde la construcción de obra civil, viaria, portuaria, hidráulica e infraestructuras, edificación industrial, hasta el mantenimiento, limpieza viaria, recogida de residuos, alumbrado, estaciones de servicio y servicios energéticos, entre otros. También es accionista de la sociedad Aigües del Segarra-Garrigues, tiene un parque fotovoltaico de 1,2 MW en Borges Blanques, tiene una empresa de carburantes y estaciones de servicio.
La actividad se extiende por toda Catalunya y una parte de Aragón, y desde hace poco tiempo en Andorra, donde han entrado con la compra del 52% de Construccions Modernes, manteniendo el equipo y personal existente para "ir acompañados de accionistas andorranos para crecer conociendo el mercado".
En Madrid, si es necesario, desde cero
La consejera Patrícia Romero explica que también quieren potenciar la diversificación territorial. Hasta ahora siempre han empezado en todas partes desde cero, salvo el caso de Andorra. "Madrid es un mercado en el que queremos estar con fuerza porque hay mucha inversión pública", comenta y admite que hace un año que tienen este proyecto, "pero nunca ha acabado de cuajar", salvo algunos proyectos puntuales que han llevado a cabo desde la oficina que tienen abierta en la capital estatal. Hasta ahora, en Madrid no han encontrado ninguna oportunidad de compra que les encajara, pero siguen observando el mercado. No obstante, si es necesario, entrarán también desde cero. Inicialmente, entrarán en el mercado madrileño con obra pública, pero también con ganas de hacer construcción residencial o la división de servicios urbanos —limpieza y recogida de residuos—.
Patrícia Romero advierte que el sistema de licitación pública habría que modificarlo; los concursos van siempre a la baja con "muchas obligaciones y pocos derechos, y con unas exigencias altísimas". "Las reglas del juego deberían empezar a cambiar", remarca, porque hay proyectos que van tanto a la baja que van a pérdidas. Además, se ha registrado un incremento de los costes de entre el 40% y el 70% por la guerra de Ucrania por algunos tipos de materiales y del coste energético del gas del 300%. "Con la guerra de Irán lo volvemos a sufrir", asegura y pide una revisión de precios por parte de las administraciones.
Un conglomerado camino de los 200 millones
El conglomerado empresarial de Romero Polo factura 180 millones de euros, con un ebitda de 12 millones de euros, y prevé superar los 200 millones en 2026. La plantilla total es de 720 personas. "Ahora mismo hay mucha licitación de obra pública y es una oportunidad, pero no puedo aventurarme a dar un objetivo de facturación de cara a 2030".
Actualmente, el 60% del negocio proviene de la división de la construcción, un 20% de la conservación de infraestructuras, un 20% los servicios urbanos. Del conjunto, el cliente público —sea en construcción o servicios— representa el 70%, y los proyectos para empresa privada el 30% restante. "La nueva división de inmobiliario no restará a ninguna de estas, sino que sumará más negocio", asegura Patrícia Romero.
Siempre "hemos crecido con prudencia", nunca tensionamos el equipo porque no queremos que se ponga en riesgo la calidad y la profesionalidad. Muchos proyectos se hacen en colaboración con otras empresas, por medio de cooperación o de las UTE. Esta dimensión sitúa a la segunda liga de las constructoras catalanas, "pero sin obsesionarse por la facturación y por el crecimiento, sino tener un equipo para poder emprender los proyectos". "Vamos con prudencia", defiende Patrícia Romero.
